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Moralmente derrotados

¿A caso Loret de Mola podría ser la Carmen Aristegui del sexenio? No, por mucho que tenga razón, no podemos desligar a Loret de Mola de su cómoda posición durante los sexenios anteriores.

AMLO ha sido capaz de lapidar su capital político varias veces a lo largo de 20 años de protagonismo. Conocemos sus históricas formas de hacer política. En 2006 radicalizó su movimiento haciendo un mega plantón para exigir un recuento de votos. Desde meses antes, en marzo para ser exactos, fue dejando escapar, error tras error —aunado al miedo que sembró en millones de clasemedieros la corta pero efectiva frase “López Obrador es un peligro para México”—, una ventaja de 12 puntos que llevaba sobre Calderón. Aquella elección tuvo un final de fotografía.

Luego vino la figura de la “Presidencia Legítima” y a partir de ahí un peregrinaje que oscilaba entre tener mucha razón y caer en sus propias contradicciones. En la elección de 2012 no se pudo cambiar la tendencia generada por la desconfianza (el plantón de Reforma seguía siendo su mayor pecado), y aunque tuvo casi un millón de votos más, Peña Nieto lo superó por tres millones. Prácticamente la Presidencia de la República se le convertía en un imposible. Pero hubo una característica esencial en su figura para que, 12 años después del primer intento, conquistara la Presidencia de forma arrolladora: su jerarquía moral sobre el político tradicional. Aunque varias veces estuvo derrotado en el terreno de la popularidad y de las preferencias, jamás lo estuvo moralmente: siempre ejerció una autenticidad en sus formas y enarboló un discurso donde diagnosticaba de manera muy exacta los males de este país: corrupción, privilegios, falta de justicia social.

Ahora AMLO tiene el poder y con ello se reconfigura el personaje. El opositor, el caudillo, el que mandaba al diablo a las instituciones sufre una metamorfosis que resulta normal al ser ahora él quien tiene las riendas del país, y antes semejante político con un talante radical para hacer las cosas, requeriría un contrapeso —y por el bien de todos también— como él lo fue para la derecha que gobernó los últimos tres sexenios. Pero resulta que no hay quien pueda hacerle frente al tamaño de AMLO, en ningún terreno hay un personaje con la autenticidad para señalar una alternativa, un caso de corrupción, una posible victoria electoral… No existe ni en el terreno político, ni en el empresarial, ni en el periodístico.

¿A caso Loret de Mola podría ser la Carmen Aristegui del sexenio? No, por mucho que tenga razón en el tema Bartlett, no podemos desligar a Loret de Mola del montaje de Florences Cassez y de su cómoda posición durante los sexenios anteriores. ¿Es Claudio X. Gonzáles quien a través de Mexicanos Contra la Corrupción puede ser una voz que haga contrapeso? No, mucho menos cuando fue de los principales privilegiados de los regímenes de derecha. Ahora bien, están en su derecho de intentarlo, aunque se les crea poco.

Pero la cosa está peor en el terreno de la oposición cuando el PAN tiene que sacar a escena a Vicente Fox ¿en verdad es lo único que pueden ofrecer? El expresidente con su Centro Fox no hace más que verse todos los días en el espejo y autoengañarse, al mismo estilo que lo hizo Luis Echeverría con su Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo. Meras formas de prolongar su delirante megalomanía. Cuando Vicente Fox arremete contra la Cuarta Transformación y Felipe Calderón amenaza frente a 50 vecinos de una colonia que va a derrotar a AMLO para la renovación del congreso en el 2021, sin ningún argumento más que la palabrería y el propio cinismo de no haber hecho nada cuando estuvieron en el poder, pienso que habrá un proyecto de mayor duración de la Cuarta Transformación, por lo menos, un sexenio más.

Y sí, la derecha y sus protagonistas, tal cual lo dice AMLO con ese toque de soberbia, están moralmente derrotados, fueron arquitectos de su propio destino.

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