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“Operación San Pablo”

San Pablo, que pertenece a la delegación Epigmenio González, es un territorio indómito. No importa la hora, el peligro acecha.

“Operación San Pablo” es un código utilizado entre la gente del barrio en el que vivo. Al mencionarlo, todos sabemos qué hacer. Recolectar dinero, treparnos al automóvil y recorrer las avenidas queretanas hasta llegar al corazón de la colonia San Pablo. Normalmente son las cuatro o cinco de la mañana cuando no hay alguien para marcar y sacarnos del apuro.

Acudir es un riesgo que se asume debido a la adicción. San Pablo es una colonia surgida a finales de los ochenta, en el norte de la ciudad de Querétaro. La mayoría la ubica por el campo de béisbol, conocido actualmente como “Unidad Deportiva Ejido San Pablo”, cuya historia nos remite al 2003 durante la gubernatura de Ignacio Loyola Vera y el enfrentamiento en el que participaron 500 agentes antimotines y 100 habitantes de la colonia; quienes, en protesta, tomaron las calles para impedir que el terreno fuera utilizado para la creación de unidades habitacionales y locales comerciales.

Los altos índices de violencia la han catalogado como una de las zonas de mayor riesgo en la entidad. La prostitución acrecienta, así como asaltos y asesinatos. Acudir por algo de “mierda” es un acto irresponsable, pero la necesidad es la necesidad. No hay manera de esquivarla, sobre todo si vas con otros igual de ansiosos que tú.

“La droga es una calle de dirección única” escribió W. Burroughs, y entrar a ese lugar específico en San Pablo lo corrobora. Aunque es un recorrido laberíntico, es la misma dirección que se quiebra en calles y privadas. Llegas, estacionas y esperas. La luz de la farola es tenue. Apenas y alumbra, por lo que sólo se distinguen sombras que se desvanecen en la oscuridad. Pero sabes que el lugar no está solo; hay cerca de veinte cabrones además de compradores.

Cuando estacionas llegan dos de ellos, uno por cada lado de la ventana y te preguntan qué quieres. Siempre son dos. Sólo uno de nosotros puede bajar, ir al segundo piso de una casa a la vuelta y pedir la mercancía. Te la entregan, pagas y puedes irte, aunque la calma llega al alejarse del punto.

Puedes conocer a quien sea en San Pablo, pero en ningún momento debes confiarte. Cada tanto aparece en los periódicos algún asunto en la nota roja o se rumora lo que sucede. Mientras tanto, paseas por ahí; juntillas se asoman cada vuelta y noctámbulos vagando solitarios quizá en busca de lo mismo a lo que acabas de ir. Sales por avenida 5 de febrero y de ahí a casa.

San Pablo, que pertenece a la delegación Epigmenio González, es un territorio indómito. No importa la hora, el peligro acecha. La última ocasión que fuimos era domingo. No había nadie en el punto y varios niños nos mandaron hacia un callejón más adelante, en lo que se conoce como el “San Judas”. Acudimos a pie, ya que es inaccesible en automóvil. En esa ocasión fuimos tres. Compramos y nos pidieron quedarnos a beber con ellos.

Dos horas después terminamos en pleito y salimos de la colonia, ensangrentados y con el cristal del automóvil destrozado. San Pablo es San Pablo. Volvimos a las tres semanas. Sabemos de qué va esto, pero la necesidad de seguir enganchado hace que no importe. Ya estamos acostumbrados a vivir en riesgo, desde que salimos de casa.

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