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Política pública y academia

En los años recientes (aunque el arco temporal puede ser un poco más amplio que “recientemente”, porque en realidad son acaso un par de décadas o más), los centros de investigación han incorporado cada vez más en los programas de estudio, materias prácticas o aplicadas. Será un poco para atender a una demanda fantasiosa u ofrecer herramientas para el mundo real, otra entelequia.

Ya lo he tratado en este y otros espacios. Es la idea de la formación de cuadros para los gobiernos. No necesariamente me gusta, pero tampoco es una tragedia. En todo caso, lo trágico está en otra parte.

Que la academia o, mejor dicho, las instituciones académicas quieran (y deban) participar en la conformación del sentido común, en el intercambio de ideas y hasta la instrumentación de política pública, no está del todo mal. Habrá problemas teóricos: qué es y para qué sirve el Estado, cómo debe diseñarse un plan determinado. Y los supuestos para ese diseño o instrumentación. Y problemas empíricos: no son tuercas y tornillos.

El problema es qué academia llega y cómo llega. O, para rendir un homenaje a Javier Marías y el portento que es Mañana en la batalla piensa en mí: lo que no llega.

Tengo un especial agradecimiento con Fernando Escalante Gonzalbo. No sólo por su generosidad y consejos para la elaboración de mis tesis de posgrado, sino por un texto: El crimen como realidad y representación.

Las premisas son varias, pero el punto central es que nuestra idea sobre qué es el crimen organizado, se construye a partir de equívocos, declaraciones que adquieren validez, fantasías varias, necesidades políticas y, claro, la relación —asimétrica, por si hiciera falta decirlo— con los Estados Unidos.

Leo la carta (o lo que sea) de la Comisión Nacional de Derechos Humanos para justificar que no presentará recurso alguno contra la militarización de la Guardia Nacional, o la declaración del presidente sobre el discurso de paz (jijo) de las Fuerzas Armadas el 16 de septiembre. Intuyo que no conocen el texto de Escalante. Ni ese, ni el publicado en Nexos (ese monstruo propagador de ideas neoliberales): La muerte tiene permiso.

Pero me pregunto: ¿A partir de qué trabajan? ¿Cómo diseñan sus estrategias? ¿De dónde y por qué concluyen que esa es la vía para la pacificación (perdonen las cursivas pero ya no sé bien qué quiere decir el gobierno cuando la usa, poniendo al Ejército en el centro). Nadie sabe, pero, a juzgar por los discursos, contenido de la ley y explicaciones, la fantasía que ha construido el sentido común está bien firme.

El libro en comento, seguro estará en algunas bodegas, o engalanando los libreros de los funcionarios. Las decisiones de gobierno pasan también por los libros, a veces. Pero hay mucha reticencia de este gobierno por abrirlos. Y así nos está yendo. Hay otra hipótesis, que ya trataré: a lo mejor la militarización es menos una estrategia de entrega que un pago. O, al menos, una consecuencia del poder político que han adquirido los militares. Para saber.

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