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¿Qué es “lo político”?

La política entre los griegos NO era –como la ‘theoría’– actividad exclusivamente humana (pero en su sentido contemplativo). La política era ‘exclusiva de los griegos’, es decir, de los hombres, pero –hay que entenderlo bien– de los hombres ‘libres’.

Hace años, en aquellas lecciones de filosofía en la facultad, se insistía en la noción de vida (βιος) que tenían los viejos maestros de la ‘Hélade’, entre los siglos VIII y IV a. n.

La vida se desarrollaba propiamente entre el Mediterráneo y el Mar Negro, entre Jonia, Beocia, Peloponeso y Tesalia, Asiria y Mesopotamia, Cirene, Alejandría y Menfis. De entre las actividades de la vida sobresalía la guerra como recurso para capturar vencidos y hacerlos esclavos; y éstos se dedicaban –por ser esclavos– a lo que entonces se llamaba “trabajo” (y que hoy también se puede denominar “producción”).

El esclavismo –base de la economía social de aquella época– ponderaba a la ‘theoría’ como excelsitud de vida. La ‘theoría’ era la actividad propiamente humana, según los esclavistas, desde la que se “contemplaba” el mundo, se lo conocía en profundidad y se disfrutaba sin restricciones. Los ‘ciudadanos’ (en su afán contemplativo) se dedicaban, pues, a los placeres de la vida, al acervo de conocimientos, a ejercicios gimnásticos, a la cacería y la guerra y, en fin, a actividades propias sólo de hombres libres.

Los esclavos, en cambio, en algunas regiones se dedicaban a la agricultura (en otros lugares de Grecia, ésta era actividad sólo para hombres libres) y a diferentes actividades artesanales y técnicas; su actividad propia era la ‘póiesis’ (que significa “producción”, lo que quiere decir que lo que hoy se llama “trabajo” o transformación de la materia o producción era propio de esclavos).

Ambas, ‘theoría’ y ‘póiesis’ (en su forma de trabajo productivo: fábricas, talleres, empleos temporales, etc.) se fomentan hoy todavía, pero ya no en las formas ni con el sentido que les asignaron los griegos clásicos. Con todo, varios rasgos se mantienen en occidente –y, peor, se han exacerbado– después de 2 mil 700 años (ver, por ejemplo, ‘Mirreynato: la otra desigualdad’, de Ricardo Raphael, Editorial Planeta. Temas de hoy, México 2014).

Junto con la ‘theoría’ y la ‘póiesis’, los griegos dieron lugar a otra actividad que, igual que las dos anteriores, hoy todavía se conserva, pero tan modificada o deformada que muchos la detestan (¡más que al empleo malpagado, que ya es mucho decir!); se trata de la política.

La política entre los griegos NO era –como la ‘theoría’– actividad exclusivamente humana (pero en su sentido contemplativo), en búsqueda del conocimiento profundo y del disfrute irrestricto. Pero tampoco era, como la ‘póiesis’, propia de esclavos, de seres conquistados y obligados a producir. En contrapartida, la política era ‘exclusiva de los griegos’, es decir, de los hombres, pero –hay que entenderlo bien– de los hombres ‘libres’.

Es verdad que los griegos eran herederos de un ‘machismo’ profundo y, por eso, los ‘hombres libres’ tenían que ser varones (no mujeres), adultos (no menores), propietarios (no pobres), de sangre griega (no mezclada) y, de preferencia, sanos.

Pero la ‘política’ griega tuvo características que la convirtieron en la herencia ideal para la posteridad mundial: (1) era para todos [‘todos’ en el sentido xenófobo y machista]; reconocía lazos comunes [aunque contradictorios, pues su capacidad de inclusión implicó también que excluía a otros] y lo más relevante: ¡la autodeterminación! Nunca, como entonces, se vivió el ideal que 22 o más siglos más tarde expresaría Kant (en ‘Qué es la Ilustración’): atreverse a dirigir la propia vida, sin luces ni guías ajenas.

La política es la única actividad que permite la autodeterminación del ser humano –con el riesgo de cometer muchos errores, es verdad, pero siempre desde un ejercicio propio de la inteligencia y la voluntad–.

Es verdad que el ejercicio de la política, en su versión capitalista (de contiendas electorales y publicidad mercantil), agrede permanentemente; pero permite que el ser humano la dirija de un modo o de otro, que escriba de antemano, en ella, su propia historia.

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