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Queretaneeetos wannabe

Seguramente en algún momento de su vida han escuchado la siguiente pregunta: “¿Pero; tú eres queretano de ‘toda la vida’?”. Pregunta seriamente formulada por una persona de más de 45 años y que de alguna manera siempre encontramos el modo de restregarles en la cara que no son queretanos-queretaaaanos.

Porque los queretanos-queretanos, somos de mínimo segunda generación. Nacimos siendo hijos de queretanos nacidos aquí y crecimos en un Querétaro que la mayoría de los “queretanos” consideran que cuando llegaron era “pueblo” … del cuyo educado encanto y pulcra belleza no tienen recuerdo.

Aprendimos a patinar en la pista de patinaje del jardín Guerrero, fuimos al cine al Cinema 2000, comprábamos chocolates Constanzo y gomitas de lombriz en la dulcería de Nelda Juárez enfrente del palacio de la República, recordamos Bernardo Quintana y 5 de Febrero sin puentes ni tréboles; y, por supuesto que te podemos nombrar todas las calles del centro (incluyendo los cambios de nomenclatura de oriente a poniente) – vaya, sabemos que Ángela Peralta e Hidalgo son la misma calle y te podemos decir exactamente en calle cambia de nomenclatura.

Los queretanos vivían en el Centro y sus escasos alrededores (Niños Héroes, Pathé, San Javier, Jardines de Querétaro), el Campestre, Mansiones del Valle, Alamos 1ª y párale de contar – todo lo demás era wannabe. Y no necesariamente porque la gente que viviera en las demás colonias no fueran queretanos; sino porque eso quería decir que no eran “queretaaanos de tooooda la viiida”. Osea eran queretanos wannabe. [Y siiii, ya después todos emigramos a la Cimatario, Carretas, Jurica, Alamos 2, 3, Calesa y demás que han ido agregándose a la lista de nuestra inmensa y maravillosa ciudad].

La mayoría de estos queretanitos wannabe llegaron en primera gran oleada después del 85 y así sucesivamente hasta que a finales de los ochenta ya teníamos un París Londres (inundado de un empalagoso olor a chocolate que sigo sin poder quitarme) en plaza del Parque; a mediados de los noventa ya teníamos un McDonald’s (fue toooda una revolución en mi queridísima y amada ciudadcita) y poco después un Cinemark (las pantallas estaban arriba genteeee, arrribaaa, era todo un tema d-i-f-e-r-e-n-t-e).

Esos son mis queretanitos wannabe de hoy: El cuatito promedio de mi edad para arriba [44+ no crean que me da pena decir mi edad] que siempre dice de la (manera más dulce y atinada) “¿te acuerdas cuando llegamos a vivir aquí y era un pueblaaazo?” “no inventes no había nada qué hacer”. Mirada fija con ojos de caricatura japonesa inclinando la cabeza hacia un lado como cachorrito les contesto: “¿Si tan aburrido y ‘pueblazo’ era mi lindísima ciudadcita, porqué te mudaste para acá?”

Peeeeeero… ay, pero,  me hacen reír mucho con su queretaneidad wannabe. Cooosis, no pueden distinguir San Agustín de Catedral; no tienen idea de que el ícono queretano que es Josecho’s empezó como un bar que se llamaba Pepe’s (tristemente tampoco conocieron al Capi Peña); juran que el mayor acto de queretaneidad es llevar a sus parientes foráneos a desayunar a la Mariposa o a Nicos pero no se comen una buena bolsa de garbanza por salvar su vida.

Que obre en actas que no pertenezco al movimiento xenófobo que no quiere foranéos en Querétaro. CEROOOOOO. Al contrario (jajajajaja vivo con uno) yo los amo a todos, agradezco y disfruto todo el desarrollo y variedad de opciones cosmopolitas que han traído a mi querido “pueblo”. En la variedad hay crecimiento. Habemos varios tipos de queretanos y dentro del queretano wannabe hay muchos tipos. Los del bluff foráneo conquistador son mi primer objeto de diversión. Ya vendrán todos los demás.

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