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Saca el PVC

El gobierno de Querétaro no entiende lo que está pasando en el país, donde el ambiente de cambio hace que ya no sea fácil gobernar en medida que sigan operando con poca inteligencia.

Por muy absurdo que parezca, el color de piel sigue siendo una credencial en este país. Pancho Domínguez contaba en campaña —no sé con qué intención— que cuando era joven se subía a los camiones para robar Coca colas y cervezas para las fiestas. Primeramente, no me explicaba por qué alguien que quería ser gobernador platicara eso para ganar votos, y luego comprendí, que el candidato, hoy gobernador, veía eso como una travesura de un junior, de familia acomodada, que era consciente de que su posición nunca lo haría pisar una cárcel. El color de piel, las posiciones políticas y el dinero siguen siendo factor que determina la (in)justicia en México.

Bajo otro contexto, robar cerveza y Coca colas harían llegar a otra persona a prisión; pensemos en alguien que represente todo lo contrario a la imagen del gobernador, un joven moreno, con pelo largo, pantalones rotos, haciendo lo mismo, seguramente tendríamos un operativo policiaco y en la actualidad, la paginita en Facebook que presume el actuar de nuestras policías desde la Secretaría de Gobernación, publicaría el ejemplar comportamiento de sus elementos al detener al joven que robó. Al gobernador en su juventud, jamás le hubiera pasado algo así, privilegio de ser un whitexican.

El miércoles pasado, caminaba por el jardín Zenea cuando vi que de una patrulla se bajaron unos policías y detuvieron a una persona en situación de calle exactamente afuera de la tienda del Sol. En la parte trasera de la unidad venían más personas sentadas. La persona que detuvieron no estaba haciendo nada, de hecho el movimiento fue muy rápido, los elementos se bajaron, se dirigieron a la entrada de la tienda y ahí tomaron a la persona y listo. Solo observé el incidente, que por sí solo, consideré discriminatorio, pero a la vez, uno no sabe si la persona que detienen cometió alguna falta, estaba drogado u alcoholizado. Así que seguí mi camino por el jardín sin perder de vista a la patrulla, que dio vuelta sobre 16 de septiembre, y ahí, otra vez se bajaron dos policías y se dirigieron a un joven que caminaba por el jardín, y vi que le revisaron su mochila. Yo saqué mi teléfono, tomé fotos viendo toda la escena a escasos metros, segundos después me acerqué al joven y le pregunté por qué lo inspeccionaban. —No sé, soy ingeniero, la mujer (una oficial) me dijo “saca el PVC” —me respondió asustado. Después de ver toda la escena, considero que fue un acto discriminatorio y racista.

¿Por qué lo considero así? Porque la persona que fue molestada sin motivo era de piel morena, barba desarreglada, y vestía playera azul, chamarra y pantalones de mezclilla; y si alguien te dice para inspeccionarte, sin ningún protocolo, “saca el PVC” mientras revisa tu mochila, está ejerciendo su función guiada por prejuicios, lo que considero necesario señalar y denunciar.

Si bien el joven no fue detenido sino simplemente intimidado, creo que no es un acto menor. ¿Con que garantías caminamos en la calle sin que seamos molestados por quienes tendrían que darnos protección? ¿Bajo qué criterios deciden a quién sí y a quién no inspeccionar? ¿Acaso hay estereotipos que nuestras policías consideran peligrosos? ¿Es parte de algún protocolo preguntar en tono intimidatorio si el sujeto a quien revisan trae alguna droga entre sus pertenencias? ¿Qué nivel de profesionalismo existen en las corporaciones policiacas cuando siguen actuando como en 1968? ¿Acaso la constitución no nos garantiza el libre tránsito? ¿No es violatorio de los derechos humanos ser acosado de tal manera? El incidente me dio una perspectiva muy general de cómo estará la preparación de la policía.

El gobierno de Querétaro no entiende lo que está pasando en el país, donde el ambiente de cambio hace que ya no sea fácil gobernar en medida que sigan operando con poca inteligencia. Y en verdad, no acuso directamente a los policías, sino al sistema; los elementos de las corporaciones solo reciben órdenes de quienes tienen muy sesgada su visión, y les resulta fácil mandar a amedrentar a quien de la nada les parezca sospechoso, guiados obviamente por sus prejuicios.

Repito, el incidente no es menor, porque cuántos abusos no se darán en nombre de la sospecha. Creo que tendríamos que preocuparnos cuando las cifras en materia de seguridad no son de celebrar. Es el propio Estado quien se comporta como enemigo de sus gobernados, quien hace el ridículo con estos incidentes, quien erosiona la confianza de los ciudadanos en sus corporaciones de impartición de justicia, quien es incapaz de comprender la digitalización de la vida y que será exhibido en su torpeza, quien no termina de entender que los ciudadanos estamos en una época de empoderamiento.

Todo esto es parte de un racismo institucionalizado, que en pleno siglo XXI, sigue inmerso en las estructuras gubernamentales y que a la vez, es urgente desmantelar.

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