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Sobre el TLCAN 2.0

El nivel de exportaciones ha crecido enormemente -más de un 600 por ciento a comparación de 1994- lo cual ha incentivado a la industria nacional a producir y comerciar; 95 por ciento de las exportaciones mexicanas se ven beneficiadas por el TLCAN.

A 22 años de haber firmado el TLCAN, la ciudadanía en México no ha logrado comprender la trascendencia de un acuerdo económico de tanta envergadura.

A inicios del 2018 el Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios de la UNAM aseguró que si no se lograba firmar un acuerdo favorable con nuestros vecinos del norte la economía estaba destinada a quedarse estancada, creciendo a un ritmo máximo de un 2% en la próxima década.

Si bien la balanza comercial no ha tenido mejoras considerables a lo largo de los últimos años, el nivel de exportaciones ha crecido enormemente -más de un 600 por ciento a comparación de 1994- lo cual ha incentivado a la industria nacional a producir y comerciar; hoy cerca del 95 por ciento de las exportaciones mexicanas se ven beneficiadas por el tratado.

Las recientes elecciones de EUA y México son un ejemplo de cómo el modelo neoliberal -que venía prometiendo desde la década de los ochenta un bienestar generalizado mediante la reducción del Estado y la libertad total al mercado- ha sido severamente cuestionado mediante la renovación de las élites políticas y un nuevo modelo económico que apunta, de nueva cuenta, al proteccionismo.

Así es como una de las primeras medidas que tomó el presidente Donald Trump fue retirar a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), rompiendo el giro comercial que había intentado dar Barack Obama al ingresar a la economía asiática, una de las más dinámicas en la coyuntura actual.

La guerra comercial emprendida por Trump contra China, elevó en un 90 por ciento los aranceles a los productos chinos y éstos, como represalia, comenzó a grabar las exportaciones estadounidenses en el sector agrícola, automovilístico y en materia energética; no es una situación simple, China por sí sola es el mayor socio comercial de EUA, aún sobre el TLCAN.

En febrero del presente año, el secretario de economía, Ildefonso Guajardo, señaló que hubo molestia en Robert Lighthizer, representante comercial elegido por el Senado de EUA para la renegociación del tratado, por la cercanía entre Canadá y China y la puerta que se abrió para llevar a cabo un tratado comercial entre estos, y de paso, México.

Pero la concreción de estos acuerdos comerciales no sólo son económicos, son principalmente políticos. En mayo, ante la incertidumbre por la elección en México y el déficit democrático que ha mostrado en las últimas décadas, las mesas de negociaciones se detuvieron para saber con qué tipo de país tratarían; afortunadamente, la elección contundente en torno al proyecto obradorista logró que las mesas de negociación fueran reabiertas para finales de julio.

A partir de entonces, con la legitimidad incuestionable del nuevo gobierno y la suavidad política de la transición, el canciller Luis Videgaray, Idelfonso Guajardo y el representante del gobierno electo, Jesús Seade Kuri, lograron en un par de meses destrabar algunos puntos álgidos que parecían no tener resolución.

De entrada, las declaraciones a inicios de año por parte del primer ministro de Canadá respecto a los salarios en México habían puesto el tema sobre la mesa; “si un trabajador automotriz de Canadá y Estados Unidos puede hacer 35 dólares por hora, ¿por qué el mexicano no puede ganar 525 pesos la hora?, ellos merecen el mismo respeto que tenemos acá… no entiendo el argumento del gobierno mexicano de que de alguna manera ‘tenemos que oprimir a nuestros ciudadanos para estar mejor’, es un argumento de porquería”, en ese sentido, el nuevo tratado establece que el 70 por ciento de la producción automotriz sea elaborado en zonas de “altos salarios”, por lo que se espera, sea un parteaguas para equilibrar los salarios tan dispares que hay entre nuestro país y el del resto de Norteamérica.

Otras problemáticas importantes, como la solución de controversias (que en el actual acuerdo ocupa el Capítulo 19 y 20 que EUA pretendía eliminar) quedaron resueltas y ahora se tienen mecanismos más claros y limpios para garantizar el respeto al acuerdo. Mismo caso ocurrió con la preservación del capítulo 11 del actual tratado, que les obliga a ciertas responsabilidades a los inversionistas que inviertan en el país y con la “Cláusula sunset” que pretendía la extinción del tratado cada cinco años; la propuesta mexicana de revisión cada seis años permite que la negociación “con consecuencias” sea acordada entre dos presidentes diferentes.

El acuerdo anterior no preveía el apoyo a las PyMEs ni acuerdos específicos sobre el comercio electrónico -área de oportunidad inmensa que va en ascenso- ni tampoco se trataban temas tan trascendentes como las telecomunicaciones, por lo cual el documento  firmado –hasta el momento sólo por EUA y México- pareciera ser que tiene un cariz un tanto proteccionista del comercio y el bienestar de la zona.

No hay que adelantarse, la historia nos dará una mejor visión de los resultados del mismo pero por el momento, el país puede respirar un poco más tranquilo, ésta vez la política previno un desastre económico generalizado.

 

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