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USA-Israel: ¿el acuerdo del siglo, o “la tranza del siglo”?

“La Tranza del Siglo” lo que persigue es invadir hasta el 85 por ciento del territorio y dejar el 15 por ciento restante para que ahí se hacinen los cuatro millones de palestinos segregados.

A LAS FEMINISTAS HISTÓRICAS QUE HAN LUCHADO POR SUS DERECHOS

El 28 de enero de 2020, mientras Donald Trump, presidente de Norteamérica, era sometido al “Impeachment” por el Congreso de su país y Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, acusado por corrupción y soborno en el ejercicio de su mandato, plantearon, sin consultar a los palestinos “The deal of the century”-El acuerdo del siglo-.

Este proyecto lanzado desde la Casa Blanca, curiosamente por dos personajes cuestionados por su conducta política y con la pretensión de reelección de ambos en sus países respectivos, pretende oficializar y dar carta de ciudadanía a la ocupación del estado judío sobre los territorios palestinos, después de la guerra entre Egipto e Israel, sin respetar las fronteras de 1967.

Por ejemplo, el hecho de declarar a Jerusalén como nueva “capital israelí indivisa” dejando a los palestinos sin la posibilidad de establecer ahí, de manera compartida su capital, ante la propuesta de crear dos estados independientes y con fronteras seguras: Palestina e Israel. La capital israelí, reconocida por la mayoría de los países de la ONU, es Tel Aviv.

Sin embargo, Israel realizó “de facto” el cambio de su sede oficial a Jerusalén, violando flagrantemente las resoluciones de la ONU y originando que el día de la inauguración, en el mes de mayo de 2018, frente a la presencia norteamericana, se diera una masiva protesta de los palestinos, misma que fue reprimida como acostumbra el ejército israelí, con gases lacrimógenos, fusiles y ametralladoras, con saldo de varios muertos.

La ONU declaró como ilegal el traslado de su embajada a Jerusalén y solo fue acompañado por algunos países como Guatemala, Honduras, Paraguay y Brasil del continente latinoamericano.

Por otra parte, conviene recordar que los palestinos (los filisteos bíblicos) ya estaban asentados en esos territorios antes que Yavé mandara a Moisés a salir de la esclavitud egipcia y alcanzar la tierra prometida “que maná leche y miel”, que no era otra que Palestina. En ese sentido, están en juego los derechos históricos del pueblo palestino y la religión judaica que mueve la Gran Promesa.

Contradictoriamente, la resolución 181 de la ONU de 1947 que dividía el territorio palestino, con la finalidad de crear dos estados, uno Palestino y otro israelí, sólo se cumplió para el segundo y el primero tuvo que hacer un éxodo a Jordania, Líbano, Yemen y a otros estados árabes. Esa fue la razón de la lucha de la Organización para la Liberación Palestina (OLP) que lideraba Yasser Arafat, hasta que fue envenenado, probablemente por la mano del temible Mossad en el año 2004, en un hospital de Francia.

Históricamente se dieron nuevas resoluciones de la ONU, siempre reconociendo como territorio palestino, las fronteras existentes antes del conflicto entre Egipto y sus aliados Siria, Irak y Líbano, e Israel en 1967.

Después de la derrota árabe, Israel se despachó con la cuchara grande y, de tener el 55 por ciento de la partición forzada del suelo palestino, pasó a invadir hasta el 78 por ciento del territorio, incorporando la mayor parte de la Franja de Gaza mediterránea, una porción de Cisjordania y la mayor parte de Jerusalén Oriental.

“La Tranza del Siglo” lo que persigue es invadir hasta el 85 por ciento del territorio y dejar el 15 por ciento restante para que ahí se hacinen los cuatro millones de palestinos segregados, sin continuidad en su territorio y de paso imposibilitar la creación del estado palestino, ya reconocido por la ONU desde 2012.

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