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¿Y nosotros?, ¿qué opciones estamos impulsando en nuestros microespacios?

Recuerdo que cuando era adolescente, veía el futuro con doble ánimo: por un lado, con un poco de susto, pues por doquier la gente aseguraba que, en el año 2000, el mundo se iba a acabar. Por otro lado, lo veía con gran esperanza, gracias, entre otras cosas, a la efervescencia del pensamiento crítico latinoamericano. El mundo parecía avanzar hacia una especie de cielo marxista, hacia una sociedad sin clases, en la que se impondrían las relaciones comunitarias y todos los humanos seríamos iguales en cuanto derechos pero, a la vez, libres de ser diferentes, y gozando de una diversidad que provocaría muchas discusiones, pero sin guerras; todos nos cuidaríamos mutuamente, estaríamos conectados con la madre naturaleza y las nuevas tecnologías se harían cargo de las tareas más pesadas y degradantes, de modo que la esclavitud y los trabajos insulsos desaparecerían de la faz de la tierra.

En ese mundo ya no habría apartheid, ni muros de Berlín, ni pobres ni ricos, y reinaría el ecumenismo de todas las religiones de todos los continentes en un intenso diálogo enriquecedor. En México ya no habría PRI y reinaría la democracia directa en todos sus pueblos o barrios.

Cuando el futuro se hizo presente y llegó el 2000, me reconocí afortunada. La vida me fue ofreciendo tantas nuevas razones para el optimismo, que no tenía caso preocuparme por el amenazante apocalipsis.

Nunca imaginé que, aunque se cumplieran muchas de esas predicciones, las cosas empeorarían de tal modo, como ahora vemos. 

¿Qué le pasó a nuestro mundo que se volvió tan desconcertante?

Amigos mayores intentan ubicarme, señalando que la historia siempre ha estado plagada de guerras, de problemas sociales, de crisis ecológicas, hambrunas, pandemias y demás y que no hay modo de asegurar que “estamos peor que antes”. Sin embargo, hoy experimentamos transformaciones que no se habían dado en 500 años. Los estudiosos se señalan que estamos ante un ‘cambio de modo de producción’ tan profundo o más, como la caída del Imperio Romano. 

En otros tiempos las religiones, los proyectos políticos, las teorías filosóficas o científicas ofrecían mapas para orientar nuestros afanes y no perdernos en el camino. Hoy nos encontramos jaloneados por múltiples ruidos, que obligan a revisar conceptos fundamentales que antes nos daban certeza.

Así, por ejemplo, ¿al hablar de ´libertad’, ‘igualdad’, ‘justicia’, ‘democracia’, a qué nos referimos?, ¿qué democracia puede haber cuando constatamos que, en la era de las grandes corporaciones trasnacionales, es el mercado el que decide sobre los estados nación?, ¿de qué libertad hablamos, cuando nuestros modos de comprensión y nuestros afectos están colonizados por dicho mercado?   

En lo que toca a México, ¿qué tipo de democracia podemos esperar, cuando todos los partidos políticos parecen estarse desmoronando?; ¿cuándo presenciamos los escándalos, no sólo de los expresidentes de la República, sino también del INE, de los miembros de la SCJN, del poder legislativo, ¡del presidente nacional del PRI!…?; ¿qué podemos esperar ante la incapacidad de la oposición neoliberal, para ofrecer un proyecto de nación diferente al de la 4T?; o ¿qué opción puede ofrecer ‘Morena, la esperanza de México’, cuando abre sus puertas a ‘todo mundo’, incluidos todos esos “vivales, sin escrúpulos”, que brincan de un partido a otro, sólo para conseguir riqueza y poder?; ¿qué podemos esperar si, en lugar de resolver los problemas del pueblo, todos se la pasan en guerras intestinas, internas y externas?; ¿qué esperar del mismo pueblo, cuando, a pesar de todas las advertencias (p.e. sobre la necesidad de manifestarse contra la Ley de Aguas o el reemplacamiento), la mayoría se somete, “para no meterse en líos”?

Habría que decir que tales preguntas están mal planteadas, ya que no se trata de esperar nada de los otros. Se trata, más bien, de definir qué queremos para nosotros mismos, ¿a qué le apostamos?

Más allá de todas las arbitrariedades, contradicciones, absurdos que observamos, está claro que el régimen dominante (capitalismo) nos está llevando a la extinción de la especie humana y que la única forma de sobrevivir es cuidándonos mutuamente y cuidando a la Naturaleza.

¿Qué opciones nos permiten hacer esto, aquí y ahora?

AMLO, por ejemplo, propone impulsar una 4T (que debiera trascenderlo tanto a él, como a Morena).

Por muy defectuosa o inacabada que ésta sea, es una opción que ahora se presenta como posible, frente a los modelos de muerte que ofrece la derecha.

¿Qué opciones estamos impulsando los demás en nuestros microespacios, para liberarnos de la colonización del divino mercado y de las pugnas por el poder egoísta?

*Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA)

maric.vicencio@gmail.com

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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