Opinión

Bobbio y la democracia

Por: Rodrigo Chávez Fierro

@chavezfierro

Al hablar de democracia, el nombre de Norberto Bobbio es una referencia obligada en la materia. El pasado 9 de enero se cumplieron 10 años de la muerte de este politólogo y jurista italiano, de cuyos libros, entre los que destaca El futuro de la democracia, haremos algunos señalamientos en las presentes líneas.

Bobbio contrapone la democracia a todas las formas de gobierno autoritario y la caracteriza por ser un conjunto de reglas, primarias o fundamentales, que establecen quién está autorizado para tomar las decisiones colectivas y bajo qué procedimiento.

En este sentido, de los elementos de la definición mínima de democracia de la que habla Bobbio, podemos identificar (1) la atribución del derecho de participar directa o indirectamente en la toma de decisiones colectivas, (2) para un número muy alto de ciudadanos y (3), la necesaria existencia de reglas procesales como la de mayoría (sólo en casos extremos Bobbio habla de unanimidad); a esto, resulta indispensable que los que están llamados a decidir o los que van a elegir a los que en su defecto decidirán, tengan (4) alternativas reales y (5) estén en condiciones de seleccionar entre una u otra.

Para lograr esta condición, también resulta necesario que a aquellos que decidan (6) les sean garantizados los derechos de opinión, expresión, reunión y asociación, entre otros; es decir, los derechos con los que nace el Estado liberal.

De los elementos que constituyen la definición de Bobbio, a saber: a) poder participar en la toma de decisiones colectivas; b) que las mismas sean dirigidas a la mayoría de la población; c) que sean tomadas por la mayoría; d) contar con alternativas reales de elección; e) poder seleccionar entre dichas opciones y f) que sean garantizados un mínimo de derechos humanos a la población, podemos identificar en un grupo a los cinco primeros elementos a los que ubicaremos en el catálogo de democracia procedimental y un último elemento que constituye lo que en realidad considero es la parte esencial de la democracia como sistema de gobierno.

Francamente, en cualquier Estado, se podrían dejar de lado los primeros cinco elementos de la definición de Bobbio y consolidar el respeto de los derechos fundamentales del ser humano, lo que haría que la sociedad tenga unas mejores condiciones de vida que un Estado en el que se refuercen los primeros elementos de la definición y se deje de lado el último elemento.

Hemos sido testigos de la existencia de casos en donde democracias supuestamente “consolidadas”, como la americana, llevan a cabo violaciones flagrantes a los derechos humanos de los individuos. Recientemente lo pudimos observar con la ejecución de Edgar Tamayo en una prisión de Texas, donde no se aplicó la Convención de Viena sobre relaciones consulares para garantizarle un debido proceso legal al imputado, y qué decir de las múltiples violaciones que la misma nación comete más allá de sus fronteras justificada bajo la “guerra contra el terrorismo”.

Por otra parte, podemos encontrar Estados como Omán, en donde el Sultanato, que no es considerado como democrático bajo la égida occidental, otorga niveles de vida superiores a los de muchas de las democracia occidentales, o Cuba, cuyo sistema de salud es la envidia de muchas naciones.

¿En qué tipo de Estado prefiere usted vivir? Sartori, otro gran teórico de la democracia, se decanta por aquel donde son garantizados los derechos de la colectividad por encima de las reglas procedimentales para la elección de los gobernantes.

Mucha tinta se ha gastado y grandes recursos se han destinado a garantizar una legitimidad de los gobernantes basada en la soberanía popular y en la democracia representativa. Haríamos bien en centrar más nuestra atención en el respeto de los derechos de los individuos por encima de los requisitos procedimentales para la elección de nuestros gobernantes.

Incluso podemos reflexionar sobre el uso de mecanismos como el sorteo para la elección de los mismos y centrar en todo caso la atención en la figura de la revocación del mandato que le otorga, ese sí, un mayor poder al gobernante, al poder quitar del puesto a la persona que no cumpla a cabalidad con su mandato.

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