Opinión

Breve ficción, después del calderonismo.

Por: Daniel Muñoz Vega

Felipe Calderón 1

Felipe Calderón se despierta empapado en sudor, varias noches le ha pasado lo mismo. Su esposa, Margarita, despierta espantada al escucharlo. Calderón agitado, se talla la cara, sus ojos están llorosos. Margarita lo abraza y le pregunta – ¿Volviste a soñar lo mismo? – Sí, sí, sí, miles de muertos, yo caminaba entre ellos – contesta, agobiado por la culpa.  Felipe abre el cajón de su buró, saca un Lexotán y se lo toma. Tres cuartos de hora después, logra conciliar el sueño nuevamente.

Calderón se levanta a las nueve en punto, se prepara un café. Abre la ventana y alcanza a ver un bellísimo lago. Los días de verano en Boston amanecen  despejados.  Calderón prende la computadora, no puede dejar de estar enterado de lo que acontece en México. Abre twitter, lee y  mueve las piernas con intensidad.  Mientras divaga en internet, se encuentra con una nota en la que dice  “México, segundo productor de marihuana, heroína y opio en el mundo”. Calderón le daba un trago a su café y al leer, el caliente líquido amargo parecía que se resistía a pasar por su garganta.  Calderón, suspiró y se volvió a acordar de sus muertos.

Margarita baja bañada y arreglada, le pregunta a su marido si tiene compromiso en la universidad (Harvard). Calderón no le contesta, sólo le dice –Mira– y le enseña la nota de la computadora. –Felipe, tienes que superar ya eso, hiciste lo que pudiste–. Calderón se levanta y se dirige a sacar un vaso jaibolero. –¿Qué haces?– le pregunta ella. Calderón, con ansiedad visible en su rostro, abre el cajón de un mueble de la cocina y saca una botella de whisky, etiqueta negra. Ella lo inquiere de manera fuerte –En qué quedamos, de dónde sacaste esa botella–. Un Calderón jadeante se dirige al refrigerador para sacar hielos. Ella se pone frente a la puerta para impedir que la abra. Calderón se tira al piso, llora desconsoladamente. Margarita lo abraza –No pasa nada, aquí estoy– le dice. Calderón sólo susurra ­–ochenta mil muertos–. Desde el suelo, vuelve a ver la pantalla de su computadora Mac donde se lee “México, segundo productor de marihuana, heroína y opio en el mundo”.

Felipe Calderón 2.

Calderón abre el cajón del buró que está a lado de su cama. Saca dos aspirinas, el dolor de cabeza le resulta insoportable. Margarita no está en la cama, fue a dejar a sus hijos a la escuela, siempre sale acompañada de dos escoltas. La zona residencial donde viven es la más segura de Boston. A treinta minutos está Harvard. Son las ocho de la mañana, Calderón tiene una conferencia a las once en la universidad. Hablará sobre los retos económicos de América Latina ante el auge de China en el sistema de comercio.

Calderón prende la televisión. Se dirige al baño y ve sus ojos muy rojos. Ahí mismo prende la cafetera. Se lava lentamente los dientes ya que en cada movimiento siente que el cráneo le fuera a explotar. Abre la regadera, mientras espera a que salga el agua caliente, alcanza a escuchar desde la televisión –México, segundo productor de marihuana, heroína y opio en el mundo–. Calderón cierra la llave y sale a oír lo que están diciendo en las noticias matutinas. Según un informe de la ONU, México es el segundo productor mundial y el primero de América de amapola, según cultiva alrededor de 12 mil hectáreas de la también conocida como ‘adormidera’, precursora del opio y la heroína.
Igualmente, el informe revela que la producción potencial de heroína en México es 30 veces mayor a la de Colombia. El informe de la ONU, atribuye a la guerra contra el narcotráfico emprendida en México durante el sexenio pasado que en América Central el flujo de cocaína haya aumentado.

Calderón apaga la televisión. Mientras se baña piensa en los muertos de su guerra, y se dice a sí mismo –Así tenía que ser, no había de otra para enfrentar a los cárteles. Él se muestra indiferente, está convencido de que hizo lo correcto.

Felipe Calderón 3

Calderón llega a Harvard para dar una conferencia sobre la importancia de las economías emergentes en el mundo. El auditorio luce repleto. Hora y media hablando sobre la fortaleza de la economía mexicana. Pone como caso de éxito a Brasil y habla de las reformas que se deben hacer en México para seguir creciendo.

Un alumno le pregunta acerca de las declaraciones de Vicente Fox sobre la legalización de la marihuana. Calderón va a contestar, cuando este alumno lo interrumpe –aún no termino, además, dígame qué opina que después de 80 mil muertos generados en su sexenio por la guerra que emprendió, hoy la ONU destaca que México el segundo productor de marihuana, heroína y opio en el mundo.

Calderón contesta –en una guerra siempre va haber muertos, son daños colaterales, lo que hay que destacar, es que nunca se había puesto contra las cuerdas al narcotráfico. El alumno interrumpe –pero, según la ONU, México ya es de los principales productores de droga en el mundo–. Calderón suspira y le dice –créeme, podríamos estar mucho peor. El alumno sonríe con ironía y dice con sarcasmo –PLOP.

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