Opinión

Carta sobre la violencia a los chicos mexicanos

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

(Tras el ejemplo de Boaventura de Souza S.)

Queridos chicos y chicas de México:

Ustedes están más que enterados de la situación tan difícil que atraviesa nuestro país.

Se dan cuenta de que tenemos problemas, por lo que ven en la tele o en el ciberespacio; por las conversaciones que escuchan de sus papás, sus abuelos u otros adultos. Por doquier, ustedes oyen hablar de violencia y de gente mala que hace que desaparezcan personas, que tortura y mata.

No importa que a veces ni sus familiares, ni sus maestros quieran hablarles de esto, o les pidan cambiar de canal cuando en la tele aparecen escenas feas; ustedes se enteran, de todos modos, porque son inteligentes. Quizá se pregunten por qué a veces los grandes no les cuentan algunas cosas que a ustedes les intrigan. Posiblemente sea por cariño, porque intentan disimular y, así, protegerlos, para que no se asusten o tal vez también porque ellos mismos están espantados y no saben cómo reaccionar.

Sólo que el malestar en estos días ha crecido tanto, que ya no podemos callar. Cuando algo nos duele, se lo decimos a alguien más, para que nos ayude. Si no lo hacemos, podemos enfermar. Platicar alivia y nos hace sentir unidos. Por eso es importante conversar sobre lo que nos inquieta, lo más que podamos, con aquellos en quienes confiemos.

Lo que pasa ahora en México se parece a esos juegos de guerra (entre humanos y extraterrestres o vampiros, o entre policías y delincuentes) con los que los chavos se divierten en “las maquinitas” o en la red, donde aparecen bombas que explotan; se oyen muchos disparos, salen muchos muertos y se ve mucha sangre.

Sólo que lo que pasa fuera de las pantallas no es un juego, es muy real. Mucha gente está siendo lastimada y se muere de verdad, y sus familias y amigos están sufriendo mucho.

Todo esto nos inquieta, porque la violencia es un gran problema. Brota con frecuencia, cuando algo se descompone en nuestra forma de relacionarnos con los demás; cuando nos distanciamos y dejamos de vernos como iguales; cuando nos tratamos como si fuésemos cosas que no importa romper, o enemigos a quienes se vale eliminar.

En esos cuentos de hadas que a veces narran los papás o los abuelos o salen en la tele, es fácil reconocer a “los buenos” y a “los malos”; también es fácil, en la clase de Historia, cuando los “héroes” y los “villanos” se ven de lejos. Pero saber quién es quién en la vida real, aquí y ahora, ya no es tan fácil. Por eso mucha gente discute, protesta y culpa a los otros del mal reinante.

Por eso hay que aprender a reconocer distintas formas de violencia, para no confundirnos; para cuidarnos unos a otros y para evitar que nosotros mismos quedemos allí atrapados:

La VIOLENCIA ABUSIVA la practican, desde hace cientos de años, los poderosos y megaricos (sus ejércitos y policías), que se creen superiores a los demás, que arrebatan a la gente lo que tiene, la estafan, humillan, atemorizan y esclavizan. Su aliada es la VIOLENCIA TRAMPOSA de la tele, que se muestra “linda y divertida”, pero que hipnotiza, nos engorda y nos hace desconfiar unos de otros.

La VIOLENCIA VENGATIVA la ejercen aquellos que se sienten afectados por los abusivos y creen que “se vale” devolverles la misma agresión que sufrieron de ellos: “Si me picas los ojos, yo te los pico a ti; si me rompes la nariz, te la rompo igual”…

También encontramos la VIOLENCIA CAPRICHOSA O BERRINCHUDA de quienes no saben aguantar sus corajes ni sus miedos y que aprovechan las revueltas para desfogarse, romper vidrios o quemar camiones y, así, sentir descargas de adrenalina.

Pero en la historia de la humanidad también ha existido una VIOLENCIA LIBERADORA que viene del pueblo valiente, cuando se cansa de ser sometido y defiende su dignidad y la de los suyos; cuando no se deja violar ni sojuzgar ni encadenar por los poderosos. Esa violencia liberadora provocó la Revolución francesa contra la monarquía tirana, en 1789; salvó a los mexicanos de la abusiva Colonia española, en 1810; y también impulsó la Revolución mexicana (que conmemoramos la semana pasada) contra la dictadura de Díaz y de los ricachones nacionales y extranjeros.

La violencia abusiva/tramposa/caprichosa no es cosa del pasado. También hoy muchos sufren su terror y sus hechizos, y es importante ponerse abusados para no dejarse confundir.

Para librarnos de esas violencias, la mayoría anda buscando ahora una liberación sin sangre, pacífica, mediante manifestaciones o marchas, de ciudad en ciudad, para hablar del tema, encontrar consuelo y aliarse con otros.

Frente a todo esto, nos toca pensar qué hacer para cuidarnos, acompañarnos, apapacharnos, darnos valor y no sentirnos derrotados cuando las cosas van mal; qué hacer para fortalecernos como pueblo y construir juntos un mundo mejor, en el que todos quepamos y vivamos bien.

Ustedes, chicos, con sus bríos, nos animan a los mayores para impulsar la construcción de ese nuevo mundo mejor. Gracias por eso.

Les mando un abrazo.

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