Opinión

Charlie Hebdo y los límites no legales de la libertad de expresión

Perspectiva 2015

Por: Sergio Centeno García

El atentado asesino contra el semanario francés Charlie Hebdo llevado a cabo el 7 de enero de 2015, en París, que cobró la vida de 12 personas, es un acontecimiento lamentable que llama mucho la atención y que es necesario reflexionar de manera crítica.

Pienso que ningún acto de violencia realizado por gente armada en contra de personas indefensas es justificable y sí muy condenable, no es justo que ninguna persona asesine a otra bajo ninguna circunstancia, excepto cuando se está en grave peligro de perder la propia vida. En este último caso, no sólo es válido agredir al que intenta asesinarnos, sino incluso obligatorio, pues es un deber natural y moral defender nuestro propio derecho a existir. Pero cuando no es así, cuando sujetos armados disparan contra personas indefensas que no agreden a nadie, a esto sólo puede llamársele asesinato vil y cobarde.

Es obvio que el atentado criminal y cobarde en contra de los periodistas del Charlie Hebdo es, al mismo tiempo, una agresión contra la libertad de expresión y como tal debe condenarse, pero también debemos analizar que desde alguna perspectiva actos como estos si bien no pueden ser justificados, sí son plenamente explicables, pues son una consecuencia lógica de hechos previos de la cual deben estar completamente conscientes quienes escriben o informan.

Por ejemplo, en septiembre de 2001, cuando supuestamente terroristas árabes secuestraron aviones comerciales norteamericanos y las hicieron chocar contra las torres del World Trade Center, en Nueva York, todo mundo se concentró en condenar los atentados, pero muy pocos analizaron las posibles causas o motivaciones que llevaron a los presuntos terroristas a realizar semejante acto de barbarie.

En efecto, pocos repararon en qué país y en represalia contra qué régimen se llevó a cabo dicha acción criminal. Estados Unidos de Norteamérica es el país que en pleno siglo XXI se atribuye a sí mismo el derecho de invadir países y asesinar a cientos de personas no importándole si son niños, mujeres o ancianos. Es mucho el daño que a nivel mundial ha hecho este régimen, demasiados muertos en diversas naciones han causado las acciones criminales de su ejército en contra de quienes simplemente no piensan como ellos. Es evidente entonces que si son cientos de miles los que han asesinado, algún día habría o habrá más de un doliente o pariente de sus innumerables víctimas que esté en toda la disposición de cobrar venganza. Es cierto que nada justifica un acto de venganza así, pero eso no lo puede entender la persona que ha visto morir a algún familiar destrozado por las bombas o misiles asesinos lanzados a kilómetros de distancia por los norteamericanos. Así, pues, actos como el acontecido el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York no tienen justificación moral, pero sí muchas explicaciones lógicas.

Decía nuestro gran Benito Juárez García: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” y es cierto, si una persona quiere vivir en paz y en armonía con los demás, es preciso que respete su forma de vida: sus creencias, su manera de concebir al mundo, su forma de expresión, su forma de vestir, de hablar, etcétera. Si no lo hace, si en lugar de ello se burla de sus creencias, se mofa de su forma de ser, no debe esperar que el otro lo respete, antes bien, si aquél a quien irrespeta es fuerte y agresivo, debe esperar un acto de reclamo de su parte, y no precisamente verbal.

Esto último es, a mi parecer, lo que ocurrió en París el 7 de enero pasado; simplemente, los editores del semanario, sus caricaturistas, elaboraron previamente caricaturas en donde se hacía mofa de Mahoma, figura que para muchos humanos en el mundo es sagrada, intocable, pues forma parte de sus creencias, y era lógico que algunos tenían que sentirse ofendidos, agraviados y, por qué no, hasta humillados por las publicaciones. Es cierto que los caricaturistas y la revista, teniendo como base la libertad de expresión, tenían derecho a publicar lo que fuera mientras no quebrantaran la ley escrita, pero ello no implica que por ser legal no ofenda las conciencias de terceros y, entonces, debían esperar una respuesta, una reacción. Por desgracia la tuvieron y fue mortal.

Es cuestión de lógica elemental, pues si usted, estimado lector, teniendo como bandera la libertad de expresión ofende a un hombre, mujer o ciudadano común pensando que porque es su derecho expresarse libremente nada le pueden hacer, está muy equivocado, porque cuando alguien se siente realmente ofendido en lo más profundo de su ser, no mide consecuencias y simplemente buscará vengar la afrenta. Por eso, que cada quien asuma las consecuencias de sus actos: Si ofende a otro, si se mofa de otro porque viste o habla de alguna manera, que no le caiga de raro que algún día éste tome medidas concretas en su contra: el que se lleva se aguanta. Pienso.

sergiocenteno05@live.com

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