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Tamaulipas: el vano intento panista por conservar el poder

En junio de este año, el pueblo de Tamaulipas decidió poner fin al gobierno panista del nefasto Francisco García Cabeza de Vaca el que hizo todo lo posible por intentar imponer, con todas las marrullerías posibles, a su candidato, un tal “Truco” Verástegui.

Sin embargo, Cabeza de Vaca y los panistas fallaron en su intento ante una alta votación del pueblo tamaulipeco. El candidato de Morena, el Dr. Américo Villareal, se impuso con más de seis puntos de ventaja al candidato oficialista.

Hubo violencia durante y antes del proceso electoral. Hubo agresiones en contra de las y los candidatos de Morena, así como en contra de sus promotores del voto.

Cabeza de Vaca incluso desató una persecución en contra de presidentes municipales de Morena, con el fin de amedrentarlos. El PAN usó a la fiscalía estatal para que se girará una orden de aprehensión en contra del alcalde con licencia de Reynosa y para investigar a los presidentes municipales de Ciudad Victoria y de Nuevo Laredo.

La persecución alcanzó incluso al candidato ganador en las elecciones. Tan es así que el aún senador tuvo que regresar brevemente a su escaño en el senado.

En una acción verdaderamente kafkiana, los tramposos panistas acudieron ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) con el fin anular la elección y, por lo tanto, violentar la voluntad popular de llevar a cabo un verdadero cambio de gobierno.

Este último intento fue tan burdo que el mismo Tribunal evidenció el dolo y la carencia de pruebas en las acusaciones, basadas en noticias de medios incluso apócrifos o en chismes en redes sociales. Llegaron incluso a inventarse supuestos cables de la embajada norteamericana, tratando de imponer una narrativa en la que se quería ligar al próximo gobernador con la delincuencia organizada e incluso con el narco. Para esta burda acusación usaron como caja de resonancia a algunas senadoras panistas, entre ellas la famosa Lilly Téllez, la que llegó al senado con los votos de Morena para luego traicionar al electorado de Sonora que le dio su confianza.

Lo verdaderamente increíble y deleznable es que son los que si tienen o han tenido nexos con la delincuencia organizada los que acusan a otros de lo que ellos mismos hacen. Y en esa categoría no sólo cabe el gobernador saliente, el panista Cabeza de Vaca sino también los priistas Eugenio Hernández y Tomás Yarrington.

Recordemos que Hernández se halla recluido en un penal, en el Estado de México, mientras se resuelve una solicitud de extradición por parte del gobierno de los Estados Unidos en donde es acusado por falsificación de documentos. Este exgobernador ya había sido arrestado, en 2017, acusado de peculado y lavado de dinero, mismo delito que le imputó la Corte Federal norteamericana.

Por otro lado, Yarrington fue detenido en Italia, en 2017, como producto de una ficha roja de la Interpol, luego de lo cual fue extraditado a Estados Unidos en donde enfrenta cargos por tráfico de drogas, extorsión, lavado de dinero y fraude.

Por su parte, Cabeza de Vaca aparece en 17 reportes de actividades sospechosas en Estados Unidos en las que también están implicados su esposa, su madre y sus dos hermanos (uno de ellos senador panista).

O sea que puras finísimas personas, ninguna de las cuales tiene la calidad moral como para andar acusando a otros de relaciones con la delincuencia organizada. Si se hubieran mordido la lengua, se habrían envenenado.

Así son las derechas. Apoyan la democracia sólo cuando les favorece, porque cuando pierden tratan de arrebatar el triunfo a los ganadores.

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