Jicotes

Dialogar es la salida (III)

Se ha peleado hasta con la revista ‘Proceso’ y ‘La Jornada’, medios que durante toda su carrera política le han dado una amplia cobertura.

Ningún país, léase bien, ningún país ha crecido, desarrollado ni prosperado en un ambiente de beligerancia y encono, que con especial perseverancia anima López Obrador. Nuestro Presidente se pelea con todos, si camina en el bosque le mete una vara a cuanto avispero se encuentra; si va por zona despoblada le da por patear hormigueros.

Se ha peleado hasta con la revista Proceso y La Jornada, medios que durante toda su carrera política le han dado una amplia cobertura. No se ha peleado con su sombra, porque a pesar de sus esfuerzos no la ha podido alcanzar; pero después de que advirtió sobre la posibilidad de un golpe de Estado, no deja de verla con cierta sospecha.

A este fenómeno le he llamado la ‘cainización’ del país; odio, que en nada abona a la pacificación, unidad y creación de consensos que tienen como condición una deliberación abierta, plural y democrática entre el gobierno, grupos representativos de las clases sociales y la iniciativa privada.

El gran obstáculo es que el Presidente aplica todo tipo de artimañas para bloquear el diálogo. En su larga trayectoria —como opositor— se oponía a todo; pero ahora en el gobierno, otras perspectivas que no sean las de él, simplemente las desautoriza y hasta las humilla.

Vamos por la artimaña número 4) El Google tropical. El Presidente lo sabe todo. Sabe derecho constitucional, economía nacional, finanzas internacionales, filosofía cristiana, aeropuertos, movilidad aérea, historia; aunque a veces se equivoca por millones de años. Sabe de energía, bueno, para acabar pronto, sabe hasta sobre ‘sargazo’.

Aprovecho para confesar mi ignorancia en este y en muchísimos otros temas, pero sí registré que cuando López Obrador dijo que “El sargazo no es un problema grave ni importante”, se le vinieron encima todos los hoteleros del Caribe mexicano. El problema no es que sea un sábelo todo, sino que no opina y pontifica; no juzga, sino que dicta dogmas de fe. Si alguno de sus funcionarios, —especialista en el tema en cuestión— se atreve a contradecirlo, de inmediato con una gran naturalidad o irresponsabilidad lo corrige. Obviamente el monólogo es enemigo acérrimo del diálogo.

5) Machincuepas. Me permito recordar que la palabra ‘machincuepa’ viene del náhuatl mayontzinxuepa, que significa rodar como calabaza. Durante su campaña, y ya como Presidente, López Obrador se comprometió a un aumento del crecimiento económico del 4 por ciento anual, pues “yo sí sé cómo hacerlo”. Algo le pasó que se le olvidó, pues los pronósticos más optimistas son que México se dé de santos si crece al uno por ciento; entonces vino ‘la vuelta de la calabaza’.

Ahora, el Presidente sostiene que lo importante no es el crecimiento sino el desarrollo. Si hay algo que López Obrador ha enfatizado, es que las políticas públicas no son como antes y que todo es diferente. Y sí es diferente, cuando ahora se detiene a los migrantes —política que provocó la protesta de Porfirio Muñoz Ledo—, pues rompe nuestra tradición internacional de un país respetuoso de la migración.

Ahora se da asilo a Evo Morales y el argumento es el contrario; nuestra gran tradición internacional como país de asilo. Mi contrariedad no es Evo sino la incongruencia. Mientras la gran ideóloga de la 4T sea la ‘Chimoltrufia’, que como dice una cosa, dice otra, el diálogo democrático resulta imposible.

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