Jicotes

Las giras internacionales

JICOTES

Por: Edmundo González Llaca

Por más que los voceros del Gobierno se afanan en convencernos de que las giras internacionales del gobernador Francisco Domínguez producen a Querétaro una lluvia de bendiciones, mi encuesta personal, cuyas limitaciones metodológicas son evidentes, me dice que los ciudadanos observan los viajes, incluyendo este último a Japón, indiferentes, con escepticismo o francamente con profundo malestar.

Sobre los viajes del gobernador cae la loza del juicio popular de que cuando salen los funcionarios al extranjero es turismo político, pues no son necesarios con los nuevos medios de comunicación. Aprovechan para llevar a sus cuates y cuatas y pasársela de lujo a costa de nuestro dinero. En época de austeridad estos viajes son una auténtica bofetada. La única forma para que Domínguez abone a su autoridad es que informe: ¿Por qué era indispensable que saliera? ¿Cuánto salió el viajecito? ¿A quién llevó? ¿Y los resultados?

La corrupción

Sin importar colores ni partidos políticos, se ha soltado en el país una banda de gobernadores y presidentes municipales rateros. Mientras están en el poder, los partidos políticos aprovechan para hacer negocios privados y medrar con todo tipo de privilegios. Ya de salida y después de que se descubren sus pillerías optan por marcar su raya y expulsarlos de sus filas, en un intento desesperado por reconciliarse con el electorado y tener probabilidades de que los ciudadanos les vuelvan a ratificar su confianza.

¿Qué han tenido qué hacer los gobernadores y los presidentes municipales para saquear tan impunemente su estado y municipio? No han informado a la ciudadanía, la han engañado, no han rendido cuentas; han corrompido a los órganos de control interno; han burlado a la federación; han contado con la complicidad de sus partidos políticos. La solución debe partir de que haya menos gobierno, menos partidos y más sociedad civil.

Sócrates y el presupuesto de la UAQ

Graves son los problemas presupuestales de la UAQ; recordaba una anécdota de la Grecia antigua. Un día llegó con Sócrates un campesino montando un burro y en tono autoritario le pidió que educara a su hijo que le acompañaba y que le fijara una cantidad por hacerlo. Sócrates de mala gana le dio una cifra, el campesino protestó: “Por ese dinero podría comprar un burro”. Sócrates le respondió: “Ahórrate el gasto. Así tendrás dos burros”.

El gobernador Domínguez, que parece más entusiasta como gestor de recursos que como generoso proveedor, debe tomar en cuenta no solamente la anécdota, pues los ninis no se convierten en burros, que de alguna manera sirven para algo, sino en ciudadanos ociosos, inútiles, frustrados y rabiosos contra todo. Dispuestos, a la primera oportunidad, tomar venganza contra lo que puedan. Vamos a repetir un lugar común; no puede haber mejor inversión que en la educación.

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