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LO APRECIO, LO RECONOZCO…PERO

LO APRECIO, LO RECONOZCO… PERO

El presidente electo López Obrador ha tenido a bien citarme varias veces, recuerdo que la primera de ellas fue cuando se presentó por primera vez como candidato presidencial en 2006 en un programa que conducía mi hija Patricia con Ricardo Rocha. Me ha citado varias veces en Querétaro, la última fue en un mitin en Plaza de Armas; finalmente, lo hizo hace unos días en una entrevista con el periódico Milenio. Sus referencias siempre han sido elogiosas. Nunca me ha dicho, a lo mejor lo que sí soy: amarillista, conservador ni “fifí”. Al manifestar nuestra divergencia, siempre la ha antecedido con el adjetivo “respetuosamente”. Todo esto, evidentemente, lo aprecio muy ampliamente. No está de acuerdo con la afirmación que hago en mi libro, de que lo más que se puede hacer con la corrupción es atenuarla y mantenerla a raya. Él dice que la va a acabar en su sexenio. Mi reconocimiento y respeto al presidente, pero eso es simplemente una buena intención.

LA FIL

Estoy en Guadalajara, en la Feria Internacional del Libro la FIL: Toda una experiencia social y cultural; tiene foros en los que participan autores reconocidos mundialmente; se escuchan diversos idiomas; el diálogo y la palabra se intercambia entre escritores y un público mayoritariamente compuesto por jóvenes. Recordé la actualidad de las palabras de Ortega y Gasset: “La democracia es hija del libro. Hay que aferrarse a él como a una roca de salvación. El libro es socialmente imprescindible. Las masas se abalanzan sobre los volúmenes con una urgencia respiratoria, como si fueran balones de oxígeno”. Después de recorrer la feria durante tres días compartí la vieja frase: “Todo está en los libros”.

LA CONSULTORREA

No es que esté en contra de las consultas populares; nadie con mínima convicción democrática se puede oponer a que se le pregunte a la sociedad qué desearía. El problema es cuando se hace de las consultas, ya no digamos una comedia —sería demasiado elegante—, sino un acto de circo callejero sin pies ni cabeza. Además de no hacerse conforme a la ley ni de reunir la metodología mínima, se preguntan cosas de las que ya se tomó la decisión. Se pregunta sobre el tren maya cuando ya el secretario de Turismo anuncia que las licitaciones para su construcción se iniciarán en diciembre. Se preguntan obviedades como si se quiere que se juzgue a los expresidentes corruptos. También podrían preguntar si queremos que se nos condonen las tarjetas de crédito o si se le debe cobrar las casetas de la carretera a Santa Claus cuando reparte los regalos. La legitimación de López Obrador va en picada y, lo peor, todavía ni siquiera inicia su mandato.

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