Minotauro

¿Revocación revocada?

El tan esperado ejercicio democrático de la Revocación de mandato va en camino de ser revocado antes de ser ejecutado por primera vez y, si todo sale como lo planea el Instituto Nacional Electoral (INE), tendrá que esperar a mejor ocasión… a menos que el poder judicial dictamine otra cosa.

Desde 2012 la Revocación de Mandato fue propuesta como iniciativa por el diputado queretano Jaime Cárdenas Gracia y destaca los siguientes puntos de este mecanismo jurídico- constitucional:

“Es un derecho o facultad que asiste a los electores; Tiene por objeto la destitución de un servidor público de elección popular antes que expire el período de su mandato; Requiere el acuerdo de la mayoría de los electores; Puede promoverse por diversas causas, atinentes al ejercicio de sus funciones”.

Y entre los argumentos a favor destaca que “refuerza el control popular sobre el gobierno; Permite a los votantes corregir fallas de los sistemas electorales, provocadas por errores en las papeletas de votación, fallas en los sistemas de conteo electrónico, entre otras; Reduce la alienación de los votantes; Educa al electorado; La existencia de la revocación estimula a los funcionarios públicos electos a ser más responsables con sus electores; Estimula a los votantes a jugar un rol de supervisión más activo en relación a los funcionarios electos.”

Nueve años después de la iniciativa finalmente se reglamentó y en septiembre de 2021 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Ley Federal de Revocación de Mandato.

Y de acuerdo a esta ley (artículo 36 IV inciso A), es la pérdida de confianza el punto clave por el que un presidente puede ser revocado. Sí, la pérdida de confianza es el argumento que puede ser muy ambiguo dada las implicaciones políticas que conlleva.

En el papel, la iniciativa me parece excelente pero falta afinar. Y bien dicen que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones y esta idea se ha convertido en el nuevo ring político por el que la autodenominada 4T se enfrenta con el INE.

¿Para qué querría un gobierno como el de AMLO que tiene altos índices de popularidad someterse a una revocación de mandato? Evidentemente no hay un clima de pérdida de confianza de la población en general, si no, desde Palacio Nacional no pedirían una batalla que no pudieran ganar.

Ya lo había advertido el asesor político Dick Morris en su libro El Nuevo Príncipe que, en caso de enfrentarse a una crisis, el gobernante tiene que mantener movilizadas sus bases y al votante en general. Ante los indicadores económicos que muestran una alta inflación y que la seguridad no mejora, lo que le conviene al gobierno de López Obrador es movilizar al votante a otros temas de discusión e involucrarlos en el tema de la revocación o ratificación.

Obrador sabe qué ir a este referéndum lo reforzaría y eso lo ha entendido la oposición y por eso han hecho el vacío. El problema es que quien está jugando de oposición política es quién debiera ser el árbitro electoral y usa un argumento técnico para no realizar la consulta de Revocación.

Por lo pronto, en los próximos días se verá si se alcanzaron las firmas y qué es lo que resuelve la autoridad judicial al respecto. Al ser el primer intento, todo lo que suceda marcará precedentes.

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