Punto y Seguido

Revoluciones

Con un epígrafe de Maquiavelo, la Revista de la Universidad de México, en el número dos de su nueva época, inicia un contenido al amplísimo tema de las revoluciones.

Difícil, peligroso e incierto es querer llevar a cabo introducir un nuevo orden, quien lo intenta encuentra fuertes enemigos en todos los beneficiados por el estado de cosas actual y sólo tibios defensores en los que podrían llegar a beneficiarse del nuevo. Dice, con mucho sentido común, Maquiavelo.

La variedad de textos y autores nos dan un panorama de revoluciones del pasado y del presente, no todas de carácter social o político. He entresacado algunos párrafos.

CUBA

-Así, los cubanos hemos pasado por el “Independencia o Muerte”, enarbolado por los mambises contra la Corona española en la Guerra de Independencia, el “Patria o Muerte” de los milicianos contra los invasores de playa Girón, y el “Socialismo o Muerte” que sirvió de eslogan ante la caída del muro de Berlín (un chiste popular solía rematar este último con un sarcástico “valga la redundancia”).

-Y todo ello en un momento histórico orwelliano en el que tendrá que despedir la utopía para darle la bienvenida a la distopía en la que se ha convertido el mundo. Iván de la Nuez.

“El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva máquina de matar”. ‘Che’ Guevara.

DIGITAL

-El modelo de negocios de Facebook y Google está basado en la recolección masiva de datos personales de los usuarios para presentarles publicidad teledirigida a sus temores y deseos más ocultos.

-Facebook colonizó literalmente el internet y se convirtió en la única opción accesible para millones de usuarios de teléfonos móviles al negociar acuerdos con compañías de telefonía móvil que ofrecen planes de datos baratos que incluyen únicamente Facebook y WhatsApp (que es propiedad de Facebook).

-El filósofo Jesús Martín-Barbero pregunta: “¿Para qué nos sirve hoy la cabeza?” y se responde: “Antes sirvió para memorizar. En la modernidad sirvió para ordenar. Hoy se le exige escuchar, mutar e inventar”. Mir Rodríguez Lombardo.

LAS PRIMAVERAS ARABES

-En todos estos países que vieron levantamientos sociales, los denominadores comunes eran el hartazgo hacia los sistemas autoritarios y la inmensidad de su corrupción, pero también era coincidente la nula idea de qué hacer en caso de tener éxito en las peticiones que impulsaron a salir a las calles, o cómo hacer para que las protestas cobraran un carácter político que no fuera aniquilable por el salvajismo de los regímenes. Por esta razón he insistido en llamar a las Primaveras Árabes el triunfo de la ingenuidad.

-Las Primaveras no fueron revoluciones porque no contaron con un ideario revolucionario, sólo con su espíritu. Si les queremos llamar revoluciones es porque resaltaron todos los problemas de los lugares que las vieron surgir. En las revoluciones históricas, el revolucionario no estaba necesariamente interesado en cambiar lo que funcionaba mal, sino que trataba de eliminar toda la estructura de lo que hacía mal.

-Es tan fácil decir revolución. Salir a la calle con una proclama no es ser revolucionario, es salir a la calle. Los eventos de 2010 a 2013 fueron el detonador que abrió la caja de Pandora. Ya nadie habla de ellas, ya nadie piensa en qué pudo haberse hecho de otra manera.

-El terrorismo no es otra cosa que la vía violenta y criminal de la utopía, y siempre habrá tantas utopías como entidades que construyan el hábito de identificarse con la idea de superioridad sobre los demás, capaces de buscar la anulación del otro. Maruan Soto Antaki.

LA DE OCTUBRE

-En el sentido estricto de los términos, y aunque fue el evento que definió́ el siglo XX por entero, la Revolución bolchevique de octubre de 1917 en Rusia no fue ni una revolución ni un suceso instigado puramente por el partido bolchevique. De hecho, siendo estrictamente quisquillosos, ni siquiera tuvo lugar en octubre.

-Sería Nikita Jrushiov, en 1961, quien diría que el comunismo pleno llegaría a Rusia, a la URSS, “dentro de 20 años”. Lo único que llegó en 1981 fue Ronald Reagan, quien, al patrocinar el neoliberalismo y renovar la carrera tecnológico-armamentista, hizo quebrar a una Unión Soviética que ya tenía problemas propios. Rainer Matos Franco

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