Opinión

¿Convocatoria a agravar el desorden?

Por:María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

 

Ayer llegó a mi “whatsapp” un mensaje de Denise Maerker, conocida periodista de Televisa, Radio Fórmula y El Universal, con estudios de derecho y ciencias políticas.

Cuentan que ella antes “fue de izquierda (o al menos parecía), pero poco a poco, seducida por el poder, llegó a ser lo que ahora es: una intelectual Televisa y totalmente Palacio”. A veces líderes de opinión, como ella resultan, más peligrosos que fanfarrones del tipo de Donald Trump, pues lo que dicen convence, pero encierra trampas que empeoran las cosas.

El mensaje al que me refiero, se titula: “Ni un peso más”, de su columna “Atando Cabos” (El Universal el 22 de agosto, 2015). El primer párrafo dice así:

«Ni un peso más en impuestos si no se pone un alto al despilfarro y al abuso del dinero público del que somos testigos impotentes día con día. Pagar impuestos es una obligación irrenunciable. De acuerdo. Dicho esto, no estoy dispuesta a pagar ni un peso más de impuestos, si antes no se pone un límite a la cultura del dispendio que priva entre nuestros gobernantes y funcionarios (…) Sigue un enjundioso texto de serio cuestionamiento y denuncia sobre el vergonzoso comportamiento de nuestra clase política. Denise exige transparencia, poner fin al despilfarro a la opacidad, la complicidad y los privilegios. Tal dispendio es inadmisible, cuando la mayor parte de la gente tiene dificultades para sobrevivir y padecemos tan grave crisis.

Si bien, estoy de acuerdo con casi todos sus señalamientos, en ese mensaje, considero necesario reflexionar más detenidamente, sobre su “propuesta”.

El grito: “ni un peso más, si no se cumple la condición de honradez de los funcionarios públicos”, ayuda a reflejar el enojo popular y su exigencia legítima de poner un fin a la impunidad.  Tal convocatoria podría ayudar a la transformación de la realidad, si fuese culminación de todo un movimiento popular, amplio y organizado, capaz de autonomía, como es el caso, por ejemplo de los caracoles zapatistas o de algunas comunidades rurales autónomas de Michoacán o Oaxaca.

En cambio, la convocatoria, en el contexto general de México, puede contribuir a agravar la anomia que ya padecemos. Por “anomia” me refiero a un estado de cosas, que surge cuando las reglas sociales se han degradado y ya no son respetadas por los integrantes de una comunidad. Muchos lugares en nuestro país parecen “tierra de nadie”, en donde se impone la ley del más fuerte. La convocatoria a no pagar impuestos (a los pocos que sí pagan), en el estado confuso que vivimos, puede llevar, vicariamente, a la justificación de violar cualquier otra ley, que “ni las autoridades cumplen”.

Todos pagamos IVA, y sobre todo, las clases medias, pagan muchos otros impuestos. Hay que decir sin embargo que México es uno de los países que padece mayor evasión fiscal y menor recaudación. No pagan impuestos no sólo aquellos que están viviendo en una grave situación de precariedad sino, sobre todo, los grandes consorcios trasnacionales. Padecemos una legislación del despojo, por la que resulta “legal” que los más ricos no paguen, y, en cambio, establezcan fundaciones altruistas (como Televisa, donde trabaja Denise). Desde el 2009, la revista Emeequis puso en evidencia que más de 400 empresas en México son evasoras, entre ellas: Bimbo, Cemex, Liverpool, Telmex o Femsa.

Nuestro sistema de recaudación es muy lábil y el Ogro Filantrópico (expresión de Octavio Paz para el Estado Mexicano) evita sancionar a los evasores (pudientes), como explicó una vez (en una reunión del Consejo Municipal del Medio Ambiente), un funcionario de Hacienda, cuando presumía una sofisticada herramienta, que marcaba con rojo los predios de los evasores. Ante la pregunta de por qué no se cobraba impuestos a las caballerizas del Club Campestre, la respuesta que dio fue: “porque podría generarse un fuerte conflicto social”. No pagan impuestos tampoco los hijos de los millonarios que reciben la herencia de sus padres.

La solución no consiste, pues, simplemente en que los demás dejemos de pagar. Es imperativo fortalecernos y organizarnos como ciudadanos para exigir a los congresos, en todos los foros posibles, una reforma fiscal que obligue a los que más tienen, a pagar más.

 

 

 

 

 

 

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