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Cuando hablamos de «dialogo», ¿a qué nos referimos?

Una característica del neoliberalismo es que se apropia de discursos «alternativos», surgidos en movimientos sociales de lucha por diversas causas. Cuando ese lenguaje es usado por quienes detentan el poder, se genera gran confusión, pues ya no se sabe quién es quién, ni en quién confiar, ni qué intereses se ocultan tras el interlocutor que lo emplea.

Así encontramos en los mensajes de gobernantes neoliberales, expresiones como: «respeto a la diversidad», «inclusión», «derecho», «sustentabilidad» o «diálogo», entre otras.

Esto viene al caso en el nuevo conflicto que surgió entre pobladores de Felipe Carrillo Puerto y el gobierno municipal de Querétaro, en el que la invitación al «diálogo» se hace presente.

El conflicto surgió porque el municipio se apropió de casi la mitad de su «Parque Libertad» para instalar en él una Unidad de Protección Animal UPA. (Recordemos que dicho parque resultó de 30 años de lucha, para expulsar a una enorme chatarrera industrial, que se había instalado ahí, apoyada por la negligencia o corrupción de alcaldías anteriores, a pesar de ser zona habitacional).

Sin dar importancia a la historia, el municipio de Querétaro decide construir ahí un edificio para una UPA. Lo hizo, trabajando a puerta cerrada, sin avisar ni consultar, y menos acordar con la población el cambio con respecto al proyecto original, que había sido acordado con una administración anterior: Ese espacio estaba destinado a más árboles, talleres de arte, una fuente y, lo más importante:  un auditorio para la promoción cultural y sede de la Banda Sinfónica Infantil «Vivache».

Ante las expresiones de protesta de habitantes de Carrillo: «No al despojo; detén las obras que agreden al Parque Libertad y devuelve lo que es de los carrillenses», la «pronta» respuesta del municipio se hace presente.

Amables concertadores de la Secretaría de Gobierno invitan a los inconformes al «diálogo» con diversos funcionarios municipales involucrados, para que expliquen su nuevo proyecto a los pobladores. Participan en el intercambio también: otros vecinos del barrio y voluntarias (de otras colonias) que ya trabajaban en esa unidad de protección animal (¡desde hace 4 años!, sin conocer la historia de dicho parque y que fueron conminadas por el municipio a defender “su espacio”).

En diversos intentos de establecer mesas de trabajo (en diversas reuniones), los carrillenses pusieron como condición para el diálogo, la suspensión de la obra, pues esperan que pueda reconvertirse en el auditorio esperado. Pero «ésa no es opción pues la obra no puede detenerse». Los funcionarios de gobierno, por su parte, ponen como condición que los inconformes “no se manifiesten públicamente” (sic).

El dialogo no se logra. Funcionarios y voluntarias no comprenden porqué los carrillenses se niegan a aceptar su proyecto si es de “primer mundo, además de que traerá progreso a Carrillo, y los animalitos vulnerables tienen derecho a ser bien tratados”.

Los vecinos de Carrillo no comprenden qué pueden ganar al «dialogar» con los funcionarios, cuando: 1) la obra no se detendrá; 2) lo que ofrece el municipio a cambio es sólo dar mantenimiento al parque (lo que es su obligación), y 3) su gestión está a punto de concluir. «¿Cómo creerles, si en los casi 6 años que llevan de gobierno han hecho caso omiso a las demandas de atención a los graves problemas de Carrillo y ahora, de pronto se invierten varios millones en un proyecto que viola lo que ya habían acordado con otros y con el actual alcalde?

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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