Opinión

David Bowie a veces David Jones

Catálogo Público

Por: Carlos A. García C.

@cgarca_a

 

 

 

Los cactus son los outsiders del invernadero (G.Nettel)

El lenguaje es un virus (W.Burroughs)

 

Desde la aparición de las denominadas redes sociales, el ciber-espacio se transformó en  un espacio tanatológico, donde los obituarios virtuales son una constante,  los nombres de los muertos se reproducen, se re-tuitean , se comparten en los perfiles de FB y pareciese que los muertos se nos vuelven demasiado cercanos,  el formato GIF (Graphic Interchange Format)  se vuelve como un  fantasma y por lo tanto;  nos abismamos a una época donde el ciber-espacio y las plataformas, son una especie de agencia funeraria, donde se revela que las tragedias serán cibernéticas y los duelos virtuales. La saturación de imágenes, es el imperativo categórico de nuestros días. La mirada y nuestros ojos, se encuentran fijos ante la seducción de la pantalla.

El pasado diez de enero el hijo de David Bowie (1947-2016) publicaba en la página oficial del artista, el deceso del último gran outsider del rock. Las transformaciones estilísticas que Bowie iba realizando cada disco, eran una apuesta ubicada en el planteamiento de re-inventarse y de no repetirse con respecto a lo musical y la producción escénica y sonora de sus conciertos.

Cuando Bowie le presentó su material discográfico a John Lennon, este último le respondió que era “Rock and Roll con lipstick” los demasiados periodos de transición a los que se sometía Bowie, eran un juego entre la vanguardia y el intento de escenificar el rock, más allá del canon que dictaba la industria cultural de la década de los setentas, donde las disqueras y la extinta televisión eran signos latentes del espectáculo, que deviene mafia y el entretenimiento musical una estandarización de los oídos, entre tanto Bowie resistía.  Por otro costado, al no  aceptar ninguna condecoración por parte de la monarquía inglesa,  dicha negación fue un acto de rebeldía; en palabras de Bowie “Los llamados rebeldes no son populares porque sean rebeldes, sino porque cometen errores y pasan por encima de ellos, creo que el público va a los conciertos de rock a obtener información y el artista es quien le proporciona esa información, pero tiene que ver con la supervivencia” (Bowie visto por si mismo/Jucar,1983) de esta manera Bowie vuelve a mutar y se convierte en un anti-héroe radicalmente exótico y que marcó a la generación post-punk y subsecuentes.

Uno de los aciertos de David Bowie, quizá fue que pudo dialogar con la generación que le antecedía y con las generaciones posteriores, es decir pudo implicarse hasta con sus contemporáneos (Jagger, Townsend, Pixies, Placebo, Arcade Fire) por mencionar algunas de  sus colaboraciones.

Sin duda alguna  el periodo Berlín  Low (1977) Heroes (1977)  Lodger (1979) y el affaire con el kraut-rock , sus trabajos con Brian Eno, son una parte medular dentro de la discografía ,de aquel ya lejano niño originario de Brixton , en el sur de Londres, que jugaba a la edad de ocho años con un saxofón  y aseguraba que sería “el más grande rockstar de Inglaterra”(London Boy /Brennan,1995) cabe señalar que Bowie siempre estuvo acompañado por excelentes músicos y productores pensemos en las guitarras de Carlos Alomar, Earl Slick y Reeves Gabrels o el bajo de la portentosa Gail Ann Dorsey y en los últimos trabajos en estudio realizados acompañado de Tony Visconti.

Bowie momentáneamente se bajaba del escenario para seguir alterando las gesticulaciones y modificar la representación de su propio cuerpo a partir de los textiles y sofisticación efímera, como nos recuerda W. Benjamin “Solo se obtiene una perspectiva definitiva de la moda considerando como para toda generación, la que acaba de pasar le resulta el más potente anti-afrodisiaco que se pueda concebir. En toda moda hay algo de amarga sátira sobre el amor” Bowie al parecer siempre estará de moda.

En su filmografía destaca Christiane F (1981) del director Uli Edel, dicho film es la precuela de Trainspotting de Danny Boyle, donde se muestra este escenario invadido por el tedio, donde la ciudad es un vació y solo queda la noche para sobrevivir,  y resistir con la consigna punk No future, Bowie aparece como Bowie baila, canta, gesticula; para Christiane, Bowie es su ídolo pop, como precisamente le ocurrió en la década de los ochentas.

Los noventas muestran un Bowie con exploraciones narrativas  conjugadas con la música electrónica, la incompleta trilogía sobre el detective Natan Adler donde solamente apareció el  Outside (1995),  posteriormente Earthling (1997) año del mítico concierto en el Foro Sol donde Erasure fue la banda telonera, después  Hours (1999)  mostraban un Bowie que seguía  arriesgando en lo sonoro, pero se conciliaba con su propia obra.

En el siguiente milenio aparecieron Heathen (2002) Reality (2003) y al caer en la retirada del mundo, Bowie generó un largo silencio. Una década después aparece The Next Day un disco tremendamente nostálgico,  como si fuese la culminación de la autobiografía de Bowie.

Dos días antes de su muerte apareció Blackstar, como despedida y rito fúnebre del sonido que se aleja y retorna como fragmentos de la obra musical de David Bowie.

 

 

 

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