Opinión

De gallos, gravedades y reformas

Tigres de papel

Por: José Luis Alvarez Hidalgo

“(…) Y, metidos en esto, que se privatice también a la puta que los parió a todos”.

José Saramago

Las palabras del gran escritor portugués son proféticas y redentoras en su más acabada expresión. La oleada privatizadora que padece el país gracias a la enfermiza vocación reformista del régimen que encabeza Enrique Peña Nieto es alarmante por el grado de insensatez y de entreguismo que les caracteriza. Que se privatice todo, nos dice Saramago. Y lo dice bien, y no porque el debate, siempre postergado, vaya a decidir si eso es benéfico o desastroso para el país (¡es fatal!), sino porque eso es lo que es. Es el estado de las cosas, es la condición natura (aunque en realidad es contranatura), es la naturaleza del neoliberalismo que se nos impone por todos lados y nos abruma con su estulticia y su necedad apabullante.

Tuvo que ser un artista reconocido y galardonado mundialmente quien pusiera el dedo flamígero en la llaga del poderoso: Alfonso Cuarón, el cineasta le dio Gravedad al asunto al hacer diez preguntas indolentes e insumisas a quien dice gobernar este país; no contento con ello, le escupió una enérgica exigencia de que se convoque a un gran debate nacional sobre la reforma energética y nada más oportuno ahora que por fin llegó el paquete con las leyes secundarias al Congreso de la Unión y, tal y como se esperaba, vienen a ser el último clavo en el ataúd para una reforma que representa el más grave atentado a la soberanía nacional y termina por entregar nuestros recursos energéticos al capital privado nacional y extranjero.

Celebro el cuestionamiento de Cuarón a la figura  presidencial porque él también es una figura y de talla internacional. Valerse de la fama para perturbar la paz del poderoso me parece de lo más atinado, oportuno y congruente para alguien que tiene las inquietudes políticas y democráticas como nuestro gran cineasta, ya que, mientras otros ocupan su vida en vaciedades propias del oropel del mundillo del espectáculo, Cuarón le invierte seso, tiempo y esfuerzo en molestar al preciso y colocar el tema nuevamente en la agenda nacional, al grado tal que el grupo parlamentario del PRD ya lo asumió como propio y va con todo para promover los debates que sean necesarios.

La reforma pretende aprobarse en fast track, como es usual en estos casos, debido a que el régimen le tiene pavor al debate, sabe que lo perdería irremisiblemente y no se va a arriesgar innecesariamente. Lo que sí es urgente es debatir sobre el avasallamiento y la supremacía de lo privado sobre lo público. Tampoco se ha dado ese debate y eso explicaría en buena medida los porqués de esta fiebre reformista que pretende privatizar todo aquello que tenga el menor atisbo de lo público. Tres preguntas necias: ¿Cómo explicar el desmantelamiento voraz que el Estado hace de sí mismo? ¿Cómo explicar razonablemente ese auto debilitamiento que nos condena a la dependencia y a la extinción como Estado Nación? ¿Qué hace el pueblo de México para enterarse de la gravedad de este asunto y luchar para impedirlo? (¿Quiere impedirlo? ¿Acaso le importa? ¿Qué es eso de pueblo? ¿Todavía existe como pueblo o como concepto siquiera?).

El pasado 6 y 7 de mayo me sorprendieron de forma ingrata algunos titulares de la prensa diaria local: el primero de ellos fue la nota de primera plana del periódico Noticias, en la que se reseña la conferencia que el gobernador de Querétaro, José Calzada, impartió en la Universidad del Valle de México (¿Por qué allí y no en la UAQ? ¿Será por cinco poderosas razones…?) Y que se intituló: “Cómo enfrentarán los futuros profesionistas los nuevos retos y exigencias del país” ¿Sabe usted, amable lector, cuál es la respuesta a semejante desmesura? ¡Acertó! Y así se cabecea la nota principal: “Si a reformas” (ni siquiera usaron el Sí afirmativo). El gober le entra al debate inexistente sobre les reformas estructurales sólo para validarlas sin argumentos de fondo y para unirse al corifeo neoliberal pro reformista que no piensa, pero sí levanta el dedo.

Lo más triste de todo es dar cuenta que en los días señalados, la prensa local, y el gober también, se ocuparon y se preocuparon por el destino del equipo de futbol de la entidad, los Gallos Blancos del Querétaro, y su debacle moral, financiera y futbolística. Eso es lo que somos. No somos nada.

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