Opinión

De informes…e interpelaciones

Sólo para nostálgicos…

Por: Salvador Rangel

El artículo 69 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos ordena que el presidente de la República presente el 1 de septiembre, fecha de apertura del periodo ordinario de sesiones del Congreso, un informe por escrito, en el que dé a conocer el estado de la administración pública.

Hasta aquí la obligación constitucional; sin embargo, ese día –el 1 de septiembre– se hizo costumbre dedicárselo al “señor Presidente”, incrementar su ego.

Lejanos están los días en que en la plancha del zócalo de la Ciudad de México, los burócratas tenían la obligación de asistir a hacer valla, los obreros de las centrales adheridas al partido oficial los “invitaban”, enormes mantas se colocaban en los edificios que circundan al zócalo y cada una competía en hacer loas al trabajo del Jefe del Ejecutivo, al día siguiente en las planas de los periódicos aparecían las felicitaciones de todos los “sectores vivos” del país y lo que menos decían “México tiene rumbo fijo con usted Señor Presidente”, “Un informe realista”, “Nos adherimos a su causa que es la de México”.

Pero los informes presidenciales tienen otra cara, no todos los diputados senadores e invitados especiales formaban parte de la “comisión de aplausos”.

Y fue el tercer informe, 1923, del entonces presidente Alvaro Obregón, cuando el diputado Jorge Prieto Laurens cuestionó al Presidente por imponer como Secretario de Gobernación a Plutarco Elías Calles.

En el cuarto informe de gobierno de Plutarco Elías Calles, en 1928, el diputado Aurelio Manríque, de filiación obregonista, le gritó “Farsante y mentiroso” con relación al asesinato del presidente electo Alvaro Obregón, acaecido el 17 de de julio de ese mismo año, 1928. Al día siguiente Manrique salió del país por su propia voluntad.

Y en años más recientes, en 1988 en el último informe de gobierno de Miguel de la Madrid, el senador Porfirio Muñoz Ledo trató de acercarse a la tribuna para interpelar al presidente en su discurso por el fraude electoral que llevó a la presidencia a Carlos Salinas. En el incidente no nada más hubo palabras de grueso calibre, también manatazos entre el senador Muñoz Ledo y el entonces gobernador de Aguascalientes, Miguel Angel Barberena.

En el primer informe de gobierno de Ernesto Zedillo (1995), Marco Rascón alteró el orden, previamente la dirigencia del PRD, Jesús Ortega y Carlos Navarrete, habían pactado que no habría interpelaciones. Félix Salgado Macedonio esquivó al Estado Mayor Presidencial y entregó una carta de las viudas de una masacre en Coyuca de Benítez al Presidente.

En el segundo informe de gobierno de Ernesto Zedillo (1996), el diputado del PRD, Marco Rascón se colocó debajo de la tribuna y sacó varios carteles mostrándolos para que los leyeran, además, de una mochila extrajo una máscara de cerdo y se la colocó. Los “leales” y “adherentes” al Presidente armaron trifulca y el panista Diego Fernández de Cevallos, consejero del PAN, lleno de ira sale del espacio reservado a los invitados especiales y le grita “Payaso”, sus compañeros panistas lo detienen ya que trataba de acercarse a Rascón. Todo un espectáculo de la democracia.

Y en el  desorden, el líder de los ferrocarriles, conocido por camorrista, le arranca la máscara a Rascón, y entre Irma Serrano y Salvador de la Roca logran rescatar la máscara de cerdo.

Pero ante el desorden, el Presidente Zedillo, no deja de leer su discurso, a su vez el dirigente del PAN, Felipe de Jesús Calderón, le pide a gritos al presidente de la mesa directiva, Héctor Hugo Olivares, que ponga orden.

Y en los gobiernos panistas. La docena trágica, el recinto de San Lázaro ha pasado de ser barricada militar hasta que el Presidente ni siquiera trate de acercarse porque no es bien recibido en la Cámara de diputados.

Y ahora en el Primer informe de gobierno de Enrique Peña Nieto, éste se tuvo que refugiar en la casa presidencial de Los Pinos y realizarlo en una fecha inusual, 2 de septiembre, en familia, sin riesgo de interpelaciones, máscaras de cerdo, hizo su pronunciamiento político.

Y los nostálgicos recuerdan la cantidad de aplausos al Presidente, seguramente en la vieja casona de la Cámara de diputados de Donceles y Allende, aun retumba el eco de las porras.

rangel_salvador@hotmail.com

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