Opinión

De México para el mundo

Por: Daniel Muñoz Vega

El aniversario de la Constitución mexicana congregó a toda la clase política en Querétaro. La seguridad era extrema. Días antes, las oficinas de Pemex volaron por lo que según, versiones oficiales, se debió a una acumulación de gas. Nada de atentados, falta de mantenimiento, error humano, todo menos una bomba.

 

El 6 de febrero, el discurso de nuestra clase política fue el mismo de siempre, el mismo de los aniversarios anteriores, donde se glorifica a nuestra Carta Magna en un mero acto protocolario, enalteciendo las palabras de igualdad y de justicias establecidas en nuestra Constitución.

Así es México, un país de discursos y de excelentes actos protocolarios. Ya estamos pensando en el festejo del centenario de la Constitución. La actual administración, al igual que lo hizo Felipe Calderón con el bicentenario de la Independencia, echará la casa por la ventana para la celebración. Esperemos que no exista estela de luz alguna, que no exista monumento a la corrupción y a la insensatez.

Qué bonito suena cada artículo de nuestra Constitución y que lastimosos resultan muchos actos con los que nos enfrentamos todos los días los mexicanos. La terrible corrupción haciendo metástasis en cada dependencia gubernamental, el crimen organizado descabezando personas, la opulencia de pocos y la miseria de millones, la simulada democracia. Ése es el país que tenemos a 96 años de haber firmado la Constitución Política. Eso es el México real, no aquel país de leyes del que habló Peña Nieto el pasado 6 de febrero en el Teatro de la República.

El México del 6 de febrero, en el que la clase política vino a rendir culto a un documento pisoteado en los hechos y donde se hablarían de los logros de nuestra democracia, contrastaba con el México del que se leía en el resto del mundo. Apenas dos semanas antes, México fue noticia mundial por la liberación de la francesa acusada de secuestro, caso que evidenció nuestro pésimo sistema de justicia; ahora, el lamentable caso de seis españolas violadas en el puerto de Acapulco levantaba la indignación en el mundo. Más cuando su alcalde, argumentaba que eso pasaba en cualquier parte, misma declaración de la que se tuvo que disculpar un día después.

Acapulco fue el epicentro de una de las noticias más aberrantes que pueden ser leídas. Como aquella noticia terrible del mes de julio del año pasado, cuando un grupo armado entró a un campamento y violó a un grupo de mujeres adolescentes pertenecientes al movimiento juvenil cristiano. Ahora, la noticia brincó las fronteras y el mundo se enteró de lo que pasa en México, de lo que pasa en lo que alguna vez fue un lugar paradisiaco como lo fue Acapulco y que ahora es una ciudad del crimen, secuestrada por los cárteles de la droga.

El caso de las seis españolas violadas fue noticia en todos los medios de comunicación de España. El diario El País escribe: “Un grupo de turistas, seis españolas y una mexicana, fueron atacadas en la madrugada del lunes cuando varios hombres encapuchados fuertemente armados irrumpieron en las habitaciones de su bungalow mientras dormían en la colonia Alfredo V. Bonfil, en la llamada zona Diamante de Acapulco (estado de Guerrero), al oeste de México. Las seis jóvenes españolas sufrieron abusos sexuales, según la Procuraduría (fiscalía) General de Justicia de Guerrero.”

En el mismo diario, el editorialista Ángel Antonio Herrera escribe sobre Luis Walton: “Cuando menos falta nos hace, salta un visionario de verbo corto y nos dobla la indignación de asco, o al contrario. Ahí está, de ejemplo, un tal Luis Walton Aburto, de profesión alcalde de Acapulco, que ha soltado a propósito de la violación de seis jóvenes españolas en la zona: ‘Es lamentable, pero sucede en cualquier parte’. Pues usted perdone, jefe, pero en cualquier parte no. Estos delitos no deberían ocurrir, en rigor, en ninguna parte, y no sé yo si este hablador a destiempo es cojo de sintaxis o un acostumbrado a la barbarie, que a lo mejor hasta son compatibles ambas cosas. Acapulco, y más concretamente el estado de Guerrero, donde este señor tiene batuta, es un rincón de pobreza y violencia, uno de esos paraísos de palmera donde adornan el hall de los hoteles con la advertencia inquietante: ‘Por su seguridad, mejor permanezca en el recinto’”.

 

Ahí está México construyendo su imagen mundial, mientras nuestra clase política enaltece lo que no existe: la justicia, la igualdad y el progreso. Ahí está México, dinamitando su turismo para impactar de forma terrible en la economía nacional. Ahí está México, dando muestras de lo que nos hemos convertido. Ahí está México, siendo comparado con Irak y demás países conflictivos de medio oriente. Ahí están las seis españolas, ultrajadas por nuestra barbarie interna. Aquí estuvo Cassez, considerada en el mundo, víctima de nuestro sistema de justicia. Ahí está México, siendo gobernado por los peores. Aquí estamos nosotros, rogando para que nunca nos toque ser noticia.

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