Opinión

Del naufragio a la soledad

Por: Efraín Mendoza Zaragoza

PARA DESTACAR: El cuarto informe está formado por 2 mil 400 páginas. No hace falta el pesimismo. Bastan los propios números oficiales para armar el rompecabezas del fracaso de la administración federal.

 

Tiene lugar en estos días la glosa del cuarto informe del presidente de la República. Un informe que pasó de noche, en medio del espectáculo que han protagonizado, como un mano a mano, Donald Trump, Luis Videgaray y Juan Gabriel. Los primeros dos años de la administración federal fueron la feliz embriaguez de un pacto que preparó la mesa a quienes ven al Estado como una gran máquina de transferencia de riqueza pública a manos privadas.

Después vino el naufragio que lleva ya dos años. Los dos que faltan, dice Pedro Miguel, serán para un presidente abatido “dos años de soledad que a los mexicanos nos van a parecer cien”.

Para no sentirse tan incomprendido, el presidente inauguró este tramo final con un patético montaje juvenil que abrió el 1 de septiembre con una inconcebible pregunta, con tufo de una profesión de fe. Textual: “Quiero darle las gracias, porque gracias a usted tenemos prácticamente todo… Me gustaría saber qué más buenas noticias nos tiene en mejoras para nuestro país”.

En tanto, en la sesión de apertura de la Cámara de Diputados, ninguno de los nueve posicionamientos evaluó a la administración, solo despacharon posturas dogmáticas muy penosas. El partido del presidente se dedicó a ensalzar la “audacia, valor y visión” de un presidente de quien el 64 por ciento de los mexicanos tiene hoy la peor opinión. Su aliado, el Partido Verde, suplicó: “Apoyemos a nuestro presidente porque él siempre ha buscado el bien de nuestro país”. En la oposición encontramos también expresiones insulsas y cero evaluación. Acción Nacional fue a la tribuna del Congreso de la Unión para una diatriba de campaña y para decir que “el presidente no puede” y “sólo cuenta puros cuentos”.

El cuarto informe está formado por 2 mil 400 páginas, incluye el anexo estadístico. Imposible digerirlo en unas horas, sobre todo viajando en el tren rápido de los acontecimientos. Lamentablemente ningún campo de la vida nacional escapa al desastre. No hace falta el pesimismo. Bastan los propios números oficiales para armar el rompecabezas del fracaso de la administración federal.

El Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), por ejemplo, reveló que en el último año ha crecido el número de mexicanos que han sido arrojados al trabajo informal: 312 mil más que el año anterior. De cada 100 mexicanos ocupados, casi 60 lo hacen en la economía informal, es decir, no tienen estabilidad ni contrato por tiempo indefinido. Otro dato del Inegi con noticias sobre la periferia nacional: de los más de 7 millones de mexicanos hablantes de lenguas originarias, el 70 por ciento se encuentran en situación de pobreza.

Más, para atizar el enfado de los pobres: datos de la Secretaría de Hacienda revelan que en los cuatro años que lleva el gobierno de Enrique Peña Nieto, se han destinado al pago de intereses de deuda del gobierno federal, la fabulosa cantidad de un billón 300 mil millones de pesos. A ese concepto no le han reducido ni una pluma.

Mientras tanto, tenemos que, por los recortes presupuestales de este año, el sector de recursos naturales y medio ambiente ha sufrido una disminución acumulada de la cuarta parte del presupuesto asignado originalmente.

El rompecabezas del fracaso nacional tiene otras elegantes piezas. La corrupción sigue costando al país el equivalente al 10 por ciento del producto interno bruto. Se trata de un tema para el que los gobiernos solo atinan el torvo remedio de más burocracia. Y por más anuncios solemnes que nos han recetado, las cifras oficiales son suficientemente tercas al evidenciar la eficacia del sistema financiero mexicano como tendedero para el creciente lavado de dinero proveniente de fuentes criminales. Cada año son blanqueados en nuestro sistema financiero hasta 50 mil millones de dólares ante la mirada complaciente de la PGR, de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y la Secretaría de Hacienda.

Para cerrar con broche de oro el mural del fracaso de la administración federal, habrá que recordar que en 2012 el actual presidente se comprometió a adoptar políticas orientadas a la ampliación de la cobertura universitaria hasta garantizar al final del sexenio que 45 de cada 100 jóvenes de entre 18 y 22 años puedan entrar a la universidad.

¿Se acuerda usted del clásico “te lo firmo y te lo cumplo”? Bueno, pues durante su campaña, el hoy presidente firmó ante notario público nada menos que 266 compromisos. El compromiso número 39 irá al destino de tantos otros que se añaden a la cadena crónica de incumplimientos, pues lo que las universidades están recibiendo con el proyecto de presupuesto no son precisamente buenas noticias.

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