Opinión

Día Cien

Bitácora de Viaje

 

 

(de Estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

A donde quiera que uno vaya se encuentra con el espacio y con el tiempo. Esto conforma la triada hombre-espacio-tiempo con la que se desarrolla la vida. A medida que el hombre lleva a cabo una acción sobre el espacio y deja su huella, se dibuja una ruta, que con la constancia y la predominancia se constituye en su territorio. Las acciones que se ejerzan en ese territorio irán formando una rutina que le dé seguridad en sus movimientos y el hábitat así constituido. La trascendencia de sus actos y la transformación de su naturaleza que ejerza en ese territorio en sus periodos de tiempo le otorgarán la existencia de su historia.

La cualidad gregaria del humano ha provocado que su convivencia se constituya en una progresiva red de relaciones que tiene como consecuencia la concentración de personas. La mutua dependencia de otros y la necesidad de sus productos para su existencia han dado como resultado el pueblo, la villa, el rancho, la ciudad, y ya con su resultado no esperado, la confluencia en metrópolis o megametropolis. Para el intercambio de esos productos, el comercio ha obligado a especialistas de esas poblaciones a viajes que hagan posible ese cambalache, y que a la postre han dado como resultado el comercio y el turismo. El turismo es una exploración primigenia que nos permite contrastar las costumbres, los hábitos y las maneras que tenemos de llevar a cabo en la vida cotidiana, pero a la vez destacar lo nuevo, lo que se usa y se hace en otras latitudes; o bien, para confirmar lo propio, lo aborigen.

Los asentamientos humanos han provocado la aparición de la ciudad, y con ella, la idea de lo urbano. Ambos ámbitos llenos de complejidad y densidad de actos, de múltiples relaciones que requieren de infraestructura, de elementos físicos y concretos que son, a la vez, la solución y la aparición de problemas en la convivencia. Las vialidades que permiten desplazarse para transitar son inmediatamente saturadas, mal usadas y convertidas redes que asfixian más que dar respiro, redes expresadas en cintas de asfalto con estrés y con peligros. Los parques destinados para el solaz son lugares de competencia, de segregación, de venta y consumo agitado. Los centros comerciales y las plazas, sitios para ofrecer mercancías básicas y necesarias para el consumo trepidante, el comercio agresivo y banal en muchos casos. La vivienda, ese espacio para habitar que le da sentido a la protección del sujeto, que le permite encontrar una zona de confort y seguridad en la mayor parte de su vida, pronto es trasformada en espacio de disputa. Disputa porque debe ser vigilada constantemente ante las invasiones; la protección constante y desgastante de la privacidad, donde se circunscribe el territorio en su expresión mínima. Es objeto, mercancía, cosa de herencia, de intercambio, de inversión, de enajenación y de disputa entre la progenie y el clan. Lo micro y lo macro del espacio, del valor y del tiempo, expresado como vasos comunicantes del hombre y de la comunidad, expresado en sus beneficios y sus sombras; los problemas concomitantes que son la materia prima de los estudios socioterritoriales.

En este contexto, y con las ideas expuestas, hemos llegado al número cien de estos artículos albergados amablemente en Tribuna de Querétaro. Evocando a Immanuel Wallerstein, diremos que son cien, pero a la vez no han sido el centenar porque la bitácora ha extendido sus hojas, sus notas y sus referencias bibliográficas. La bitácora de viaje es modesta en la narración de los viajes que he realizado. También es modesta la ruta que he seguido en los traslados que he llevado a cabo dentro y fuera del país. Pero me permite articularme con los viajes y experiencias trashumantes de amigos y otros autores. La pretensión es reflexionar, e incluso divagar, sobre esa relación hombre-espacio-tiempo y buscar entre las alegorías de la multidisciplinariedad elementos que permitan asentar bases para los estudios socioterritoriales.

El viaje es personal, pero el desplazamiento o la migración es el resultado de muchas personas, de muchos recursos, incluso de muchos lugares. Busco que las experiencias del viaje se asienten, que tengan un trayecto de tiempo antes de escribirlos, de convertirlos en referencia. Así se saborea más la distancia y se redescubren más elementos del lugar y se recrea el espacio. Bitácora de viaje no es un ejercicio escolar, es también una hoja de divulgación de las ideas de lo que se aborda voluntaria e involuntariamente en las sesiones de clase, de investigación, de discusión académica, interpretados en lo que es su verdadero destino, la aplicación de lo cotidiano, de las formas y costumbres de los hombres en su vida contemporánea, mediante una mirada histórica. El lugar de origen nos asienta como el natural de una tierra, como el aborigen, que nos impregna del dominio de un terreno, de un espacio, incluso desde el mismo ángulo para ver el cielo e interpretar las estrellas. Esta referencia me surgió cuando me encontraba al pie de la estatua y monumento de Nicolaus Copernicus, en la ciudad de Varsovia, en Polonia. La percepción de Europa de repente cobró un vuelco radical cuando pensé en América, donde he vivido la mayor parte de mi vida, en un fragmento del globo terráqueo distinto en geografía y cultura. Pensé en cómo Copérnico veía los cuerpos celestes y se imaginaba América.

 

El viaje es personal cuando uno recorre la ciudad o el país donde nació y creció, y ha aprendido la distancia, la ubicación de la infraestructura urbana, expresada en colonias, parques, plazas, calles y baldíos, pero se convierte en grupal cuando las comodidades, el confort y los problemas son compartidos con mucha gente de nuestro propio pueblo. Las líneas escritas aquí muchas veces son diatribas que pienso, que nadie las lee. Pero existe el riesgo de que sí, y existe el temor de otorgarles la suficiente cualidad para poder compartir las preocupaciones teóricas de lo que uno imparte en clase, o que son moneda de cambio en las conversaciones con amigos. Empiezo nuevamente a contar, en número y en historias, otra fase de esta Bitácora de viaje. Reitero que son solitarias, aunque ojalá me acompañen al recorrido de los sitios, los libros y las historias de y con otros.

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