Opinión

Día cuarenta y tres

Bitácora de Viaje (de Estudios Socioterritoriales)

Por:Manuel Basaldúa Hernández

 

Las regiones son enormes construcciones contenidas mentalmente. Separan y unen espacios, terrenos o lugares. También tienen los mismos efectos en la historia, la memoria y los recuerdos. Las regiones se presentan como las cuentas de un collar, unidas firmemente por sus caminos, rutas y carreteras. La carretera, en todo este escenario, juega un papel de vaso comunicante.

 

Estos dos elementos los encontramos conjugados en una vía de comunicación terrestre que ha sido emblemática dentro de la existencia de la vida moderna de nuestro continente: la carretera panamericana.

En mi infancia, que ocurrió en la segunda mitad de la década de 1960, solía viajar de mi casa hasta la orilla de la carretera, que atravesaba del poniente al oriente, y detrás de ella estaba la ciudad. Eran dos amplios carriles, bordeados por robustas palmeras y algunas plantas y arbustos. Ocasionalmente pasaban por ahí algunos autos, y de manera regular transitaban con un horario frecuente los autobuses de color amarillo, redonditos y con una canastilla en la parte superior, que tenían su ruta desde la ciudad hasta El Jacal. También atravesaban por ahí arrieros que traían carbón y leña desde el Cimatario, el monte más alto al sur de la ciudad.

Para mí, la “Panamericana” era un tramo que se perdía en el horizonte, tanto para el poniente como para el oriente. No tenía permiso ni encargo que rebasara más allá de una distancia prudente. No imaginaba qué había más allá de El Pueblito, por un lado, y más allá de la hacienda de Carretas.

Más tarde supe de su enorme extensión (digamos que mi concepto de enorme seguía siendo limitado, pero ya era más amplio), cuando fui testigo de la primera de las “Carreras Panamericanas”, o al menos eso me pareció ver cuando atravesaron por esa carretera vehículos tan hermosos como veloces de los modelos y marcas de la Ferrari, Porsche, Mercedes Benz y Lancia.

Algunos dicen que eso no era una verdadera carrera sino cortos recorridos que hicieron algunos propietarios de autos deportivos. Pero me consta que sí lo vi, y además los pilotos portaban su casco, sus googles y su larga mascada alrededor del cuello que revoloteaba detrás de ellos.

Si la “Carrera Panamericana”, que atravesaba todo el país en la década de 1950, nos asombraba, en la época moderna sigue sorprendiéndonos el arrojo de algunos aventureros. Francho Baron, en su colaboración de El País Semanal, del periódico español El País, en su edición mil 875, describe el periplo del holandés Kadir Van Lohuizen, quien recorrió una distancia aproximada de 30 mil kilómetros, desde Tierra del Fuego, del Cono Sur, hasta Alaska, EU, en el año de 2011 al 2012.

Desde Tierra del Fuego hasta Prudhoe Bay, ambos lugares gélidos y que significan los extremos del continente. Viajó, dice Francho, 363 días para narrar a través de una serie de reportajes multimedia y un cuaderno de bitácora los paisajes sociales y los flujos migratorios de las Américas; “desde las cicatrices dejadas por el exterminio indígena en la época de las colonizaciones hasta las mafias que hoy arrastran a los desheredados del sur hacia el próspero vecino norteamericano.” Si gustas ahondar más, el link es www.viapanm.org.

Este concepto de paisaje social fue el que me gustó en el artículo y que me parece el más atinado al acercarse a la geografía política de la sociedad moderna. Este tipo de conceptos son los que los alumnos de la Licenciatura de Estudios Socioterritoriales tienen como futuro ir descubriendo en el camino. No dentro de un programa de estudio solamente, sino mediante la madurez que representa abordar textos clásicos y de exploración del espacio. Ahora como docente de esta nueva profesión, voy redescubriendo la geografía en los textos, en la historia y en la empiria. Pienso también en esta “Carretera Panamericana”, que aunque se ha transmutado en una avenida Constituyentes, cuando cruza por Querétaro, sigue siendo la vena vital de la comunicación terrestre de nuestro continente americano.

manuel.basaldua.h@gmail.com

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