Opinión

Día tres

Por Manuel Basaldúa Hernández

Cristóbal Colón revisó un ejemplar de El libro de las maravillas, cuando empezaba a hacer sus preparativos hacia su viaje a las Indias. Los viajes de Marco Polo le sirvieron a Colón para gestionar ante los Reyes Católicos el viaje que le marcaría para toda la vida. Las páginas de este libro de Marco Polo recogen una serie de datos minuciosos de los países que visitó y recorrió, y entonces Colón supo detalles de un viaje, y esta forma de mirar quizá le haya influenciado para imaginarse cómo sería su travesía por aquellas lejanas tierras y las aventuras del recorrido.

Este mismo libro de Marco Polo, conocido como El Millón, un nombre corto del título que llevaba también tal obra de viajes. Éste se refería a los millones de personas que decía había encontrado a su paso, Lo mismo decía que se había topado con un millón de aves surcando los cielos de las tierras de Medio Oriente. Marco Polo no sólo influyó en su viaje a Cristóbal Colón, sino años mas tarde a Julio Cortázar y a su compañera sentimental Carol Dunlop. La inspiración que le causó al argentino trajo como consecuencia un proyecto de los viajes que mas me han impresionado: un recorrido por la autopista entre la ciudad de Marsella a París, durante un periodo de tiempo de casi un mes y medio.

 

Cortázar y Dunlop se dispusieron a llevar a cabo ese épico viaje a bordo de una camioneta Volkswagen, de las que conocemos como “combis”, con algo de aditamentos para tal efecto del viaje, una sombrilla desplegable, unos sofás individuales, espacio para libros y mapas, máquina de escribir, un refrigerador para sodas y otras cosas para preparar sándwiches.

Julio y Carol, al igual que Colón, efectuaron el viaje gestionando los recursos económicos para tal viaje. Desde luego que no lo hicieron ante algún Rey, sino al director de la Sociedad de Autopistas de París. El recorrido consistía en transitar por esa vía, deteniéndose en los 65 paraderos que contiene a razón de dos días en cada paradero. La condición que se impusieron es no salirse de la carretera ni alejarse de ella. La autopista luego entonces fue la protagonista de este viaje, y se comprometieron a elaborar una bitácora de viaje, para registrar todas las vicisitudes y prolegómenos a estas acciones llevadas en esta épica aventura. Los antecedentes de este proyecto fue un cuentito llamado La Autopista del Sur. Cuando salió publicado este libro donde se recogían todos los detalles de ese recorrido entre Paris y Marsella se le tituló Los autonautas de la cosmopista. Tal libro nos inspira a su vez, para convertir en protagonistas a nuestros caminos.

La carretera que nosotros recorremos diariamente en parte de nuestra vida cotidiana. Mejor dicho, de nuestra vida. Y entonces descubrimos al igual que Cortázar y Dunlop, que las carreteras están hechas con los paraderos y los cachitos de esa autopista, como nuestra vida está hecha por todos los momentos que pasamos en el tiempo, agradables y desagradables, insignificantes y emocionantes. Cuando descubrimos que son esas pequeñas partes las que integran la gran carretera, dejamos al descubierto que esos fragmentos de pavimento y sus orillas son igual de importantes en la esencia de la autopista. Como lo son las minucias que aparecen como avisos a donde se dirigen las rutas que a la vez son las unidades de nuestro territorio.

Los aspectos económicos de un camino solamente son importantes en la medida de que le aplicamos simbolismos sociales a los lugares. La carretera tendrá como referencia al Oxxo, en donde compramos un café capuccino que nos sirve para ir a trabajar más placenteramente. El camino a la escuela se convierte en el escenario que asombra cuando vemos a la gente moviéndose rápidamente y entre la multitud descubrimos a la persona que nos interesa. Entre ese millón de personas, como diría Marco Polo descubrimos como Cortázar el suspiro de los viajeros y la importancia de nuestro espacio.

manuel.basaldua.h@gmail.com

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