Opinión

Violencia escurridiza

Por Ricardo Rivón Lazcano

Aquellos que consigan que creas en lo absurdo, pueden conseguir que cometas atrocidades.

Voltaire

¿La violencia es intrínseca a nuestra especie? ¿Qué nos sugiere, en ese sentido, la abundante información desplegada en los medios de comunicación en torno a la violencia criminal, la violencia de género, la intrafamiliar, el bullying, las amenazas, etcétera?

 

El psicólogo David Buss de la Universidad de Texas, opina que todos somos asesinos en potencia. Con técnicas estadísticas sofisticadas ha mostrado que el 90 por ciento de los hombres y el 80 por ciento de las mujeres tienen la fantasía, al menos una vez al año, de matar a alguien. Sí, matar a alguien (Ojalá el lector haga sus cuentas).

Buss afirma que para nuestros antepasados lejanos, asesinar era una manera efectiva de solucionar los conflictos y de aumentar las posibilidades de supervivencia. Si bien los impulsos psicológicos de nuestros antepasados aún se mantienen, en el presente nuestro entorno ha cambiado mucho, matar ya no es una estrategia ventajosa.

El mundo es cada vez menos violento, pero nuestras emociones son las mismas que antaño, dice Steven Pinker. Tal afirmación pone en alerta tanto a opinadores profesionales como a legos. La afirmación parece obscena. ¿Si el mundo es cada vez más pacífico, por qué la proliferación de la violencia? ¿Por qué, por ejemplo, tantos muertos y tanta sangre en México?

¿Somos víctimas de la ilusión del presente violento? Ilusión porque así funciona nuestra mente, es decir, cuando más fácil resulta recordar un fenómeno, más probable nos parece su ocurrencia. Utilizamos el recurso de recordar como un atajo para calcular la probabilidad.

Ahora bien, si combinamos esta especie de estadística intuitiva con el hecho de que ahora es mucho más fácil informar sobre guerras y genocidios en todo el mundo, y con esa filosofía que tienen muchas cadenas de televisión y en general otros medios de comunicación de que la sangre vende, lo que se traduce en informar más sobre los acontecimientos violentos, entonces es cierto que vemos más violencia y más de cerca que antes y esto conduce al espejismo de que la violencia sucede en realidad más a menudo.

Hay un desarreglo social. Una ineficacia legal e institucional aparejada a la proliferación de las mafias y a la corrupción de las autoridades. Una perplejidad social frente la ley de la selva.

La pregunta más importante es por qué ha disminuido la violencia. La respuesta es que nadie lo sabe a ciencia cierta, pero hay tres hipótesis plausibles –dice Pinker. La primera es que, tal vez, Thomas Hobbes tenía razón y la vida en estado de anarquía es repugnante, brutal y breve, mientras que en un estado democrático con monopolio de la violencia, puede reducir la tasa global de la misma violencia al eliminar la tentación de atacar, que castiga el Estado.

Una segunda explicación de la disminución de la violencia invoca a la lógica de los juegos de la suma no cero. En ciertas circunstancias la cooperación puede ser beneficiosa para ambas partes de una interacción. Un ejemplo evidente es el reparto del dividendo de la paz; cuando dos enemigos deciden deponer las armas y dividirse los recursos que de otro modo se dedicarían al conflicto violento, ambas partes salen ganando y están mejor que si siguieran combatiendo.

 

La tercera explicación recurre a la metáfora de un círculo que se expande. La evolución nos dotó con un sentimiento de empatía. Por desgracia la aplicamos por defecto solamente a un círculo estrecho de amigos y familiares. Pero durante el transcurso de la historia ese círculo se ha ido expandiendo y una emoción que al principio únicamente se aplicaba a la aldea o a nuestros parientes de sangre, se ha ido ampliando con el tiempo y ha pasado a incluir primero al clan, luego a la tribu, la nación, otras razas, ambos sexos y debería acabar incluyendo a otras especies. (Ver Redes: Lo que importa son los demás, rtve.es).

rivonrl@gmail.com

 

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