Opinión

Dislates de quienes dirigen la educación en México

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

Cambió el secretario de educación, Emilio Chuayffet, (egresado de la Facultad de Derecho de la UNAM y con larga carrera política, pero del todo ignorante de los procesos educativos; subordinado a los intereses del gran capital y débil frente a las presiones de las grandes corporaciones; grosero, prepotente, sordo, autoritario y soberbio, insensible e inepto para negociar con el gremio de maestros),  por otro secretario, Aurelio Nuño, (egresado de una universidad privada mexicana y otra extranjera, del que podríamos decir casi lo mismo que del anterior, pero en su versión de “niño bien”: fino, perfumado y muy seguro de sí).

Nuño, igual que Chuayffet, está decidido a imponer la reforma educativa neoliberal, y a “convencer a los maestros de sus bondades”.

Más allá de su firme discurso, llaman la atención sus errores garrafales, contradicciones e incoherencias, que evidencian su ignorancia en educación. Baste de muestra una entrevista reciente con analistas de “La hora de opinar”, Televisa: Leo Zuckerman, Héctor Aguilar Camín y Javier Tello. El secretario yerra sobre cuántos planteles de educación básica hay en México, cuando responde a una crítica sobre la “increíble falta de calidad física y abandono, absolutamente inaceptable”, que sufren las escuelas. Según Aurelio Nuño, hay 100 mil de nivel básico; sin embargo, la SEP, en “Principales cifras del sistema educativo nacional, modalidad escolarizada, 2012-2013”, cuenta 227 mil 665, de las que 199 mil 678 son públicas. Con ello, el nuevo secretario borra del mapa (si sólo cuenta las públicas), casi cien mil planteles, es decir, la mitad de lo que señaló. Esto le facilita hacer sumas alegres sobre los avances de los primeros años del actual gobierno y los que habrá en los siguientes.

Otro desatino surge en su manía (y de casi todos los políticos) de regalar tablets a los niños, que  Javier Tello cuestiona como “error carísimo”, señalando estudios que demuestran su falta de impacto sobre la mejora educativa. Aunque Nuño lo admite, explicando que “la calidad educativa depende de muchos factores (…)”, justifica el oneroso gasto, con su sola fe: “sí ayuda a disminuir la brecha digital” y “sí afecta el empoderamiento de los niños…” ¿En qué se basa, para afirmar esto?

Cuando sus entrevistadores le inquieren sobre los indicadores de éxito de ésa y otras acciones, Nuño vacila, alegando “que es muy complejo medir esto” y se remite a su buena vibra: “Aunque no sea con el método más científico del mundo, puedo saberlo por el diálogo que he empezado a tener con los maestros” (¿No reprobarían el examen los docentes con semejantes respuestas?).

El secretario ignora diversos estudios sobre los graves daños psíquicos que causa el uso indiscriminado de tecnologías de la información, en niños, a quienes falta orientación y contención adulta, y que suelen quedar secuestrados hasta la madrugada, en algo que dopa y genera adicción.  (Sartori G. “Homo videns; Sandoval R.: “Mentes en peligro, el daño de internet en nuestro cerebro”; Carr, N.: The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains). Tampoco está informado de que muchos “hiperconectados” (p.e. los empleados de Google y Apple) envían a sus hijos a escuelas sin computadoras, seguros de que no conviene usarlas, antes de los 12 años, pues “perturban el aprendizaje”.

Finalmente (falta espacio, para señalar otras barbaridades), Nuño ignora que la OCDE recomendó a México desde 2012, “prevenir los efectos no deseados de la evaluación”, evitando relacionar los estímulos económicos a docentes, con los resultados de los exámenes de sus alumnos, pues concluye su entrevista, ofreciendo que: “a los maestros a quienes les vaya bien en la evaluación (que implica lo que aprendan sus alumnos), tendrán aumentos salariales de hasta un 180% o más” (sic).

Algunos analistas opinan que no siempre es ignorancia lo que padecen los políticos, sino absoluta falta de interés en resolver los problemas que les competen.

¿A dónde llegaremos con secretarios como Nuño?

De Alfredo Botello, secretario de educación queretano, tampoco podemos esperar algo mejor.

 

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