Opinión

El IEQ y la nanodemocracia

Por Agustín Escobar Ledesma

 

Quisiera confesar públicamente que en el proceso electoral local de 2009, participé como consejero ciudadano en el Instituto Electoral de Querétaro (IEQ), en el VI Distrito. También tuve la fortuna que mis cuatro compañeros consejeros me eligieran presidente. Es la segunda ocasión en que he colaborado y ha sido un verdadero honor pertenecer, aunque sea coyunturalmente, al IEQ.

 

Recuerdo que en un curso de capacitación electoral para presidentes y secretarios, un compañero de quien no recuerdo su nombre, ante el clima de civilidad, respeto y organización, llevado a cabo por los entonces consejeros electorales, mencionó, palabras más, palabras menos, que estábamos en una institución republicana de la cual todos deberíamos sentirnos orgullosos y al mismo tiempo debíamos de cuidarla de las acechanzas de los poderosos que ven en este instrumento ciudadano un estorbo a sus maquiavélicos intereses.

 

En aquel proceso electoral, los integrantes de los distritos electorales, percibimos a un IEQ sólido y confiable porque, aunque los consejeros electorales tenían sus diferencias, a la hora del trabajo para llevar a buen puerto el proceso electoral, jalaban como las mejores yuntas de la región: muy parejo. A mí me impresionaba la capacidad y el compromiso de cada uno de ellos, así como la eficiencia del personal administrativo bajo el mando de José Vidal Uribe Concha, quien no se andaba con retruécanos burocráticos en la atención y solución a los problemas.

 

También recuerdo cierta ocasión en que llegaron a las oficinas del VI Distrito los consejeros electorales para intercambiar opiniones y sugerencias en torno al proceso electoral. El comentario de los funcionarios que más llamó mi atención fue el de Sonia Cárdenas Manrique, sobre el color de las cortinas de la oficina, “hay qué cambiarlas”, propuso muy seria. Pensé que nos vacilaba, pero no.

 

Por supuesto que su servidor y los ahí reunidos, respetuosos de la libre expresión de las ideas, optamos por hacer mutis ante la propuesta, ni siquiera respondimos con la ironía que el comentario propiciaba. Continuamos exponiendo nuestras preocupaciones sobre el momento en que un grupo de ciudadanos participa directamente en la organización de la denominada democracia representativa.

 

Sin embargo, ahora la anécdota es pecata minuta, comparada con lo que ocurre al interior del IEQ porque los actuales consejeros electorales, frívolos o inteligentes, son el resultado de una elección que carece de calidad moral, por la ausencia de la participación ciudadana en su designación. Por si lo anterior fuera poco, los cuestionados consejeros electorales son los encargados de minar la propia autonomía que el IEQ ha mantenido, al hacer suya la denominada Ley Calzada que, en la práctica, es el retorno al autoritarismo priísta al pretender que el presidente del instituto sea nombrado por los legisladores y dar manga ancha a los partidos en materia de fiscalización, entre otras disminuciones a las facultades del instituto. Por eso estamos como estamos/ por eso nunca progresamos, cantaban Los Apson, hace algunas décadas.

 

Adiós a los principios rectores de la función electoral: certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad que durante 20 años el IEQ mantuvo como bandera en alto, después de que, en 1997, los ciudadanos le arrancamos de las garras al PRI la organización de las elecciones.

 

Curiosamente, con el retorno de los bebesaurios al poder aparece la Ley Calzada, impulsada enjundiosamente por, quién lo dijera, José Vidal Uribe Concha, presidente del Consejo General del IEQ y avalada por los consejeros. Esto es un insulto a la razón y a la inteligencia ciudadana porque ahora los propios consejeros electorales que, se supone, velan por la democracia de los queretanos, en caso de aprobar, lo que en los hechos es una contrarreforma, no tendrían atribuciones ni para elegir a su propio presidente (¡Jesús, María y José!, exclamaba mi abuelita –que Dios tenga en su santa gloria–, ante lo que le parecía una soberana pendejada).

 

¿Alguien puede imaginar una reforma política en la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) en donde sus protagonistas propongan que la elección de rector quede en manos de los diputados de la Legislatura del estado? Ergo, ¿las elecciones sindicales tendríamos que dejárselas a la patronal?, ¿las del comité de colonos a las autoridades delegacionales?, ¿las del comité de padres de familia de las escuelas al director?

 

En caso de aprobar la Ley Calzada, el IEQ estará mandando un mensaje totalmente negativo a la sociedad porque la contrarreforma que impulsa es un peligroso coqueteo con el fascismo. Los consejeros electorales todavía están a tiempo de rectificar y ponerse al servicio de quienes les pagamos sus elevados sueldos y no convertirse en mercenarios de la democracia.

 

Democracia y Universidad

Por cierto, aprovechando que en la UAQ existen cuatro suspirantes a Rectoría, sería conveniente que entre sus propuestas de campaña figuraran la consulta, el referéndum, el plebiscito y la revocación de mandato tanto en las escuelas y facultades, así como en Rectoría. Porque ya se sabe, la UAQ debiera ser el faro que guíe a nuestra sociedad en lo que a la democracia participativa se refiere. ¿Será pedirle peras al olmo?

 

Lo deseable, y saludable, para la UAQ es que la tendencia de sus actores sea la de conjuntar teoría y praxis o lo que es lo mismo, predicar con el ejemplo y no que los académicos hagan propias las trapacerías y las malas mañas de los desprestigiados partidos políticos que no dudan en cooptar, acarrear, manipular y comprar voluntades con tal de hacerse del poder. ¿Alguno de los cuatro precandidatos se comprometerá en serio con la democracia universitaria?

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