“El poeta peregrino” de Augusto Isla Estrada a Hugo Gutiérrez Vega

Al momento de recibir el Premio Internacional Hugo Gutiérrez Vega a las Ciencias Sociales y Humanidades en su 15º edición en el Patio Barroco de la Facultad de Filosofía; el Dr. Augusto Isla Estrada leyó una pieza literaria de su autoría dedicada a Hugo Gutiérrez Vega titulada “El poeta peregrino”. Por su sublime belleza y profundidad en su contenido, el Dr. Augusto Isla estremeció a los asistentes al tiempo que quedó claro el exhaustivo conocimiento que tiene de la obra del poeta, pero también de la entrañable amistad que los unió por largo tiempo.
Sirva este espacio para reproducir algunos fragmentos de “El poeta peregrino” de este queretano de altos vuelos intelectuales, motivo de orgullo del terruño que lo vio nacer en aquel 1946.
“Puede parecernos un anarquista ruso, un comedido diplomático, un patriarca. Una catarata de cenizas sobre su frente le han dado una prematura gravedad. Como el más gentil de los dromedarios, sobre sus hombros almacena no sé qué secretos de su vida. Hugo se solaza en la multiplicación de sus máscaras: dentro y fuera del teatro es un actor de hermosas manos aladas que donde conversa acompasan su memoria humillante y odiosa como la de Funes, el personaje de Borges […].
Lo que toca, lo transforma en algo más vivo, irreverente, sutilmente perverso. Le gustan las travesuras: abrir las ventanas de habitaciones cerradas donde se esconden espíritus enlutados, arrebatar a una vieja beata su ridícula mantilla. Ama las provocaciones de la luz. Lo conocí cuando era rector de la Universidad de Querétaro. Llegó como un huracán. Sus vientos furiosos nos cambiaron para siempre. Aprendimos filosofía contemporánea, nos emponzoñó con la delectación del jazz y el cine y el teatro de vanguardia. Hablo por mí: mis deudas son enormes con él. No terminaré de pagarlas, sobre todo por su amistad leal, perseverante, y el estímulo que derramó sobre mis garabatos […].
La diplomacia fue su opción para el pan cotidiano. Pero más que eso: la oportunidad para observar el mundo, adentrarse en otras geografías poéticas, proveerse de un espíritu planetario […].
Su poesía es inclasificable y escurridiza; lleva la impronta de su juventud provinciana y, al propio tiempo, guarda las huellas de sus travesías […]. Es ya sencilla, ya compleja, ya espontánea, ya pensada. Se adapta con destreza a la materia que trata. El aluvión epistolar que es, a veces nos inunda con su tristeza, a veces nos cae encima con su ironía, recurso supremo de quien vaga por el mundo con una clara conciencia de nuestra pequeñez ontológica, de la miseria y grandeza de las palabras. Cuando está a punto de alojar a la sabiduría, algo, por fortuna, la aniquila: un golpe de humor, de desparpajo, de avidez sensual […].
Que la personalidad es una nadería, como lo creía Borges, Hugo lo prueba: se guarece en la intimidad, pero es también dueño de una reluciente espada ciudadana; si en algún partido tuviese cabida, éste sería el de los minimalistas: exige poco y suficiente: una pizca de democracia, de igualdad, de amor a la naturaleza, de esencial fraternidad con los gatos […]. Le acompaña por igual el desengaño y el entusiasmo, la desgarrada conciencia de la muerte y el amor a la vida, al milagro de sus insignificancias”.



