Opinión

El Programa Nacional Alternativo de Educación y Cultura, 2013

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

“El precio de desentenderse de la política es

el ser gobernado por los peores hombres”. Platón.

En otro artículo comentaba un estupendo foro sobre la reforma educativa, del pasado 5 de julio, en Querétaro, donde se presentó el Programa Nacional Alternativo de Educación y Cultura, 2013, (PNAEC). Éste constituye no sólo un esfuerzo a reconocer, sino una propuesta ANTI-neoliberal muy importante del magisterio disidente, que trasciende el campo educativo y se abre a la reconstrucción integral de nuestra nación.

Se trata de una propuesta de “lento cocimiento”, surgida de intensos debates entre diversos colectivos de profesores, académicos, padres de familia, estudiantes, promotores culturales, etc.

Independientemente de las críticas que uno pueda hacerle –por esos “detalles”, inevitables en un trabajo colectivo, o sus inocuos “devaneos” conceptuales–, no podemos más que reconocer en este programa un trabajo muy serio y bien fundamentado.

En especial es de apreciarse el esfuerzo de los autores, profesores “de banquillo”, que no hablan desde el escritorio ni desde la “condición especial” del académico universitario (con tiempo pagado para dedicarse a sus investigaciones); tampoco hablan desde el sentido común o la improvisación, ni desde el resentimiento (por el perverso linchamiento mediático que han sufrido). Hablan desde una práctica directa y comprometida; desde un profundo conocimiento de la complejidad de la tarea educativa, así como desde la vivencia “en carne propia” de las muy difíciles condiciones que padece la mayoría de los mexicanos.

Esta alternativa no sólo pondera la experiencia directa. Sus autores muestran una gran capacidad para profundizar en la teoría y en la reflexión filosófico-política. Recuperan preguntas fundamentales (esas que desprecian los tecnócratas neoliberales) ¿por qué?, ¿para qué?, ¿desde dónde?, ¿hacia dónde? Cuestionan con fuertes argumentos los enfoques empresariales basados en Edgar Morin o Philippe Perrenoud, que promueven la adquisición de “competencias” para moldear gente “eficiente” (capaz de hacer más con menos), “capaz de asumir la incertidumbre” (léase: la inestabilidad laboral), “tolerante” (con la desigualdad social y la violencia legalizada) “flexible”, “polivalente” (dúctil según el capricho del Gran Poder), etc.

A la vez que el PNAEC evidencia las falacias del discurso dominante, se manifiesta por la Epistemología-Pedagogía-Didáctica Crítica, la Pedagogía de la Liberación (Freire) y el Materialismo Histórico Dialéctico, renovando consistentemente su vigencia.

Este programa proclama la enorme diversidad de caminos que pueden seguirse al educar; coincide –sin explicitarlo– con la actualísima Epistemología del Sur (De Souza Santos), al insistir en que la educación alternativa ha de recuperar y potenciar los saberes milenarios de las culturas populares mexicanas; así como con la Teoría del Decrecimiento (Roegen y Latouche), opuesta al capitalismo, que busca establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, y entre los propios seres humanos.

Según la Doctora Raquel Soza Elízaga –quien comentó dicha propuesta en la Casa Lamm, junto con otros pensadores de reconocido prestigio– “estamos ante un trabajo extraordinario (…); el mejor y más completo texto de educación que nosotros podamos leer en este momento”; se trata de “la utopía social que nos hace falta”; “representa un camino, una guía clara para la acción”.

El programa inicia con un marco referencial y un concienzudo diagnóstico, denunciando los brutales efectos del neoliberalismo, provocadores de la degradación humana y la destrucción de la naturaleza, al promover “la idea de la vida fácil, los placeres vacíos, el derroche, el lujo excéntrico, los satisfactores rápidos, el consumo de alcohol y las drogas, además de la prostitución como práctica generalizada (…)”. En especial denuncia cómo, desde el TLCAN, el sistema educativo se ha diseñado para generar individualismo, competencia, confusión ideológica, apoliticismo, ignorancia, analfabetismo, miseria lingüística, devastación del pensamiento abstracto, apatía, desesperanza, impotencia, alienación, etc., condiciones humanas que “son pilares para el sostenimiento del modelo neoliberal”.

Superar estas condiciones implica un programa educativo y de nación que recupere y potencie lo que el capitalismo ha devastado: “las culturas populares, la memoria histórica de nuestros pueblos, la identidad de clase, nacional-comunitaria, el amor al trabajo, el respeto a la vida y la solidaridad con el prójimo…”.

EL PNAEC propone una estrategia muy concreta para construir nuevas relaciones de poder (democracia participativa), definiendo tiempos y acciones precisas para formar sujetos activos, cultos, críticos, creativos, lúdicos, sensibles, solidarios, conscientes; capaces de organizarse, de establecer redes (locales, nacionales e internacionales), superar el miedo, luchar contra la simulación, participar en la reconstrucción de la historia y, sobre todo, de “ser felices”.

Estas realidades, estos referentes y esta visión histórica y utópica parecen inaccesibles para los tomadores de decisiones, que todo lo ven desde su cómoda, superficial y etérea cúpula, y que pretenden mover los hilos del sistema educativo, desde su egoísta, inconsciente e irresponsable ignorancia.

Conocer esta propuesta vale la pena. Remito al lector a los sitios: http://www.cend-snte.com/dos/index.php/pnaecmenu/76-pnaec (documento original); http://cend-snte.com/dos/index.php/component/content/article/25-inicio/the-project/47 resumen-del-pnaec.

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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