Opinión

El que paga manda… ¿Qué no?

Me gustaría amigo lector, abrir esta reflexión con algunas preguntas tan simples y cotidianas como su propia rutina personal o su ritmo de vida; le pregunto, cuándo usted sale a comprar su despensa o sus enseres de primera necesidad ¿pide a su gusto? ¿Toma usted la palabra para hacer su pedido? ¿Se siente satisfecho cuando le entregan lo que pidió y cómo lo pidió? ¿Por qué, por qué no deja que el vendedor le dé lo que quiere? ¿Por qué entonces esta absurda sentencia de “el que paga manda”?

Todas las anteriores preguntas tienen su respuesta, sustento y argumento en el hecho de que cuando uno paga tiene el derecho y la posición para solicitar (y los más payasos, a exigir) los productos o servicios al gusto; pero ¿por qué?

Porque nos hayamos en el entendido (ya sea como vendedor y consumidor) que la dinámica de esta relación comercial requiere e implica el intercambio de un bien tanto para una como para otra parte; por parte del vendedor implica una atención a satisfacer una necesidad del consumidor.

Bajo esa premisa, eventualmente nos empoderamos en el acto de compra-venta y entendemos que los vendedores se encuentran dispuestos a la voluntad del comprador y a su vez, lo vendedores entienden que su sueldo depende en buena parte de la atención que ofrecen a sus clientes para concretar la venta.

Por lo mismo, cada tienda o cadena comercial entiende que su mercado depende tanto de las ventas como del servicio, pero primariamente, de los ámbitos o áreas que abarca su catálogo de productos y/o servicios, que entre más amplia es su variedad más publico pueden atraer; cómo dice mi papá: “Hay que tener un poco de todo…”

Entonces, si aplicamos este axioma de “el que paga manda”, tengo que preguntar amigo lector ¿qué está pasando entonces? ¿Acaso usted no les está pagando el sueldo a los funcionarios con sus impuestos? ¿Qué no paga usted el IVA para que lo reciba Hacienda? ¿Por qué no estamos aplicando esta misma dinámica con la gente que se encarga de atender nuestras necesidades sociales más apremiantes? ¿Cuál es la diferencia con los funcionarios públicos? ¿Por qué no nos hemos dado cuenta de que ellos también están a la disposición de todos nosotros? ¿Por qué se invierte la dinámica? ¿Por la investidura que representan? ¿Porque ganan más dinero? ¿Por qué tienen a las fuerzas armadas bajo su mando? ¿Porque tienen su escolta personal? ¿Por qué seguimos mirando hacia arriba a los funcionarios públicos siendo que ellos son ciudadanos iguales que gozan de los mismos derechos?

Yo creo que por el contrario, ellos tienen una responsabilidad más grande que es la de atender y hacer valer esas garantías y derechos, entonces ¿Por qué permitimos que nos sigan viendo hacia abajo, si ellos son los que vinieron prácticamente rogando por el voto en sus campañas electorales? O en todo caso, ¿para quién trabajan? ¿Para la ciudadanía o para el que les patrocinó la campaña?

Porque eso sí, cada época electoral los vemos hacer circo, maroma y teatro para quedar bien con la gente, los vemos prácticamente arrastrándose como mendigos por los votos en tiempo de la elección, desgarrándose las vestiduras en cada compromiso que hacen, saludando gustosamente con sonrisa de oreja a oreja a la misma gente a la que, una vez electos, ignoran y desechan de sus agendas políticas, públicas, de “trabajo”, ignorando acuerdos, olvidando promesas y relegando proyectos que con tanta vehemencia aseguraban cumplir muy formal, firme y seriamente.

Así que pregunto estimado amigo lector, ¿cuándo vamos a entender que son ellos, los funcionarios quienes deben estar atentos, pendientes y solícitos a la voluntad y voz del pueblo? ¿Cuándo vamos a entender que son los funcionarios a quienes les tocar estar dedicados diligentemente a revisar, sondear, atender, resolver y solventar las necesidades de nuestra entidad en lugar de que los ciudadanos estén pasando horas esperando y persiguiendo a las autoridades para que los escuchen, los atiendan y les den un mínimo de atención y esperanza para sus necesidades?

Es necesario que empecemos a darle su lugar a las cosas, es tiempo de hacerle ver a los funcionarios que sus plazas no un pasaje para la jubilación prematura, para enriquecerse y hacerse de un patrimonio a expensas del saqueo de la población, tenemos que empezar a abrir los ojos y dejar de pensar que no hay solución, debemos darnos cuenta de que en verdad cada uno de nosotros puede hacer un cambio dejando de seguirles el juego con sus campañas, con sus eventos festivos, sus despensas, con sus regalos de todo tipo y que ni siquiera son regalos, pues usted amigo lector ya los pagó con sus impuestos… Caray

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