Opinión

Enseñar a pensar, tarea siempre vigente

Por María del Carmen Vicencio Acevedo

Eduardo Galeano, escritor uruguayo comprometido con el pueblo, escribió el minicuento La educación, que dice:

“En las cercanías de la Universidad de Stanford pude conocer otra universidad, más chiquita, que dicta cursos de obediencia. Los alumnos, perros de todas las razas, colores y tamaños, aprenden a no ser perros. Cuando ladran, la profesora los castiga, apretándoles el hocico con el puño y pegando un doloroso tirón al collar de pinchos de acero. Cuando callan, la profesora les recompensa el silencio con golosinas. Así se enseña el olvido de ladrar”.

En esta lógica, la educación consiste en normalizar a los “desviados”, controlar a quienes “se salen del huacal”, corregir a los “defectuosos”, desactivar a los “peligrosos” y homogeneizar a los “diferentes”, porque “así debe ser”. (sin más explicación). Con esa violencia, los educandos aprenden “a que está mal ser quien soy y a que está bien ser quien no soy” (C. Skliar), a devaluar su propia percepción de la realidad y de sí mismos y a obedecer sumisamente a quien dicte las órdenes, con tal de no ser expulsados del sistema y de seguir recibiendo su ración.

Esta enajenación, no sólo la viven los estudiantes, también los maestros. Dice Carlos Fuentes (en Carolina Grau): “El carcelero tiene su carcelero y éste al suyo y así al infinito. Tú y yo somos los eslabones finales de una larga cadena de sumisiones. Así está ordenado el mundo, mi joven amigo. ¿Hay otra salida?”.

Con frecuencia se plantea que lo dicho arriba corresponde a la educación de antaño, pues “las pedagogías de hoy, se centran en el aprendizaje, educan para la vida (léase aquí, la empresa), forman a los futuros ciudadanos del mundo”, etc. El maestro ya no enseña, “facilita”, poniendo a sus alumnos en contacto directo con diversas fuentes de información; por eso las habilidades digitales y el inglés, se vuelven básicos, pues “permiten trascender lo local y alcanzar la competitividad internacional”. Hacia allá apuntan las nuevas reformas en todos los niveles educativos.

No obstante, en estas ideas, se esconden varias falacias que vuelven al tema educativo harto confuso.

Los discursos eufemísticos y sofisticados de los nuevos currículos resultan atractivos y convincentes para los poco informados (incluidos muchos secretarios de Educación). En el fondo y en los hechos, sin embargo, se esconden las mismas siniestras intenciones, la misma lógica autoritaria y violenta y la misma estructura del poder excluyente. Esto ya lo plantearon, hace 50 años, estudiosos como Bernstein con la “pedagogía invisible” o Philip Jackson con el “currículum oculto”.

En la “nueva educación” quizá ya no se castigue físicamente a los estudiantes (o a los maestros), pero sí se les obliga a competir, como en Los juegos del hambre, por una croqueta que está fuera de su alcance, en una carrera que los lleva a perder identidad y conciencia de clase y de cultura, así como a aprender el olvido de pensar: “Si no pasas el examen Enlace o Ceneval, no eres apto, ni tienes derecho a seguir” (porque ese examen dice todo lo que eres); “el programa es perfecto, si no lo entiendes, es porque no eres competente, no estás actualizado o no quieres trabajar”; “si no puedes o no quieres, hazte a un lado que hay muchos interinos esperando tu lugar”.

Con el “nuevo sistema” sólo se apoya a “los competentes”, orillados a ser cada vez más egoístas (por instinto de supervivencia); mientras que el resto aprende a temer y a simular (“si cuestionas la instrucción oficial, perderás la beca o no conseguirás la plaza”).

Las luchas por el poder y la voracidad de los grandes titanes (las cúpulas gubernamental, empresarial, clerical y del SNTE, además de varios candidatos en campaña) tienen sumido al sistema escolar en un estado lamentable, que degrada a maestros y estudiantes.

Por eso juzgan a la ligera, declarando que “los buenos maestros” (Josefina dixit) y “los buenos estudiantes” son aquéllos que aceptan sin chistar los dictados, criterios y arbitrariedades de dichas cúpulas (en la más absurda lógica mercantil, individualista); “los malos maestros” o “los estudiantes porros” y “fascistas” (Enrique o Gabriel dixit) son, en cambio, quienes protestan ante el autoritarismo velado y denuncian la corrupción de mandatarios y candidatos; son quienes encuentran en las manifestaciones públicas el último recurso para defender la libertad de pensamiento y de expresión (pues, nadie los atendió cuando siguieron las retorcidas formas oficiales, ni consiguen de otro modo el impacto que sí tienen los medios masivos); son quienes se atreven a formular las preguntas prohibidas: ¿cuál es el sentido de esa ordenanza?, ¿quién dice que los nuevos dictados son para el bienestar popular?, ¿en qué se fundamentan?

Afortunadamente sigue vigente otra lógica educativa, en la que enseñar a pensar es la tarea prioritaria. Afortunadamente el sentido común y la capacidad de dudar siguen activos en esos más de 131 muchachos, adultos y ancianos que se están negando a ser manipulados por los medios masivos y las falaces encuestadoras.

Para hacer un pronunciamiento ante el Estado mexicano por esta grave situación, varios colectivos de maestros y estudiantes convocan a un gran “Foro de análisis y reflexión en defensa de la educación pública”, en el que participarán destacados académicos como: Ángel Díaz Barriga, Axel Didriksson, César Navarro, Tere Garduño, entre otros. La invitación es abierta a todo público, para el 1º de junio, de 9:00 am, a 8:00 pm en la UPN-Ajusco.

Para mayor información: metamorfosis-mepa@hotmail.com.

 

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