Opinión

Erotismo y Gastronomía

AMOR, HUMOR Y MUERTE

Por: Edmundo González Llaca

La relación entre la mesa y la cama es clara, aunque la posición corporal de los actores no sea la misma, pues si bien en un mueble generalmente es sentado y en el otro es acostado, el paralelismo de acciones y emociones es evidente. En los dos lugares se ve, se toca, se manosea, se huele, se saborea, se muerde, se platica, se comparten juegos; se amasa, se chupa, se lame, se embadurna, se sorbe, se devora. En suma, mesa y cama, son escenarios de las grandes fiestas de los sentidos y la imaginación de los humanos.

El erotismo está vinculado al arte culinario, no únicamente por la asociación con el nombre –perdón por el chiste tan malo pero no pude evitarlo–, sino que también ha sido avalado por múltiples hechos históricos. No fue gratuito que Eva le hubiera ofrecido a Adán una manzana, ¿por qué no le ofreció otra fruta tal vez más sugerente? Una papaya, por ejemplo. No, fue precisamente una manzana. La razón es la siguiente.

La manzana, según los estudios de mi amiga Martha Chapa, ofrece la satisfacción de todos los sentidos: es hermosa a la vista, es una fruta que huele, es agradable al tacto y es sabrosa al paladar. Al darle una mordida hace un melodioso chasquido que es encantador para el oído. Es la manzana la fruta más integral para el deleite sensual. Algunos dicen que al partirla su corazón evoca lugares también escondidos del cuerpo femenino. Reconozco que no he visto lo suficiente o no tengo tanta imaginación para esta vinculación.

En fin, aunque el mayor afrodisíaco es la imaginación, los seres humanos desde siempre han buscado estímulos para aumentar el apetito sexual, prolongar la potencia física o levantar los ánimos caídos. Han sido los hombres, más que las mujeres, los que han buscado en todas las épocas diversos estímulos para el momento cumbre de la alcoba.

Los antiguos romanos recomendaban el testículo derecho de un asno, acompañado de un vaso de vino, en la Edad Media les parecía mejor el testículo izquierdo de un cocodrilo. Las recetas no decían cómo identificarlos ni los riesgos que podrían provocarse si el consumidor se equivocaba de lado.

Los afrodisíacos son de todas las épocas y de todas las partes del planeta. Los chinos son especialmente pesados en sus recetas, al leer la siguiente podemos darle la razón a quienes los consideran los inventores de la tortura.

“Muélase la concha de un Peine de Venus macho hasta reducirla a polvo muy fino, añádase un poco de orina y déjese reposar durante tres días, transcurridos los cuales se sacará al medio día para que se seque al sol. Sumérjase a continuación en orina de burro y déjese en remojo otros tres días. Vuélvase a secar al sol de medio día y a continuación salpicar ligeramente con el rocío de capullo de flores con lo que se disipará el olor de los orines [¡qué alivio!]. Bébase este brebaje en el momento de la copulación [si no vomita ya la hizo], y os veréis dotados de una potencia extraordinaria.”

No registra la historia los efectos, lo que sí estoy seguro es que cualquier chino que bebiera semejante brebaje, lo menos que le pasaría es que se les pusieran los ojos redondos.

Pero de regreso a la Edad Media y cuando Egipto estaba de moda, lo que estuvo considerado como el mejor afrodisíaco era el polvo de momia. Los arqueólogos tenían, además de motivo científico, el económico y personal para intensificar su búsqueda de restos. Afortunadamente esta propiedad de las momias no fue conocida en México, de otra manera lo más probable es que Guanajuato se hubiera quedado sin ninguna para exhibir.

No soy exagerado, la búsqueda de afrodisíacos no es exclusiva de sociedades desarrolladas o de pueblos con costumbres decadentes. Hace unos años –en una de esas tantas cruzadas extrañas en las que he estado involucrado– en la comunidad de Pie de Gallo, apareció un hipopótamo. La historia es muy larga y está documentada en varios artículos míos, lo cierto es que me lancé a rescatar al famoso hipopótamo que estaba en la presa.

Ahí me enteré que habían sido dos y que uno lo habían matado unos campesinos. Al averiguar el motivo, un lugareño me dijo que había dos rumores: creían que era el mismo diablo encarnado en animal, chisme que pudo ser cierto, porque en esa comunidad no conocían a los hipopótamos; el otro rumor se atribuía a los que sí los conocían, se decía que lo habían matado porque estas personas sostenían que servía para pecar por el sexto mandamiento las veces que se deseara. ¿Cómo es eso? Le pregunté al lugareño. Me dijo, palabras más, palabras menos: “Si usted se come un pedazo de carne de ese animal, dura “firmes”, durante días y hasta semanas.”

Antes de proceder al rescate lo primero que hicimos fue identificar al animal como un hipopótamo y desmentir entre la población sus efectos mágicos sobre la libido. De confirmarse la versión, yo hubiera sido el primero en lanzarme a la presa con un cuchillo entre los dientes para cortarle un bistec.

La gastronomía en el erotismo no tiene siempre el propósito de pasar de la mesa a la cama, en ocasiones los platillos tienen otro objetivo que darle placer al paladar, la intención es crear adicción hacia quien lo sirve. Es el caso del siguiente platillo.

“Cómprese un pescado y póngase en la entrepierna, lo más próximo al genital femenino, déjese así durante toda una noche. Asegúrese el contacto lo más pegado al cuerpo con un calzón apretado. Al día siguiente cocínese y sírvase al amante.”

La receta no especifica el tipo de pescado, me imagino que no debe ensayarse con un pez vela.

Los alimentos afrodisíacos son considerados como tales por varias razones:

a) Por su valor nutritivo, no hay duda que los productos de mar son los más socorridos y los de mejor reputación. Aunque recuerdo la siguiente anécdota que invita a reflexionar. En la oficina había un señor ya mayor al que por su agudeza y filosofía vital siempre lo invitábamos a comer. Don Chuchito, así se llamaba, siempre preguntaba el lugar, que era invariablemente un restaurante de mariscos. En una ocasión me reclamó porque siempre elegíamos el mismo lugar. “Don Chuchito –le respondí pícaro, al mismo tiempo que levantaba el brazo con el puño cerrado– los mariscos dan fuerza y enjundia sexual”. Comentó escéptico: “Eso es falso, si fuera cierto, todas las ciudades estarían a la orilla del mar.”

b) Los alimentos son afrodisíacos porque nos recuerdan alguna parte del cuerpo vinculada con el sexo. Los higos cerrados evocan los pechos femeninos, abiertos, los genitales correspondientes. El ejemplo más claro es el aguacate, que es un derivado de “ahuacatl”, testículo. La serpiente que tentó a Eva estaba escondida en un racimo de plátanos, si Adán se hubiera percatado que lo de la manzanita era un camuflaje y que la indirecta era otra, pues la historia sería diferente.

c) Los alimentos son afrodisíacos por su posibilidad de ser utilizados con otro propósito que no es precisamente para comer. Cuando Marlon Brando en la película “El último tango en París”, descubrió a mi generación que la mantequilla no era solamente para hacer hot cakes sino que representaba también un gran facilitador, el consumo de este producto lácteo se extendió hasta en las farmacias.

Actualmente los jóvenes quieren compaginar la cocina erótica con la dieta y parece preocuparles más la figura que el sexo. En un anuncio una pareja se abraza, recostada en el sofá. En medio de pleno “faje”, comen chocolate en forma intermitente. De pronto ella se sobresalta y con los ojos abiertos en forma desmesurada le pregunta angustiada:

–¿Has tomado precauciones?

Él le acaricia el pelo suavemente, le da un chocolate en la boca y en forma lenta le dice:

–Tranquila, son sin azúcar.

Una voz en off anuncia: “Chocolates Valor. Placer adulto”.

Mi recordado maestro José Campillo criticaba severamente esta condena a la obesidad. En una ocasión le pregunte por qué prefería a las mujeres gordas que a las flacas, con toda solemnidad me ilustró: “Son mejores las mujeres gorditas que las flacas, las gorditas en invierno dan calor y en primavera dan sombra.”

Tenía una alumna gordita que me esperaba a la entrada de la clase para darme un abrazo tan intenso como efusivo, ante mi evidente timidez un día pasó mi temblorosa mano alrededor de su amplia cintura, al tiempo que me decía: “Acaricie maestro, acaricie, que donde hay carnitas hay fiesta”. Tesis con la que evidentemente deben de coincidir los habitantes de Santa Rosa Jáuregui.

La talentosa escritora Alicia Misrahi, especialista en el tema del erotismo y gastronomía, hace dos advertencias fundamentales. En primer lugar no se trata de darse un atracón para ponerse en un estado de excitación de marinero llegando a tierra después de un año en altamar. El placer erótico, que en la relación corporal se blinda con una buena dosis de pudor, en la comida también exige moderación y delicadeza. Son los sibaritas, no los tragones, los que entienden el sentido de la cocina erótica.

Segunda advertencia. Los alimentos afrodisíacos solamente sirven si son consumidos por personas con buena condición física y excelente estado de salud. Otra cosa es acariciar expectativas falsas y arriesgarse a un mayor quebranto físico. Al respecto recuerdo que un día acompañé a un amigo a la farmacia, al llegar escuché el medicamento que pedía, era los que recomendaba Pelé para no interrumpir la fiesta corporal. Al salir abrió la caja del medicamento y empezó a leer en voz alta las contraindicaciones, que decían más o menos así: “No es recomendable para los que padecen hipertensión o presión baja, enfermedades arteriales, o si padecen diabetes o son prediabéticos…” No terminó de leer las contraindicaciones y tiró lo que había comprado, al preguntarle por qué lo había hecho, más aún que le había costado bastante caro, con gran realismo dijo:

–No es para mí. Busco algo para mi edad y con mis achaques. Si yo no padeciera todos esos riesgos, estaría joven y saludable, y tampoco lo requeriría.

Yo agregaría otra advertencia, no es lo mismo preparar las recetas gastronómica-eróticas del pasado y utilizar los productos actuales. Un ejemplo. En la película “Como agua para chocolate”, de la novela del mismo nombre de la autora Laura Esquivel, se describe la elaboración de una receta de codornices con pétalos de rosa. Cuando este platillo es saboreado por su hermana, una mujer que era una mustia y reprimida sexual terrible –algo así como una queretana de las desde endenantes– le produce un efecto detonante a toda la añeja lujuria y sale corriendo al campo donde se desnuda. Como efecto de la comida, exhala un profundo olor a pétalos de rosa y busca desesperada en el horizonte un jardinero que le riegue su rosal.

Muy bien, conocedora de sus efectos de tsunami corporal, usted ahora quiere repetir la receta y dársela a su pareja. ¡Aguas! Tenga mucho cuidado, con la cantidad de cosas sintéticas con las que ahora se riegan las flores, puede provocar que el consumidor o la consumidora quede como cucaracha fumigada, dando vueltas, volviendo el estómago; exhalando un denso y espantoso olor a químicos, suplicando por un doctor más que por un amante.

Para terminar le pregunto a Olimpia, quien revisa y corrige este artículo:

–¿Cuál es tu comida afrodisíaca y romántica más sacudidora?

Responde:

–La que elabora y me invita mi pareja.

Te haré otra pregunta.

–¿Cuál es la comida menos erótica y menos romántica que puedas imaginar?

–En la que mi acompañante me pide que compartamos el pago de la cuenta.

Mujer moderna.

 

Espero sus comentarios en www.dialogoqueretano.com.mx, donde también encontrarán mejores artículos que éste.

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