Opinión

Estados Unidos y su relación con México

Por Daniel Muñoz Vega

Para Estados Unidos, la izquierda mexicana ha representado históricamente una amenaza. Hay que entender que la implantación del neoliberalismo en México se da por el apoyo del gobierno norteamericano de Reagan y Bush padre al priismo más conservador. Fue en el gobierno de Miguel de la Madrid cuando México firmó el GATT en 1986, exactamente cuando Ronald Reagan gobernaba los Estados Unidos.

 

De igual forma, Reagan impulsó al final de su periodo a Carlos Salinas de Gortari para que fuera Presidente de México en 1988, año que resultó trascendental para la historia política de México. Todos conocemos la historia de la imposición fraudulenta de Salinas; Reagan lo impulsó a él y también dejó en su lugar a George H. W. Bush.

A México le bastaron dos sexenios para implantar un modelo económico que era conveniente para los Estados Unidos, abrimos nuestras fronteras con todos los perjuicios y beneficios que esto trajo, hay que reconocer que no todo ha sido malo con el Tratado del Libre Comercio con EU y Canadá, pero en términos generales, el manejo de la economía desde hace 30 años ha sido equívoco y sobre todo, hemos estado sometidos al consenso de Washington desde hace más de 20 años.

Una de las frases más dolorosas, pero más exactas que expresó Adolfo Aguilar Zínser, fue aquella donde dijo que México era el patio trasero de los Estados Unidos. Esa política de sometimiento se hizo aún más evidente con los 12 años de gobierno panista. En la actualidad tenemos una compleja relación con el vecino país del norte debido a dos temas que resultan trascendentales para las dos naciones.

El primero es el tema del narcotráfico, donde los Estados Unidos no han logrado aceptar la parte de culpa que tienen por sus altos consumos de drogas; y el segundo, es el tema de la violencia generada por el tráfico ilegal de armas de su país hacia el nuestro. Ya no decir que la migración es un tema trascendental para ambos países, para nosotros lo es, pero dicho expediente parece estar traspapelado en el escritorio de Obama, quien ha sido un Presidente gris y tibio, pero que a pesar de los errores tiene amplias posibilidades de gobernar por cuatro años más la nación de las barras y las estrellas.

Los temas se tornan interesantes en vísperas de las elecciones federales de México, donde elegiremos al Presidente y renovaremos el Congreso de la Unión. No sólo nosotros tendremos elecciones, de igual manera Obama tratará de refrendar su presidencia ante el republicano Mitt Romney. Tanto para republicanos como para demócratas, les conviene que nuestra nación siga por el mismo camino en torno a la guerra contra el narco, ellos ponen las armas y nosotros ponemos la sangre, ellos ganan dinero armando a nuestros cuerpos policiacos y a la vez armando al crimen organizado, nosotros ponemos la degradación social.

La gran diferencia en la relación bilateral entre Estados Unidos y México, es que los norteamericanos ya no tienen el mismo poder de consenso, mucho menos tienen la credibilidad ni mucho menos los argumentos para sostener un modelo económico que a ellos mismos les ha resultado catastrófico, modelo que en gran medida es el causante de la tremenda degradación social en la que vivimos, modelo que es fabricante de carne de cañón para inscribir nuevos agentes a las filas del crimen organizado. A México le urge cambiar, a los norteamericanos les conviene que sigamos de la misma forma.

En días pasados vino el vicepresidente de los Estados Unidos Joe Biden, se entrevistó con los tres candidatos serios a la Presidencia de la República, de igual forma se entrevistó con Felipe Calderón. Como dato cultural, después de su gira de trabajo visitó a la Virgen de Guadalupe.

La respuesta de a qué vino Biden no podría resultar lógica desde el punto de vista de que quizá Obama sólo trabaje mes y fracción con el nuevo Presidente de México en caso de que perdiera las próximas elecciones de noviembre; sin embargo, esa variable podría no resultar válida ya que Estados Unidos siempre está con un pie adentro en nuestros asuntos internos. Pase lo que pase en noviembre con respecto a las elecciones norteamericanas, ellos tienen que sondear y evaluar el ambiente político mexicano para el cuidado de sus intereses.

La retórica es la misma de siempre, el gobierno norteamericano no se meterá (tanto) en las elecciones de julio próximo en nuestro país. También lanzan el mensaje de que serán capaces de trabajar con quien resulte ganador en la elección de julio próximo. De antemano, al régimen de Obama y en todo caso, a un régimen republicano, es obvio que les convendría trabajar con Josefina Vázquez Mota. Con los otros dos candidatos, tendrían que cabildear desde cero. Por lo pronto Obama tendrá de rival a un Partido Republicano dividido por su proceso interno; la lógica es que mantenga el poder cuatro años más, con la esperanza de poder desatarse un poco las manos para poder hacer necesarios cambios al interior de su país.

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