Opinión

Fuenteovejuna pervertido

«Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo,

termina por hundirse en el abismo».

Sófocles

Por: Omar Arcega E.  /twitter.com/ Luz_Azul

En el siglo XVII el escritor Lope de Vega crearía una de las obras teatrales más conmovedoras de la lengua española: Fuenteovejuna. El argumento está basado en un hecho real, quizá por ello es simple, desgarrador y brutal: el pueblo de Fuenteovejuna sufre las vejaciones del Comendador Fernán Gómez, en una ocasión este decide pedir el derecho de pernada, esto desata la furia de los habitantes que se unen, se revelan y dan muerte a este funcionario, cuando las autoridades llegan para castigar a los asesinos materiales no pueden hacerlo, pues nadie los delata. En otras palabras, una población que ante los agravios y la corrupción de un sistema, toma la justicia por su propia mano.

En este México violento que padecemos, cada cierto tiempo nos topamos con Fuenteovejunas pervertidos, es decir, la gente se une para hacerse justicia por propia mano, no contra un mal funcionario, sino contra presuntos delincuentes. Aproximadamente son 40 casos por año.  Sin ir más lejos la semana pasada dos hermanos que trabajaban como encuestadores fueron linchados en  Ajalpan (Puebla), todo porque alguien los señaló como secuestradores, entonces la policía intentó llevarlos al Ministerio Público, pero alrededor de 1,000 pobladores los golpearon y los incineraron en la plaza principal.

Debemos reflexionar en las actitudes de fondo que motivaron este hecho, pues sólo así tendremos una instantánea de lo que afrontamos como sociedad. En primer lugar tenemos una población asustada, sumida en la sospecha permanente. En este contexto es muy fácil creer que el otro es un posible asesino o secuestrador, parece que hemos hecho de la frase del dramaturgo Plauto «El hombre es el lobo del hombre» nuestro eje para relacionarnos con aquellos que salen de nuestros círculos de amigos o conocidos. Enfrentamos una desconfianza societal y en ella, es imposible construir los lazos que nos permiten reforzar nuestra vida democrática.

En segundo lugar, tenemos sectores de la población donde el estado de derecho, el respeto a las leyes, la confianza en los organismos e instituciones prácticamente es inexistente. Los dos jóvenes fueron retenidos por policías, pero los habitantes no confiaban en que fueran a recibir el castigo y correspondiente, por ello decidieron hacer justicia con propia mano. Una práctica que se antoja lejana en el siglo XXI, pero que nos muestra el descrédito que tienen las autoridades en ciertos sectores, ¿Falta de educación cívica? ¿Decepción del actuar de funcionarios por acontecimientos anteriores?, creo que un poco de ambas. Cuando los habitantes de una región no tienen introyectado el respeto a las normas estamos a un paso de la barbarie y muy lejanos a los ideales de una sociedad democrática y equitativa.

Finalmente, este hecho nos muestra los excesos a los que puede llevar la indignación de una turba, da la sensación que grupos de la población están sobre inflamables depósitos de agravios y desconfianzas que con el mínimo chispazo de “sospechosismo” explotan en acciones hiperviolentas. También nos revela lo fácil que es  manipular con informaciones cargadas de  suspicacia a una sociedad que percibe su entorno como violento e  injusto,  y por último lo irracional que se comporta una población embravecida.

Desconfianza hacia el otro y hacia las instituciones en un contexto de violencia son los ingredientes para que se opte por tomar la justicia en propia mano. Estas son las instantáneas que nos arroja este hecho. Asistimos a un Fuenteovejuna pervertido, a la unión todo un pueblo para en nombre de la justicia convertirse en tirano.  Es grave es que convirtamos esto en estadística y no en oportunidad para fomentar una cultura cívica. Y al respecto, tristemente, no abrigo muchas esperanzas.

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