Opinión

Gelman y Pacheco

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

UNO

Ese algo de poetas, esas sombras-poesía que hablan de esencias instaladas en su mente, mucho más allá de su, a veces simplona, cabeza.

Hace dos semanas, poco más, murió Juan Gelman, alguna vez dijo:

“La voz seguramente cambia, pero las obsesiones no: el amor, la niñez, la revolución, el otoño, la muerte, la poesía, siguen sumiéndome en la abierta oscuridad de su sentido, obligándome a buscar respuestas que nunca encontraré”.

 

Marcelo, hijo de Juan Gelman, había militado en distintos movimientos de izquierda. Fue secuestrado cuando su padre vivía exiliado en Europa.

Años más tarde, Juan Gelman pudo aclarar la suerte de Marcelo: en octubre de 1976, después de ser torturado, fue asesinado de un tiro en la nuca disparado a medio metro de distancia.

Un padre, Juan Gelman, vive la desaparición de su hijo. El contexto nada halagüeño del poder traicionero, mentiroso, autoritario y de muchas formas asesino. El poder de siempre, el mismo de los que tienen cualquier tamaño de poder. Trece años después, en el 89, Juan Gelman, un padre, siente los huesos y lo que fue carne del hijo depositados en un tambo de doscientos litros de cemento. México D. F., 14 de enero de 2014:

… querido Juan, has muerto finalmente.

De nada te valieron tus pedazos

mojados en ternura.

Cómo ha sido posible

que te fueras por un agujerito

y nadie haya ponido el dedo

para que te quedaras…

 

En la página desaparecidos.org se lee:

El 24 de agosto de 1976 se presentaron en la casa de Berta Schuberoff, mamá de Marcelo, personas fuertemente armadas. Allí también se encontraban Nora Gelman, hermana de Marcelo, y un amigo de ella. Obligaron a Nora y a su amigo a dirigirse al domicilio de Marcelo, de 20 años de edad, y María Claudia, de 19 años de edad y embarazada de 7 meses, quienes fueron secuestrados en su domicilio por personal de Orletti y llevados a ese campo de concentración.

Nora Gelman y su amigo fueron liberados 48 horas después. Marcelo y M. Claudia fueron vistos en el centro de detención «Automotores Orletti», centro de operaciones argentino-uruguayo del Plan Cóndor (sí, Estados Unidos).

En 1989, los restos óseos de Marcelo fueron exhumados por Equipo Argentino de Antropología Forense: su cuerpo fue encontrado dentro de un tanque de 200 litros en el canal de San Fernando.

A pesar de la intensa búsqueda que la abuela Berta realizara a través de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, recién a partir de gestiones ante el gobierno uruguayo, que realizara el poeta argentino Juan Gelman, padre de Marcelo, se supo, en los primeros meses de 2000, que María Claudia fue llevada por fuerzas de seguridad argentinas desde «Automotores Orletti» a Uruguay, donde dio a luz a una niña en el Hospital Militar de ese país.

La joven, María Macarena, fue entregada a un matrimonio uruguayo, quienes la anotaron como hija propia; él era comisario y actualmente está fallecido.

A mediados del 2000, M. Macarena realizó los análisis inmunogenéticos en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand y se confirmó así su filiación. María Macarena se reencontró con su abuela Berta, su tía Nora y conoció la historia de vida de sus padres.

Su mamá, María Claudia, continúa desaparecida.

DOS

Apenas nos dejó turulatos

José Emilio Pacheco. Ni qué decir nuevo de México y sus redentores. Porque los Pol Pot siguen vivos y muy cerquita. Dar la vida por un poco de lo que el todo no tiene, y repetir, repetir, repetir:

Alta traición

No amo a mi Patria.

Su fulgor abstracto

es inasible.

Pero (aunque suene mal)

daría la vida

por diez lugares suyos,

cierta gente,

puertos, bosques de pinos,

fortalezas,

una ciudad desecha,

gris, monstruosa,

varias figuras de su historia,

montañas

(y tres o cuatro ríos).

Lamento de Pol Pot

en su lecho de muerte

Intenté hacer el bien, propagar la bondad,

sembrar la justicia, hacer la dicha de todos.

Con tan noble propósito engañé,

asesiné, encarcelé, torturé, oprimí.

Yo, que era compasivo y solidario,

me convertí en uno más de los monstruos.

Ahora sólo puedo pedir perdón.

Y es en vano: los muertos no resucitan,

las heridas nunca se curan.

Así, al buscar la luz y la verdad,

Aumenté con la suma de mis crímenes

el plural sufrimiento de este mundo.

@rivonrl

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