Opinión

Giovanni Sartori: El homo sapiens duró poco, muy poco

Punto y seguido

 

Por: Ricardo Rivón Lazcano

 

Será la muerte y su rondín en pos de viejos o simplemente el cansancio, pero van varias ocasiones en que Giovanni Sartori se despide.

 

Para no errar lo hace en tono escéptico, sin embargo, la balanza se inclina al pesimismo.

Dice en las últimas líneas de sus 30 lecciones de democracia, publicadas en 2009: “Nos queda, en cualquier caso, la esperanza de que nuevas generaciones de jóvenes me desmientan. Yo he terminado. Ahora les toca a ustedes. Buena suerte”.

 

El gran teórico abrumado por la realidad, recurriendo a las retóricas de la esperanza y de la buena suerte depositadas en ciertas generaciones jóvenes.

 

No cree que la maquinaria democrática requiera de importantes innovaciones estructurales; le preocupan los maquinistas.

 

Para caracterizarlos recurre a La rebelión de las masas, de Ortega y Gasset. Maquinistas son el “hombre-masa”, hombres y mujeres insertados en posiciones directivas públicas, pero también comunes, viejos malcriados e ingratos que recibieron en herencia unos beneficios que no merecen y que, por consiguiente, no aprecian.

 

Hombres y mujeres (tirando más bien a viejos, insisto) cuya aparente fortaleza esconde debilidades, algo se ha ablandado en ellos como para que Ortega les llame “invertebrados”, sin espina dorsal.

“Los retos son durísimos y no estoy nada seguro que –este hombre-masa– pueda afrontarlos”.

 

Será el cansancio o, quizás, un tipo especial de optimismo que sólo surge en cercanía de la muerte.

 

El reciente 13 de septiembre, Giovanni Sartori se despidió de sus lectores hispanohablantes desde el @ConfabularioMx:

·         Siempre sostuve que la ciencia política en particular, y las ciencias sociales en general, deben ser, o intentar ser, disciplinas predictivas, capaces de prever: Science for what? Precisamente para guiar la acción.

·         Malthus, quien fue poco leído y mal entendido, aún vivía en una sociedad agrícola.

·         La invención de la máquina transformó la sociedad agrícola. Las máquinas requerían más máquinas, y por ende generaban nuevos empleos. Hasta el momento en que el mundo se saturó de máquinas… ¿Y entonces? Entonces se inventó la sociedad de servicios.

·         Nunca entendí con claridad la sociedad de servicios. Yo la entendí como una forma de resolver el desempleo generado por la sociedad industrial. Sin embargo, creó, como se podía prever, un ejército de burócratas en constante aumento y siempre más improductivo, la enfermedad se curó con un remedio peor.

·         También la sociedad de servicios tenía que explotar. Fue transformada en la ideología de la globalización.

·         Si la economía industrial está muerta, ¿qué es lo que queda? Queda la economía financiera, especulativa, su mercado es el mundo. Los nuevos economistas se lanzaron tras esta nueva pista, pueden ganar un montón de dinero especulando y manipulando el cambio de divisas. Nuestros políticos los contratan como consejeros y pagan generosamente sus servicios. Inventan trampas y artilugios de todo tipo. También gracias a las cadenas de televisión, en las cuales mangonean.

·         Recomiendan endeudarse, prometiendo nuevos milagros, predican que si ya hay recesión ésta desaparecerá el próximo año, o al año siguiente. Y a quienes a diario pierden su empleo, les prometen que van a conseguir otro. ¿Cómo? Es un remate de sueños. Por uno que se salva, cien tienen que hundirse. Menuda recuperación, por cierto.

·         El papa Francisco es agradable y hace bien en querer desmantelar la curia romana, pero pasa por alto las masacres cometidas por los cristianos y prefiere mantenerse entre los “suyos”. Lanza llamados ya obsoletos y no permite anticonceptivos ni píldoras del día después.

·         Escribí hace tiempo en Homo videns, que la ciudad liberal-democrática se basa totalmente en la capacidad de abstracción, en conceptos que no se ven (que sólo se pueden concebir), y que no se pueden hacer visibles. Dicha capacidad de abstracción es destruida por la televisión y el mundo de la red, por los cuales existe sólo lo que se ve.

·         El mundo real se está desmoronando. Desde que el hombre presapiens bajó de los árboles, su organización espontánea fue la tribu. Unas enemigas, otras afines, pero el jefe siempre fue el más anciano. Cuando fallecía, el mando pasaba al anciano sucesivo, y cada tribu se distinguía por colores diferentes, fiestas diferentes, costumbres diferentes y plumas sui generis. El homo sapiens duró poco, muy poco, y el mundo está tendiendo a deshacerse cada vez más, para volver al hombre presapiens.

 

@rivonrl

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