Opinión

Globalización y competencia

Perspectiva 2013

Por: Sergio Centeno García

En los últimos tiempos, gracias a la dinámica social y económica que ha impuesto la globalización, las relaciones interpersonales e intergrupales se han tornado más difíciles: hay lucha. Esta dinámica es semejante a la que en su momento aconteció en el siglo IV a. C., en la antigua Grecia, cuando como un resultado de las conquistas de Alejandro Magno el mundo griego se vio ampliado a gran parte de Europa y el hombre griego fue “arrojado” a un mundo distinto del que conocía y en él se vio solo, desamparado, abandonado a su suerte, porque ahora ya no bastaba ser virtuoso (digamos, buena persona) para ser feliz y contar con todo lo necesario para ello. Ahora lo único que contaba para abrirse paso en la vida, eran los conocimientos y habilidades que poseía, sólo sus “competencias” lo podían sacar adelante.

Abandonado en un mundo nuevo que no conocía, el hombre griego se veía ahora despojado de su lazo afectivo y efectivo que tenía con su “Polis”, en donde le bastaba que a la colectividad le fuera bien para que a él como ciudadano también, en donde su felicidad y bienestar material estaban garantizados con el solo hecho de colaborar en todas las empresas colectivas, en los asuntos de carácter público. Pero una vez desarraigado de la Polis, al hombre griego que antes era ciudadano sólo le quedaba “rascarse con sus propias uñas”, el ciudadano había desaparecido y emergía el individuo.

 

Con la desaparición del ciudadano, desaparecía también la tendencia a la solidaridad, al trabajo colaborativo y al auxilio colectivo, de ahora en adelante, prevalecería la máxima “primero yo, después yo y siempre yo”, lo que contaba ahora era competir para ganarle al otro, se tenía que ser “competente”, de lo contrario, el fracaso era una garantía, pues ya no vendría la colectividad a auxiliarle en sus circunstancias difíciles. La primera “globalización” había llegado.

Algo parecido sucede en nuestros días, lo que hoy prevalece es la competencia con el otro, el querer “ser mejor” que el otro, pero no como persona o como ser humano, sino como ente social poseedor del recurso económico necesario para adquirir y consumir. Por eso mismo, afirman los que dicen saber, al hombre de hoy le gana su lado animal por encima del racional: vive el día a día peleando con el otro por territorio y comida, lo cual se hace evidente en la lucha que cotidianamente se vive en los centros de trabajo, en donde no importando si las estrategias son limpias o no, honestas o no, lo único que se busca es ascender en el escalafón laboral, subir en los puestos y salarios. Y si para lograrlo se tiene que pasar por encima de los otros, no hay problema: el fin justifica los medios. En los centros de trabajo el empleado mediocre intriga, calumnia, difama al otro que considera brillante para quedarse con su puesto. Hace “grilla barata” con tal de quitarlo del camino. Y si se trata de un país como el nuestro, donde la Cultura del Chisme y el rumor está tan arraigada, esta estrategia parece siempre tener éxito.

Gracias a la dinámica que ha impuesto la globalización, donde priva un individualismo a ultranza, la convivencia cotidiana entre los seres humanos se ha vuelto cada día no sólo más caótica, sino incluso, más violenta, por ejemplo: alguien se transporta en bicicleta por las calles de una ciudad donde no caben ni los coches, y al transitar de ese modo y asumir que tiene derechos, pelea neuróticamente el espacio que concibe como propio, y en el camino encuentra a un conductor que cree tener los mismos derechos, el ciclista se atraviesa al vehículo del conductor, ambos se asumen dueños de la calle, se insultan y finalmente, el conductor persigue al ciclista y lo estrella contra una pared o poste. Muere el ciclista.

La violencia entre personas y entre grupos es cada día más frecuente, es innegable: la lucha o la “competencia” por la comida y el territorio llevan al absurdo de que por un simple incidente de tráfico, dos personas que jamás se han visto en su vida pueden matarse entre sí.

Predomina por lo largo y ancho del orbe la mala relación interpersonal, el odio, el rencor, el resentimiento, y sobre todo: la envidia. Y entre los grupos o países esto es también cotidiano. Todo sea por la famosa globalización.

sergiocenteno05@live.com

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