Opinión

¡Gracias totales, Gustavo!

Por: Rafael Vázquez Díaz

Ahí al frente, en un rincón escondido de una pequeña iglesia blanca con ribetes dorados, un niño toca la guitarra y canta alabanzas en un barrio de clase media, Villa Urquiza, ubicada en la zona norte de Buenos Aires, Argentina. Aficionado a los deportes, a jugar en la calle, correr entre los callejones de su barrio, dibujar, leer sobre los griegos y la música del “flaco” Spinetta que suena en la radio, vivía un niño con ascendencia italiana: Gustavo Adrián Cerati Clark.

Llamado por la vocación de las notas y por la enorme influencia cultural de unos sesenta políticamente burbujeantes en todo el mundo, crece mientras los militares en los gobiernos ejercen el terror y los estudiantes contestatarios de todo el mundo son reprimidos a palos. El entorno punk-rock de la época (con exponentes internacionales como The Police: “Nuestros supuestos líderes hablan, con palabras intentan encarcelarte, subyugan a los mansos, pero es la retórica del fracaso…” – Spirits in the material world) llegaron a influenciar mucho a Cerati, que también encontraba en la voz de Atahualpa Yupanqui un sonido propio, regional, folklórico, que venía popularizando Mercedes Sosa, Alberto Cortez o Jorge Cafrune, militantes activos de la época.

Así fue como tras un par de bandas en las que Cerati era el guitarrista -“ni siquiera el compositor”, confesaría con cierta vergüenza posterior-, decide junto a Zeta Bosio (Héctor Pedro Juan Bosio Bertolotti) buscar un sonido propio, que acabaría decantando en Soda.

En aquellos años ochenta, cuando la asociación de Cerati y Bosio se encuentra con la batería de Charly Alberti (cuyo verdadero nombre es Carlos Alberto Ficicchia Gigliotti, y traía la música en las venas, pues era hijo de un reconocido baterista argentino, Tito Alberti que dirigía la famosa orquesta “Jazz Casino”), surge “Los Estereotipos”, banda larvaria que al poco tiempo evolucionaría en Soda Stereo.

Por aquellas épocas conoce al jovencito Andrés Calamaro, que comenzaba también a pulir su estrella. Valga aquí detenerse y señalar una anécdota que se inscribe en el pasillo interminable de los rumores: en el año 2010, cuando Cerati ya se encontraba en coma, hubo una reunión bastante emotiva de varios artistas cercanos al círculo de Cerati: (Calamaro, Vicentico –de quien se dice también le dedicó la canción “El rey del rock & roll”- Dante Spinetta, Pablo Lezcano, Emanuel Horvilleur y hasta el entonces Jefe de Gabinete de la Nación Argentina, Aníbal Fernández) en torno a la grabación del video “Tres Marías”, cuya letra apunta al estado convaleciente de Cerati (que había sufrido recientemente un accidente cerebrovascular isquémico): “…una de las tres Marías sigue brillando se está apagando, pero sigue brillando, afuera el planeta rojo para parpadeando, mi vieja estrella está dormida…”

Sin embargo, en los 80 y 90, Soda vivió una cascada de éxitos: Siete discos, quince años de forjar una identidad de rock latinoamericano en español. El florecimiento de dicho género se debió no sólo a tipos como Cerati, sino al florecimiento de una primavera del rock argentino: Charly García (Sui Géneris, Serú Girán), Pappo y Andrés Calamaro (Los abuelos de la nada), Fito Paez, León Gieco, quien fue interrogado por el mismo Roger Waters en el 2012 sobre la salud de Cerati, a quien había conocido gracias a un tema grabado para la fundación “Alas” de Shakira.

Los recuerdos de Cerati son muchos y muy sentidos. Trascienden al ámbito de la música y son más importantes que la separación de Soda y su posterior reencuentro. La expansión del rock en toda Latinoamérica en una época en la que la “Doctrina de Seguridad Nacional” cerraban muchos espacios incómodos en toda América, fue un espacio de catarsis y expresión.

No fue sólo la distinción postcoma de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como “Ciudadano ilustre”, fue su trabajo a lo largo de una carrera en temas como “Zona de Promesas” en el último disco de Mercedes Sosa, “Cantora”, en el 2009, cuya letra: “Mama sabe bien, pequeña princesa, cuando regrese, todo quemaba… Tarda en llegar, y al final, al final , hay recompensa en la zona de promesas…” ha sido un himno reciente debido a todos los niños que nacieron de los desaparecidos durante la dictadura argentina, que crecieron bajo otra identidad y ahora, tras investigaciones y pruebas de ADN, están descubriendo a sus verdaderas madres o a sus abuelos.

Así como los artistas son influenciados, creados, por los espacios que habitan, el mote de “La ciudad de la furia”, ha sido rápidamente popularizado para referirse a Buenos Aires gracias a la canción homóloga del álbum “Doble vida”, cuyo video muestra imágenes de la Calle Diagonal Norte y algunas zonas de la céntrica calle Florida y el Barrio de San Telmo. Soda rinde un homenaje a Buenos Aires y seguramente la ciudad de sus amores le responderá de la misma manera, particularmente en Avellaneda, en donde los hinchas de “La guardia imperial” harán resonar los cañones de honor en torno a uno de los más famosos seguidores de “La Academia”, como también se conoce al Club de Racing.

Cierro este pliego de remembranzas con una historia personal: hace un par de meses, mientras estaba en Buenos Aires, vi a un grupo tributo a Soda llamado “Sobredosis de Soda”: todo un espectáculo ver a este trío de jóvenes talentosos cuya pasión por la trayectoria de una de las bandas argentinas más conocidas a nivel internacional es evidente. Mucha calidad, pero sobre todo mucho trabajo en cuidar los detalles de un homenaje constante a Cerati y a su legado. Si vienen a México, es un espectáculo muy recomendable.

¡Gracias totales, Cerati!

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