Opinión

¡Hasta pronto Ramón!

Por Omar Árcega E.

Me enteré como se estila en estos tiempos, a través del twitter. Como todos, recibí la noticia con estupor, sorpresa y desconcierto, el apasionado de la historia, dedicado investigador, hábil jugador de ping pong y discreto poeta, nos dejó sorpresivamente, días antes una infección respiratoria fue el único problema de salud público y notorio.

Las primeras enseñanzas

Como en toda partida, los que nos quedamos experimentamos dolor y nostalgia, son estos sentimientos los que me impulsan a escribir, quizá con el afán de que yo mismo no olvide las enseñanzas que me dejó el maestro Ramón del Llano. A él le conocí en mi primer semestre de la carrera, impartió la clase de “métodos de investigación documental”, el primer libro que compré en mi etapa universitaria fue recomendación suya. En esos meses junto con las técnicas de investigación, nos trasmitió su pasión por indagar, analizar y observar el mundo que nos rodea; nos impulsaba a hacerle preguntas a la realidad y luego contar las herramientas necesarias para contestarlas. Entre clase y clase, hombre sensible, expresaba su preocupación por entender y hacerse entender por las nuevas generaciones. El curso terminó con una práctica de campo en Colón, donde con tino didáctico nos hizo experimentar la precisión que requiere indagar y con talante humano nos mostró la importancia del compañerismo y la amistad.

Nos volvimos a encontrar como maestro-alumno, en los semestres avanzados de la carrera, allí descubrí al sociólogo apasionado de la historia, entonces el método del aprendizaje centrado en el alumno, avanzaba en la pedagogía universitaria, Ramón nos hablaba de él, y decidió ponerlo en práctica en sus clases, desde el principio nos impulso a pensar en un acontecimiento histórico concreto que nos apasionara, desde ahí cada quien, bajo su guía, construiría el conocimiento del periodo histórico correspondiente, fue un semestre de pasar muchas horas en la biblioteca, de sentir cómo un tema de interés era el motor de mi aprendizaje. Sus formas de evaluar dejaron de ser las una y otra vez repetidas en la Facultad, junto con el saber se calificó la habilidad de encontrar información, de transmitirla y de concatenar distintas ramas de la sociología; como en toda innovación a algunos disgustó la propuesta, pero en lo personal fue altamente pedagógica para mí.

En esos meses, se me reveló el Ramón conocedor de la Guerra Cristera, preocupado de cómo la religiosidad había cincelado el ethos queretano. Por ese tiempo nos comunicó con emoción que había sido aceptado en el SNI, lo cual aceleró la producción de obras para mejor entender la historia de Querétaro. Meses después de terminar ese semestre, tuve la oportunidad de reportear para Tribuna la presentación de uno de sus libros: El Partido Católico y el primer Gobernador de la Revolución en Querétaro: Carlos M. Loyola (Tribuna, 357), estuvieron presentando esa obra los académicos Gabriel Muro y Efraín Mendoza Zaragoza, allí Ramón planteo una serie de reflexiones sobre las religiones en el mundo actual y futuro, su vena sociológica pergeñó una serie de caminos e interrogantes.

No todo es academia

Tuve el honor de ser invitado a las alegres tertulias que organizaba en su casa de la colonia Niños Héroes, allí, compartiendo deliciosos tempranillos descubrí al Ramón alegre, dicharachero, bohemio, excelente conversador, bailador; disfrutaba ser anfitrión, hacer que la gente se conociera, conviviera y riera. Siendo responsable del área de posgrado, firmó mi carta de presentación para hacer un “Verano de la ciencia” en la Universidad de Aguascalientes, cuando le planteé la idea la recibió con gusto y me animó a seguir en mi propósito.

Al salir de la carrera, le perdí la pista, pero al volver a la Facultad de Ciencias Políticas a cursar la Maestría nos volvimos a encontrar, ahora se estaba convirtiendo en un experto sobre Maximiliano de Habsburgo, le seguía preocupando la historia de Querétaro y el papel que jugó la Iglesia católica en ella, pero también tenía los ojos puestos en el futuro, le inquietaba sobremanera la espiral de violencia que se vive en México, en Consejo Académico propuso la creación de foros donde como universitarios discutiéramos las orígenes de esta problemática y sobre todo, se dieran propuestas para su solución, argumentaba que éste era un deber que la Universidad tenía para la sociedad, a raíz de estas propuesta ya se realizó uno de esos encuentros. Esta inquietud también lo llevó a ser coordinador de una obra colectiva Los nuevos círculos del nuevo infierno, en donde diversos intelectuales reflexionan sobre el presente y el futuro de nuestra nación.

El visionario

Hombre de compromiso social, en la primera manifestación de los “indignados” en Querétaro estuvo presente y se solidarizó con la causa. Le tocó vivir el más reciente proceso electoral universitario, fue miembro de la Comisión Electoral de la Facultad. En el fragor de esta elección, comentó un par de ideas para mejorar la calidad de los servicios educativos de la UAQ, hombre de propuestas, hasta el último momento lo mostró, quizá el mejor homenaje que se le podría hacer es llevarlas a cabo.

Estos fueron mis encuentros con el historiador, el sociólogo, el poeta silencioso; la mesa de ping pong ya no será la misma sin su animosidad e ímpetu, Ramón fortaleció mi amor por la historia, me hizo darme cuenta de lo apasionante que es investigar, aprendí que como sociólogo debo dialogar con el pasado, presente y futuro. Sólo puedo decir, descansa en paz.

 

twitter.com/Luz_Azul

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