Opinión

Hay esperanza

JICOTES

Por: Edmundo González Llaca

El domingo en el Ángel de la Independencia coincidieron dos marchas, una a favor de la “familia natural” y por el otro lado los partidarios de la diversidad sexual y las familias conformadas por dos miembros del mismo género. Los que estaban a favor de la “familia natural”, resaltaron que la marcha no era contra los homosexuales, lo que es un avance en el reconocimiento de la diversidad sexual.

Fue una jornada cívica sin incidentes mayores, algunos se vieron feo y gritaron una que otra burla, pero no hubo heridos, muertos ni desaparecidos. Los dos grupos practicaron una virtud ciudadana: la tolerancia. Tolerar no es arrear banderas y renunciar a las convicciones ni menos aún desistir en su defensa. Tolerar es el reconocimiento de la existencia del otro y desechar como estrategia de lucha la violencia, realmente no es mucho, pero es la condición mínima para dialogar con respeto. Felicidades a los dos grupos, es una esperanza para la convivencia pacífica.

Tolerancia y algo más

Ciertamente que la tolerancia es condición para la convivencia pacífica, pero no es suficiente para superar la actual controversia entre los que defienden la “familia natural” y los simpatizantes de la diversidad sexual. La tolerancia invita al diálogo y al respeto, lo que obliga a determinadas actitudes de los dialogantes. Evitar los fanatismos, que son en sí mismos un exceso, cuando la inteligencia es matiz.

Ningún grupo puede asumirse como monopolista de la verdad. Huir de los prejuicios, evitar cubrirse con el manto de los estereotipos antes de preocuparse en pensar, pues como bien dice Einstein, es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

Finalmente, practicar la empatía, ponerme en el lugar del otro, tratar de reconocerlo y comprenderlo. Los dos grupos se dicen motivados por el amor, buena ocasión para demostrarlo, pues el amor es ayudar al otro a ser él mismo, cooperar con él, ya no a pesar de nuestras diferencias sino con nuestras diferencias.

Trump arrastrado en el debate

En el debate de los candidatos presidenciales de Estados Unidos, Trump lució de mal humor, ignorante, furioso, simplista, atrabancado, mentiroso y mal educado. Interrumpió varias veces a Hillary Clinton. Increíble que este gesticulador sin gracia, un simple payaso en decadencia, pueda ganar la presidencia del país más poderoso del planeta. La política también la hacen los géneros, Hillary, aunque le falta un poco de sentimiento, representó lo mejor del femenino: pulcra, bien informada, prudente, risueña, sólida, armónica, pero defendiendo con determinación sus puntos de vista. Trump encarnó lo peor del masculino, es decir, en su versión machista. El tipo que, como lo describía Monsiváis, trata de imponer su agenda testicular. Todo se resuelve con la prepotencia, la coerción y la fuerza. Después de ver el debate espero que el electorado disipe sus dudas y vote por Hillary Clinton.

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