Opinión

Iguala-Ayotzinapa

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

Todos somos agujeros negros

 

Hace un año escribí, más o menos:

Uno

Ayotzinapa. Etcétera.  Más vale no hacerse ilusiones. Iguala está lejos de Querétaro pero no tanto. La misma clase política, los mismos ideólogos acomodaticios y confortables, con sus manifiestos y sus manifestaciones que, dicen, de todos modos hay que hacerlas. La misma compleja sociedad civil.

El dolor y la indignación, el coraje y las lágrimas, tobogán en que se deslizan oportunistas de toda laya. Los muertos no acaban de irse. Habitan las mentes de los familiares y amigos que les perduran. No acaban de irse pero no hay manera de regresar. Vivos los quieren pero el nudo en la garganta habla ya de la resignación que resiste.

Lejos de Querétaro pero no tanto. En los pasillos violencia contenida, venganza y miedo. Obsesión y enojo. De la moral privatizada irradia instrucciones de vida, o no vida, de los otros. Y la vida de los otros pende siempre del hilo que el poderoso sostiene.

En el capitalismo tardío, el neoliberal, el salvaje y penetrante, el dinero es todopoderoso. Es, propiamente, el “Todopoderoso”. Es clase política, élite económica y pueblo sicario.

Dos

Soy pesimista. Las movilizaciones de indignación y enojo –junto con las de oportunistas y despistados-, no modificarán la dinámica estructural del sistema político y social mexicano.

Más allá de acontecimientos dolorosos, terroríficos, más allá del dolor de sensibilidades consanguíneas y de afectos cercanos, la dinámica sistémica obedece a sus propios tiempos y procesos de autoajuste.

La violencia es agresividad, sí, pero agresividad alterada, principalmente, por la acción de factores socioculturales, políticos, económicos, que le quitan el carácter automático y la vuelven una conducta intencional y dañina.

Tres

Si la culpa es del Estado, entonces de nadie es la culpa.

El Estado no es el reino de la razón (Marx), sino de la fuerza; no es el reino del bien común, sino del interés parcial; no tiene como fin el bienestar de todos, sino de los que detentan el poder; no es la salida del estado de naturaleza, sino su continuación bajo otra forma.

El Estado es el reino de la sinrazón, por ello la vileza le es consustancial.

Pero así como la globalización no existe sin lo local, el Estado no existe sin humanos y sus interacciones. No de cualquier hombre o mujer, sino de ciertos humanos que ocupan ciertos espacios y cumplen ciertas funciones. Digámoslo de una vez, no todos los habitantes de un país son responsables del funcionamiento del Estado, aunque formen parte de él.

El Estado no es más que el bozal (Schopenhauer) que tiene por objeto volver inofensivo a ese animal carnicero, el hombre, y hacer de suerte que tenga el aspecto de un herbívoro.

El bozal se afloja con el uso y el descuido, se debilita, el animal carnicero se muestra sin matices.

Cuatro

Las pasiones de la convivencia humana:

La compasión es la tristeza propia por la tristeza ajena (pena me da tu pena).

La envidia es la tristeza propia por la alegría ajena (pena me da tu contento).

El morbo es la alegría propia por la tristeza ajena (contento me da tu pena).

La alegría empática es la alegría propia por la alegría ajena (contento me da tu contento).

La autoestima es la alegría propia por la alegría propia (¡qué contento me da mi contento!).

La autocompasión es la tristeza propia por la tristeza propia (¡qué pena me da mi pena!).

La tristeza propia es la contradicción del melancólico (pena me da mi contento).

La alegría propia por la tristeza propia es la contradicción del nostálgico (contento me da mi pena).

La compasión es el motor del progreso moral.

La alegría empática es el motor del progreso social.

La envidia es la resistencia al progreso social.

El morbo es la resistencia al progreso moral.

La autoestima es el motor del progreso creativo.

La autocompasión es la resistencia al progreso creativo.

Ahora bien, la historia y la geografía del progreso moral es la historia y geografía del ejercicio de la compasión y, por inferencia contraria, la historia y la geografía de su principal resistencia, el morbo, ese alegrarnos por la tristeza ajena.

(Sin revolución en las pasiones de la convivencia se mantiene el eterno retorno de las hipocresías y sus violencias.)

(Las referencias están allá, hace un año)

@rivonrl

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba