Opinión

Impuestos

 

 

Por:Efraín Mendoza Zaragoza

 

El tema de los impuestos es quizá el más impopular de todos los azotes. Su nombre mismo causa urticaria: es una absoluta imposición, su pago es forzoso y el costo del impago es brutal. Recibir un correo o un requerimiento del cobrador con las bien identificadas siglas, “SAT”, es lo más próximo al terrorismo.

Alguna vez escuché a la doctora Amparo Casar que en materia fiscal, México “está en el peor de los mundos posibles”, pues destaca entre los países de menor recaudación y entre los de más alta evasión en el mundo. Entre las causas figuran, por ejemplo, que los mexicanos perciben al régimen fiscal como injusto y que sus impuestos no corresponden a los servicios que reciben. Y las vías para evadir el pago de los impuestos son del tamaño de la imaginación de los contadores, que incluyen la facturación y deducción de operaciones simuladas, por ejemplo.

Un estudio revela que en 2001 los ciudadanos percibían que el sistema fiscal beneficiaba a los ricos. Eso creían 64 de cada 100 mexicanos. Razón no falta a esos mexicanos malpensados. Rara vez podemos disponer de evidencias o de alguna confesión de parte. Por eso es importante traer a cuento hoy que hace algunas semanas la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha confirmado que esa percepción es correcta. El mismísimo José Ángel Gurría, secretario general del organismo, reconoció un atraco del tamaño del mundo: “las multinacionales hoy prácticamente no pagan impuestos”, dijo. Y no los pagan “ni en los lugares de nacionalidad ni donde están establecidas”, dijo textualmente.

Recordó que desde la creación de la Liga de las Naciones, buscando evitar la doble tributación lo que se consiguió fue todo lo contrario: “inventamos entonces un caso perfecto de la no tributación”, dijo el funcionario global. Y como es mexicano, se dio el lujo de bromear y consolarnos diciendo que estuviéramos tranquilos porque “las multinacionales son muy democráticas”, pues México no tiene el privilegio de ser el único en sufrir el atraco de las multinacionales. Y luego admitió que una razón fundamental de este gravísimo comportamiento es que los Estados han puesto el entramado legal al servicio de esas poderosas empresas, de modo que para no tributar emplean complejos mecanismos jurídicos y oscuros laberintos contables. Gracias a diversas maniobras, según explicó, reducen la utilidad y lo que queda lo llevan a paraísos fiscales “donde pagan dos o uno o cero por ciento o lo convierten en una fuente de intereses, que son deducibles, o lo convierten a fuente de dividendos en otros países donde están exentos”. Total, sigue diciendo el inefable señor Gurría, que al fisco “sólo le quedan las medianas y pequeñas empresas para cobrar los impuestos”. Pues sí, cuelan al mosquito pero dejan pasar al camello.

Un caso de escándalo es la empresa Apple, la más poderosa del mundo, y que ha tenido un crecimiento espectacular pues en 2007 no figuraba siquiera entre las 100 más caras del planeta. Pues resulta que esa empresa norteamericana no paga impuestos en ninguna parte, ni en Estados Unidos, que es donde tiene su domicilio fiscal, ni en México donde tanto vende. Ni en ninguna parte. Empresas pertenecientes a esta cúpula de privilegiados del mundo, como Starbuck’s, McDonalds, Google o Amazon, mediante trampas contables, laberintos legales y transferencias a paraísos fiscales, cada año dejan de pagar a los erarios locales cifras siderales superiores a los 100 mil millones de dólares.

Casi en voz baja, porque el dato no ha merecido la atención pública que requiere (hemos andado muy ocupados con las empresitas de la señorita Del Castillo), el gobierno de México ha reconocido que ya identificó a más de 20 multinacionales que hacen espectaculares negocios en México y no pagan un peso de impuestos. Con la mayor tersura del mundo, el secretario de Hacienda mexicano reveló que esas empresas ya aceptaron sentarse a platicar para ver de qué modo se arreglan con el gobierno mexicano.

Al amparo de un programa bautizado con el hermético nombre de Erosión de la Base Disponible y Traslado de Beneficio, la OCDE ha anunciado que está empeñada en conseguir que de aquí en adelante esas empresas paguen al fisco, en lo que será una “acción revolucionaria”, que acabará con 80 años de atraco. Maestro de la trivialización de los asuntos graves, el titular del Centro de Políticas Fiscales y Administración de la OCDE, dijo que con esto terminará “el recreo” de las multinacionales.

Pues ni recreo ni revolución. En sentido estricto, si existiera la justicia tributaria en el mundo, las multinacionales evasoras no sólo tendrían que ponerse al corriente con el pago de sus impuestos, tendrían que pagar todo lo que evadieron durante el siglo XX y tendrían que indemnizar al Estado por los daños que su evasión ha causado todo este tiempo, pues es alto su perjuicio en la forma de pobreza y desigualdad crecientes.

Tendrían que devolver la riqueza mal habida. Resarcir el daño, como llaman a esto los auditores. Pues este fabuloso recreo trajo a la minoría poderosa fabulosos beneficios. Hace cinco años la mitad de la economía estaba en manos de 388 sujetos; hoy esa proporción de riqueza está en manos de sólo 62. De ese tamaño es la rapaz concentración. De ese tamaño es el saqueo.

 

Ciudad de Querétaro, enero 21, 2015

 

 

 

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