Opinión

Invisibles y perseguidos

Por Omar Árcega E.

Los focos rojos se prendieron hace casi un año, los activistas que se encargan de brindar ayuda humanitaria a los migrantes centroamericanos que cruzan por México, una buena parte de ellos sacerdotes y laicos comprometidos, pidieron la creación de leyes que les protegieran y reclamaron un compromiso mayor del Estado para su protección. Las peticiones no eran en vano, pues al auxiliar y proteger a migrantes estaban afectando sucias complicidades entre bandas de criminales y autoridades, los ingresos que para grupos de la delincuencia representaban las personas en tránsito estaban disminuyendo, entonces iniciaron una ofensiva contra sus únicos guardines.

Poco hicieron las autoridades un poco por negligencia y otro tanto por impotencia, el acoso contra activistas pro migrantes continuo y lamentablemente tuvo poco impacto mediático. Esta dinámica perversa volvió a salir a la luz con la salida del país del padre Alejandro Solalinde, el sacerdote fundador y coordinador del albergue Hermanos en el Camino, de Ixtepec, Oaxaca, las razones fueron una serie de repetidas amenazas hechas en el corto tramo de dos meses. Antes de salir del país señaló como posible responsable intelectual de su persecución al ex gobernador priista Ulises Ruíz.

Candidatos ni ven, ni oyen

Pese a encontrarse fuera del país, sus llamadas de atención siguen, desde Suiza nos recuerda que al calor de la campañas electorales ninguno de los cuatro candidatos tiene en su agenda propuestas concretas para evitar el abuso a los migrantes. Pero va más allá, afirma que ninguno de los aspirantes ha visitado su albergue, esto es importante pues para impulsar una política primero se debe estar sensibilizado sobre la problemática, esto se alcanza viendo, oliendo, palpando in situ los desórdenes que generan estas dinámicas, algo que nuestros presidenciables desconocen.

Esta falta de atención, en buena medida esta propiciada por el hecho de que los migrantes no votan, de que al ser extranjeros y provenir de entornos de vulnerabilidad económica a sus familiares se les dificulta su búsqueda y por lo tanto quedan invisibilizados, no existen para la gran mayoría de los mexicanos, por lo tanto tampoco son relevantes para nuestros políticos. Afortunadamente esta situación parece haber iniciado un lento cambio; gente con capacidad de atraer reflectores como el padre Solalinde o el obispo Raúl Vera están generando que de cuando en cuando los medios de comunicación muestren estas injusticias y esto impacte a la gente. Lamentablemente el proceso es lento, cada día que pasa hay migrantes, hombres y mujeres de carne y hueso que son víctimas de extorsiones, vejaciones e incluso les es arrebatada la vida.

Un esfuerzo conjunto

No debemos pasar por alto la advertencia del padre Solalinde, sin importar quién gane las próximas elecciones, no se tiene contemplada una política de Estado para proteger a migrantes y activistas. Es decir, se combate al crimen en su modalidad de narcotráfico pero no en la trata de personas, con lo cual queda abierto un nicho donde muchos criminales prefieren incursionar por haber un mayor alto grado de impunidad. Con lo cual la violencia no se combate, simplemente se traslada a otras coordenadas sociales.

Ante esto sólo queda la acción decidida de la sociedad civil organizada, de las iglesias y las universidades. Se debe generar sinergia entre estos actores para seguir presionando a las autoridades políticas para que generen líneas de acción. Esto no debe quedarse en esfuerzos nacionales, se necesita la cooperación de los gobiernos, organizaciones y credos centroamericanos, del mexicano y del estadounidense. Todo un reto global, pues hay una multiplicidad de intereses y visiones que deben ser consensadas. Por lo pronto la Iglesia católica lleva realizando varios encuentros a nivel de obispos de los países involucrados, donde se generan líneas de acción concretas, pero desde la perspectiva del padre Solalinde estos esfuerzos no son suficientes.

Esta problemática, aunque es estructural, no nos exime de nuestra responsabilidad individual, cada uno desde nuestras respectivas trincheras debemos esforzarnos por hacer visible esta dinámica perversa. En Querétaro existen varias “casas del migrante” donde se les acoge y brinda apoyo humanitario, allí siempre hacen falta manos, ropa y víveres, desde nuestras posibilidades podemos cooperar con ellas. En este sentido es loable como la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ se ha vinculado con activistas pro migrantes y les ha brindado espacios para concienciar sobre este drama.

Lamentablemente, una gran parte de la población y de los políticos no visualiza este drama, pese a que cada vez más familias mexicanas se ven involucradas en él. Los hombres y mujeres con acento centroamericano, que cada vez es más común encontrar en los semáforos pidiendo algunas monedas, no deben sernos indiferentes, tienen una dignidad, una familia, un nombre y la desgracia de no tener una subsistencia en su tierra, situación que dada la actual crisis económica nos puede alcanzar a mí y a ti.

twitter.com/Luz_Azul

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