Opinión

La caballada relincha

Por: Omar Árcega

Y finalmente se corrió el telón, el misterio se reveló. Lo que era un secreto a voces ya se ventiló abiertamente en los medios de comunicación. Nos referimos a la contienda por la rectoría. Los tiradores han dado la cara, sus equipos afinan las estrategias. El clima electoral se empieza a respirar en la plural Universidad Autónoma de Querétaro.

Como contexto lejano tenemos la turbulenta elección anterior, todos recordamos cómo las divergencias entre los diferentes actores llegaron a tensiones pocas veces vistas. Muchos quedaron sorprendidos de la incapacidad de lograr acuerdos y de lo bajo que se podía caer en medio de una contienda electoral.

El pacto

La pasada elección fue una gran enseñanza para todos los universitarios, vimos lo que nunca se debe hacer, lo que se debe evitar a toda costa. Con la finalidad de generar las condiciones para que esos comportamientos no se vuelvan a repetir, propongo que los contendientes y sus equipos cercanos firmen o públicamente acepten realizar sus campañas con base en 5 puntos.

El primero sería tener claro que se cuestionan propuestas, ideas y acciones institucionales, no personas. Lo que está en juego son proyectos de universidad. La vida privada de los actores, en principio, no pinta nada. Es válido cuestionar visiones, pero siempre teniendo en claro que la dignidad de las personas no puede ser blanco de las estrategias electorales.

El segundo es que los candidatos hablen de sus acciones y logros. No está permitido hacer campaña manifestando los defectos o errores de los contrarios. Una campaña propositiva se hace al exaltar las bondades de mi proyecto, puedo contextualizar la riqueza de mis ideas señalando dinámicas que no considero pertinentes, pero nunca personalizando. Este punto debe ser especialmente seguido por los promotores del voto; los equipos cercanos de los candidatos deben sensibilizar a sus operadores sobre esto; de no hacerlo, el clima se puede enrarecer.

El tercero sería que los candidatos y sus equipos reconozcan que, más allá de la lucha por puestos de poder, lo que está en juego es la búsqueda del mayor bien de la Universidad. Una institución que ha contribuido a formar el Querétaro de hoy y debe estar lista para educar a las generaciones de las próximas décadas. Pónganse gafas de estadistas.

El cuarto punto sería indicar a los promotores del voto que deben comportarse con decoro ante los candidatos opositores y sus adeptos. Finalmente, todos son universitarios, todos -de una u otra forma- han contribuido a su desarrollo. Por lo tanto, debe primar la cortesía, la Universidad nos hermana.

Y finalmente, pero no menos importante: Las redes sociales deben usarse para difundir las propuestas de los candidatos; no para descalificarlos. Quienes manejen las páginas deben hacerlo con corrección, decoro y educación. Las guerras sucias sólo desprestigian a todos los contendientes y hacen que sea más difícil hacer negociaciones poselectorales.

A estos puntos que competen a los candidatos y sus equipos hay dos consideraciones que se debe añadir. La primera es que en un proceso electivo es vital que la comisión electoral tenga el respaldo, el respeto de todos los candidatos. Esto es parte de la fuerza de su legitimidad; el otro tanto le viene de cómo fue elegida. Recordemos que la suma de parcialidades no crea la imparcialidad. Por lo cual, debe generarse un mecanismo para que los integrantes de este órgano tengan la condición indispensable de la neutralidad. Sólo así podrán tener la legitimidad necesaria para corregir actos de campaña indebidos y ser mediadores de las tensiones que puedan surgir entre los diversos equipos de campaña.

La segunda consideración es recordar a candidatos, promotores de voto y a todo el electorado que entre las características de una buena universidad está ir siempre a la vanguardia, no sólo en cuanto a métodos de estudio o avances científicos, sino también en lo que respecta al comportamiento ciudadano. La Universidad debe ser ejemplo de civilidad, decoro y óptimas prácticas políticas. Un instituto de educación superior debe enseñar a sus estudiantes que la buena política es posible, que ésta se hace con base en ideas y propuestas. Y con ello poco a poco ir modificando las malas prácticas que para obtener el poder se viven en nuestra sociedad. Los universitarios no debemos copiar las marrullerías del exterior, sino ser ejemplos de cómo se debe hacer las cosas.

Propongo estas ideas con la finalidad de iniciar un debate sobre el tipo de proceso electoral deseado. Lo que se juega es algo de más trascendencia. No olvidemos que educamos a las nuevas generaciones y éstas se deben llevar el recuerdo de que, en su universidad, las contiendas electorales eran ejemplos de civilidad. Con esto no hacemos nada extraordinario, sólo cumplir con nuestro lema: “Educo en la verdad y en el honor”.

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