Opinión

La crisis del erotismo

Jicotes

Por: Edmundo González Llaca

Como una prueba más de que el sexo se vive definitivamente mal, está la nueva experiencia del cibersexo.

Ahora resulta que ya no te debes de preocupar por el cuerpo o el carácter de tu pareja sino de contar con una computadora potente y un buen servicio de internet. Con estos instrumentos electrónicos puedes tener toda suerte de relaciones sexuales y todo tipo de parejas para escoger. El placebo sexual virtual es frío, sin feromonas ni contagios; desplaza aceleradamente al real, concreto, en vivo y a todo color, olor y sudor. El sexo ha pasado de la conquista al consumo; del contacto al aislamiento; del encuentro a la soledad. En la eterna guerra de los sexos se ha impuesto la comodona paz y asepsia que ofrecen las máquinas y la electrónica. La crisis del sexo es la crisis del erotismo, el ciberespacio tiene tres «P» que lo invaden: Promiscuo, Pornográfico, Pederasta.

La crisis de la educación

Tanto el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), coinciden en los resultados de sus encuestas: en los diversos niveles educativos existe un rechazo masivo a la escuela. La estadística es dramática, menos del diez por ciento de los alumnos estudia por gusto. En la transición de secundaria a educación superior se pierde el cuarenta por ciento de la matrícula. Las autoridades atribuyen la deserción escolar a la falta de recursos, pero se niegan ver cara a cara que los métodos pedagógicos tampoco hacen atractiva la escuela; los alumnos no están contentos en las aulas; se aburren y no hay nada más cercano a la muerte que el aburrimiento y nada más contrario a la juventud, que es vida. Al dejar la escuela, los jóvenes optan por dedicarse a la vagancia, al consumo de drogas y al alcohol.


La crisis del arte de gobernar

Las relaciones de poder han cambiado, son reflejo de una estructura de comunicación y tecnológica que nos invade y donde todo es instantáneo y fugaz. Esta dinámica se desplaza al arte de gobernar en el que las respuestas a las necesidades de la gente deben ser continuas. Si la sociedad vive al día sus expectativas deben ser satisfechas a la misma velocidad. Las metidas de pata de Francisco Domínguez con la UAQ y la de Marcos Aguilar con la basura, se originan en que no terminan de reconocer que todo acto de autoridad es puesto en duda; que no son suficientes ni el respeto a la ley ni el consentimiento de las fuerzas institucionales, sino que es necesario salir a la calle, convencer a los grupos y a los líderes sociales. El arte de gobernar ya no es el arte de la decisión autoritaria, ahora es el arte de la inmediatez, el diálogo y de la negociación cotidiana y permanente.

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